jueves, 22 de diciembre de 2011

artimaña

'... evito a propósito la evocación de aquella época, porque me la represento como cargada de entusiasmo y frenesí, de alegría del presente y ansiedad del porvenir, y ello me induce a una profunda melancolía. No a la nostalgia, porque, por principio, descreo de la nostalgia. La nostalgia es una artimaña de la desdicha: desacredita el presente falsificando el pasado para simular que hubo alguna vez un tiempo feliz.'

(G. Hidalgo Bayal, en Conversación, Tusquets, 2011)

domingo, 18 de diciembre de 2011

pusilánimes

Hablamos, sin saber del todo si discutimos. Débiles y pusilánimes, me dice. Eso es lo que habéis sido, incapaces de hacer lo que debía hacerse. Y por eso la gente ha dejado de votaros y ya no confía en vosotros. Con razón, me dice.

Me duele sobre todo constatar que hoy son aún más débiles, mucho más débiles, los que no tienen más capital que su trabajo, y más fuertes los que nunca han dejado de serlo porque con el poder de su capital se saben apropiar de las rentas del trabajo. Esto no me lo dice, creo que por no ahondar más en el escarnio. Lo pienso yo, como a la antigua usanza.

Una cosa más, añade. Si sois los esforzados de la igualdad (más la libertad, cierto, no me lo recuerdes otra vez, me dice, por favor), la distancia que crece entre unos y otros, la desigualdad que se va agrandando más y más, es la certificación de vuestro fracaso.

Y fue ahí cuando se echó a llorar.

sábado, 10 de diciembre de 2011

11D



Salieron el 13 de febrero. Más de un millón de mujeres. Ahora vuelven, porque se siguen preguntado: ´Si no las mujeres, ¿quién?´.
Una carta llena de ideas y de razones. Y de belleza.

viernes, 9 de diciembre de 2011

infinito

'Conocer el cuerpo de una mujer es una tarea tan lenta y tan encomiable como aprender una lengua muerta. Cada noche se añade una nueva comarca a nuestro placer y un nuevo signo a nuestro ya cuantioso vocabulario. Pero siempre quedarán misterios por desvelar. El cuerpo de una mujer, todo cuerpo humano, es por definición infinito. Uno empieza por tener acceso a la mano, ese apéndice utilitario, instrumental del cuerpo, siempre descubierto, siempre dispuesto a entregarse a no importa quién, que trafica con toda suerte de objetos y ha adquirido, a fuerza de sociabilidad, un carácter casi impersonal y anodino, como el del funcionario o portero del palacio humano. Pero es lo que primero se conoce: cada dedo se va individualizando, adquiere un nombre de familia, y luego cada uña, cada vena, cada arruga, cada imperceptible lunar. Además no es solo la mano la que conoce la mano: también los labios conocen la mano y entonces se añade un sabor, un olor, una consistencia, una temperatura, un grado de suavidad o de aspereza, una comestibilidad. Hay manos que se devoran como el ala de un pájaro; otras se atracan en la garganta como un eterno cadalso. ¿Y qué decir del brazo, del hombro, del seno, del muslo, de…? Apollinaire habla de las Siete Puertas del cuerpo de una mujer. Apreciación arbitraria. El cuerpo de una mujer no tiene puertas, como el mar.'

(Julio Ramón Ribeyro, en Prosas apátridas)

jueves, 8 de diciembre de 2011

giufà

Giufà, que es librería y café, cierre a medianoche los domingos y los lunes. Los demás días, dos horas más tarde. Hoy (bueno, ayer, víspera de fiesta) la cita era a las nueve y media -las 21:30 del decir ferroviario- y los escritores dos: Patricio Pron, argentino de los de pasar hambre en Roma, y Emiliano Monge, mejicano que confiesa que -salvo en ésta- en sus otras visitas ha estado siempre enfermo.
En la mesa, de bar, además de los autores, Lorenzo Ribaldi, que nos ha convocado allí para hablar de literatura y libros (él los hace, hermosos a la vista y al tacto -y honestos-, con su editorial, La Nuova Frontiera) y Chiara Muzzi, la mujer que ha traducido 'del español de México' al italiano Morire di memoria y hace esta noche del oficio de traductora un espectáculo fascinante.
Hablan -¿inevitable?- del boom, esa literatura 'escrita para extranjeros' que, al parecer, aparejó la injusticia sobrevenida de silenciar y dejar en el olvido a otros muchos buenos autores que escribían de otra manera, de esa sin pretensiones de ser la voz de una supuesta identidad latinoamericana.
Hablan y coinciden, y yo con ellos, de que toda literatura es afán de universalidad, de trascendencia de lo particular y local. Y Monge cita a Sócrates, el jugador de fútbol recién ido -que no están la noche ni los tiempos para otras filosofías-. 'No se juega para ganar, sino para ser recordados'.
Opiniones aparte, amena su charla y entretenida, ocurrente el argentino, más austero el mejicano. Y recuerdos y citas. Di Benedetto, Julio Ramón, Zambra y Palacios, García Márquez y Vargas Llosa, Felisberto Hernández. Rulfo. Y Walsh, la literatura con ética.

Para recuerdos la noche. Y veo en la lejanía mi primera edición de Cien años de soledad, reescrita a mano, la portada repegada, aquellos tipos tan desparejos... Y La ciudad y los perros. O Rayuela. No podrán saber nunca los que opinan así del 'boom' (otra categoría más, añadida y postiza, posterior, casi póstuma) lo que el boom supuso de nuevo, de fresco, de gozo y fantasía, en aquella España que apenas si despegaba de los sesenta. Del gozo de leer.
Monge me replica que por entonces ya escribía Benet. Sí, claro, y Gonzalo Torrente Ballester (qué maravilla, su Saga-fuga..., me digo), y a Marsé la censura le prohibía Si te dicen que caí, publicada íntegra en México... Para acabar hablando de las elecciones y de un aspirante a Presidente -de allí, que del de aquí (qué lío, nadie entienda que me refiero al país que no es) no sabemos tampoco cómo va de lecturas- incapaz de recordar tres libros que le hayan dejado poso.
Pron se entretiene con la socióloga que lee a Coelho, y apenas si alcanzo a saludarlo. Unas palabras, pocas, para decirle que cuando leí sus relatos -los de El mundo sin las personas..., que me gustaron mucho, muy bien escritos, distintos- sentí ese mismo frío de la mujer que quiere ir a ver el pasar de los barcos por el canal.

Tan distintos, sí. No en balde han pasado más de cuarenta años desde que se nos contara que el padre del coronel Aureliano Buendía lo había llevado, una tarde remota, a conocer el hielo.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

po

Competencias básicas
                  
                     De humo blanco y gris
                                  como la niebla
que nace abajo desde el río.  Así
la humedad del hondo de mis huesos.
Fríos, cansados, yertos.
Ateridos.

     Desde el Po crecido de avenidas
-‘ordo populusque taurinus ob…’-
hasta los mares secos de Castilla
    [el tajo profundo y venerable,
     vertical]
hacia allá la nostalgia del deseo.
Que no distingue ya si añoranza de lo ido
o tal vez
anticipo y cercanía, saudade,
de lo que está -¿quién sabe?- por venir.

(MGB, en Paisajes de diciembre)

domingo, 4 de diciembre de 2011

ivrea

Mujer delgada

Me he tragado la tierra y la he colocado
en mi vientre.
Me he tragado la luna y la he situado
en mi garganta.
¿Y me pides que sea delgada?
Soy la madre del mundo.
Pon tus manos en mis caderas
y siente la fuerza de Dios.

(Carmen Penim, en Cambio versos por champán, Torremozas, 2010)

lunes, 28 de noviembre de 2011

villa

Villa Lazzaroni como un refugio al sol en este suave y cálido fin de noviembre. Entre tejos y olivos, un viejo almendro. Abetos, pinos y árboles exóticos (¿capricho de nuevos ricos?), laureles y palmeras. El césped, de un verde intenso. Como los pájaros, que dan un toque frívolo y ruidoso a la serenidad de la tarde.
Madres con niños, alguna abuela. La joven que ofrece su espalda desnuda a la caricia del sol. Un padre que le enseña satisfecho a su hijo el olor y el nombre de la salvia.

En una pequeña lápida, a la entrada, se informa de que hubo allí -la hay- una escuela elemental y materna. Buen lugar, tranquilo y sosegado, para el oficio de maestro. O de maestra.

viernes, 25 de noviembre de 2011

 
(Cristina Comencini, Non chiamarlo amore) 
más 

títeres

Algo más que palabras

Tú y yo
tuvimos algo más que palabras.
Alguna vez llegamos a las manos,
e incluso a los besos.
Mas la vida escogió oficio de comediante
entre nosotros
y amablemente siguió con sus títeres
hacia otra parte.

Lejos ya de cualquier tristeza,
contemplo con ternura
esta lección que hoy me brinda el tiempo:
la desposesión en sentido absoluto.

Porque sé que ya no son mías
las noches que pasé en tus manos,
ni las manos en que ahora pasas tus noches.

(José Gutiérrez Román, Los pies del horizonte)

jueves, 24 de noviembre de 2011

engels

Galaxia Zambrano y Engels Gómez son músicos de la Orquesta Sinfónica de Venezuela Simón Bolívar. Ella toca el arpa, él la flauta. Y los concierta Gustavo Dudamel, un joven de treinta años que parece un igual. Entre todos me hicieron ese regalo especial que a veces llega después de los regalos.
Dudamel es capaz de recoger el sonido en el extremo de su batuta y darle orden. De ensancharlo, de hacerlo crecer, de adormecerlo hasta casi apagarlo. Consigue que salte y ría, que se vista de baile y exalte de alegría. Que se serene y se ponga a veces, de tan quieto, cabizbajo. Para, sin tregua, alargarse y volver a danzar ágil y vivo por toda la escena. El sonido que hacen crecer, casi carnal, con sus cuerpos y con sus almas, los jóvenes músicos bolivarianos. Denso, como que se pudiera tocar. Y tenue, como el cristal de esa nota casi imposible.
Me vine con una de esas que bautizó como giacca de la fortuna una de las asistentes al concierto. De amarillo, rojo y azul. De Venezuela.

lunes, 21 de noviembre de 2011

eppure

En las derrotas, como en las victorias. Con la democracia y con la gente.
Enteros. También humildes.

domingo, 20 de noviembre de 2011

elección

Nos salvará quizás
la lluvia clara y fuerte en aquel bar
frente a la iglesia
donde nunca entramos,
ese de nombre afrancesado
y chic.
La memoria de aquel otro tal vez,
esquina, iglesia en sombra y soliluz,
plaza sin bar
al sur donde esperarte
amor
por los siglos de los siglos.

(MGB, Sin título)

sábado, 19 de noviembre de 2011

silencio

Cine mudo

No es que le falte
el sonido,
es que tiene
el silencio.

(Fina García Marruz)

jueves, 10 de noviembre de 2011

martes, 8 de noviembre de 2011

eco

Dicen que ha muerto.
En el recuerdo, la alegría infinita de las ganas de vivir y el amor, la ofrenda de sus sonetos votivos.

Souvenir

A solas en mi cuarto
Busco en la oscuridad
Un eco de tu nombre
Estoy de pie desnudo
Camino y siento esto
Adentrarme desnudo en una sombra
Acogedora y ávida y a eso
Yo lo he llamado siempre con tu nombre.

Tomás Segovia, Poesía (1943-1997)

lunes, 7 de noviembre de 2011

don

Sorprendido y regalado: así me siento. Fernando es hombre paciente y sonrisa, inquieto, pausado de mirada, elegante en el decir. Sabio del don, y amigo que no necesita de muchos encuentros, sobre todo si intensos. Capaz de entrar en tus ojos.
Sólo así es posible sentir y recordar, y escribir estos poemas. Sólo así pensar en su homenaje.
Gracias.


Sentado

II  
                                                                     A Raúl y Luismi

He recorrido los pueblos,
las tierras, las ciudades,
habitado los templos
(pequeñas, grandes mezquitas,
iglesias humildes, catedrales,
cuevas con luna, incendiadas
pagodas, basílicas y ermitas,
claustros, pórticos soleados,
colegiatas, conventos, mil capillas,
la sinagoga donde un sábado
al entrar en tus ojos
me diste el amor
que durante toda la semana
para ofrendárselo a Dios
tan primorosamente habías guardado,
monasterios sin memoria,
catacumbas con altares,
ancestrales santuarios)
en los que he aprendido
que todo lugar
–la sombra del árbol sobre la piedra
en la que para escribir me he sentado—
es sagrado:
la piedra,
el árbol y su sombra,
yo mismo, escribir.
Caminar, sentirme así.
(El recuerdo de tus ojos).
Estar sentado.
Fernando Nombela

(En la Gran Mezquita Hassan II de Casablanca, mayo de 2010)
Aquí los siete poemas.


viernes, 4 de noviembre de 2011

demos

Después de España, hoy pienso en Grecia. Allí -me lo dijeron siempre, y así lo enseño yo- donde nació la democracia.
Ya sabéis, donde el poder es el pueblo.

sábado, 22 de octubre de 2011

gaur larunbata da

Sábado. Como si fuera de gloria.
Hoy pasearán libres por los parques. Irán al cine, o a bailar. Jugarán con sus hijos. Podrán besar tranquilas a sus novios. Pedirán un café sin tener que mirar de reojo. Subirán al coche sin la humillación, y se irán de compras. No tendrán que mirar por la ventana, si no quieren, antes de salir de casa. Y les darán el día libre, hoy y todos los demás, a sus escoltas.
Una vida normal.
Hoy es sábado. Gaur Larunbata da.
Un sábado normal. Como de gloria. 



MAITIA NUN ZIRA

¿Dónde estás, amada mía? No te veo, ni tengo noticias tuyas,
¿dónde te has perdido? ¿Acaso ha cambiado tu designio?
Me dijiste, una y otra vez que eras mía.

Soy la de siempre, no he cambiado, mi corazón decidió amarte a ti.
Un padre celoso ha provocado esto.
Él me priva de verte y hablar contigo.

Padre celoso, mandas a tu hija, como si huyese de mí, a ese convento.
De todos modos no ingresará monja. Mantenemos nuestra palabra,
nos hemos prometido, es la pura verdad.

Ven a verme cabalgando en tu caballo, ven a consolarme,
a escondidas de mi padre. Tengo cumplidos veinticuatro años,
dentro de otro más, ya no tendré que preocuparme de mi padre.

A todas las hijas les digo: "fijaros en mí, haced lo que yo os digo.
Mientras son jóvenes, la disciplina es buena!
Cuando sean mayores, será tarde entonces; bien que lo sé".

jueves, 20 de octubre de 2011

final

ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada.

Lo leo y no sé qué decir. Respirar. Alivio. Adiós. Nunca más.
Y ahora, mirar hacia adelante y decir 'Gracias'. A los que sufrieron tanto. A los que tanto trabajaron para que llegara el final.
A todos los honestos.

toledo

Me manda Juanjo la invitación. Y con ella me llega un subidón de nostalgia y de impotencia. Y también -¿por qué negarlo?- un punto de indignación y cabreo. Los amigos, esos con los que no podré estar hoy para celebrar la palabra y los recuerdos, saben por qué.
No estaré allí con vosotros para poder mirar juntos el presente de lo que (se) fue. Pero estaré pronto, así lo espero, en la lectura de esta que el autor me describió como una novela de amores difíciles y duros en un Toledo (¿y por qué no una Toledo?) duro y difícil.
Difíciles y duros como piedras los tiempos en que, después de una guerra con vencidos, los vencedores se aprestan a cobrarse el botín de su victoria. No importa cómo, ni en quién, ni a qué precio.
Luis me lo contaba con rabia y -contra su costumbre- sin distancia.

Y en la distancia me sumo al homenaje que le tributa al autor su Ayuntamiento. Razones, las hay de sobra. Aunque yo me quede sin saber la razón por la que su teléfono -solo silencio- se empeña en no abandonar mi agenda.

La cita es a las siete de la tarde. En Toledo.

J&H

No se puede huir de la culpa,
ni aunque uno sea inocente.
Es la venganza de Dios.

Las notas de La Internacional comienzan a sonar tan solo unos segundos antes que los aplausos, y me doy cuenta por un momento del tiempo que hace ya que ni las oigo ni -sobre todo- las canto. La sala (la sala Gassman) es pequeña, muy pequeña, y somos doce los espectadores que la llenamos, hombres la mitad y la otra mitad mujeres (puede, que vaya usted a  saber tratándose de lo que se trata), que vivimos en silencio la magia de la palabra y del teatro.
En el escenario, ahí mismo, al lado, dos actores que viven las vidas del doctor J y mister H. Son Walter da Pozzo y Francesco Randazzo. Que ponen en acción y representan 'J&H. Doppelgänger Suite. Variazioni su R.L. Stevenson', escrita por el propio Randazzo.
Lenguaje de la palabra y lenguaje de los cuerpos, vestuario austero en gris, una silla de ruedas y un libro -de poesía, editorial Cátedra, azar?-, un moderno PC -un computer, que dicen en ese italiano atravesado de anglicismos, que no el viejo y glorioso partido aggiornato- y una botella, y poco más: unos pasos de baile, un par de canciones. Les basta así, y puede que les sobre, para poner en pie -allí, sí, en esa sala diminuta y oscura- el drama de la identidad hecha añicos, del yo desdoblado y retorcido ('io sono te') que salta por los aires, de la pugna entre la honorabilidad ('ho una certa reputazione, una ottima reputazione... ottima') y el deseo que no se somete a reglas, senza barriere. Para tejer un diálogo vivo y ágil que adelgaza hasta hacerlas desaparecer las fronteras -si es que alguna vez las hubo- entre el mal y el bien. Donde toda certeza es duda.
Les basta para, en un par de minutos, dibujar el perfil exacto de la obscenidad de la política y del poder que  tan de cerca sufren: 'Volevo questo: Potere e impunità. Più grande è il potere,  più grande l`impunità'. Del poder que genera adicción, como la de las pastillas de las que no se puede desprender el doctor J. Las que le suministra su otro/su mismo yo: mister H.
Les basta, y hasta les sobra, a estos dos actores extraordinarios, impecable su dicción, de gesto exacto.

Y al salir, había llovido en via de' Filippini. En el número 17/a está el Teatro dell'Orologio.

Walter promete hacerme llegar el texto. Y yo llenar con su lectura los vacíos -no muchos, por fortuna- que deja una lengua a la que tanto amo.

Retengo un dato: la asociación cultural que promueve el espectáculo tiene por nombre 'Gli Ostinati'.

lunes, 17 de octubre de 2011

jamás

Tu lejano corazón

No me siento seguro
en ninguna parte.
La aventura no termina.
Tus ojos brillan en todos los rincones.
No me siento seguro
en las palabras
ni en el dinero
ni en los espejos.
La aventura no termina jamás
y tus ojos me buscan.

(Roberto Bolaño, de La Universidad desconocida)

jueves, 13 de octubre de 2011

reclamo

Una forma elegante de vender o alquilar casas, pisos o apartamentos. No he visto otra que más me pueda atraer.
Razón: en via Giulia. Para no perderse.
Como en Pablo.








En la noche entraremos
a robar
una rama florida.

Pasaremos el muro,
en las tinieblas del jardín ajeno,
dos sombras en la sombra.

Aún no se fue el invierno,
y el manzano aparece
convertido de pronto
en cascadas de estrellas olorosas.

En la noche entraremos
hasta su tembloroso firmamento,
y tus pequeñas manos y las mías,
robarán las estrellas.

Y sigilosamente,
a nuestra casa,
en la noche y en la sombra,
entrará con tus pasos
el silencioso paso del perfume
y con pies estrellados
el cuerpo claro de la Primavera.

(Pablo Neruda, La rama robada, en Los versos del capitán)

domingo, 2 de octubre de 2011

de la fascinante alquimia de los colorantes

AK y su hija Sarah. Foto de D. Mordzinski
  "Jamás he querido ver a la gente que salvé, me limité a cumplir un deber. Yo era judío y estaba condenado de todas maneras. No arriesgaba nada. El peligro era para los niños. Algunos dicen que fueron 14.000, pero quizá fueron muchos menos, es imposible saberlo. Cada día llegaban a Drancy los autobuses llenos, y cuando juntaban una lista de mil menores, los metían en los convoyes que iban a los campos de la muerte. Hacía falta trabajar deprisa y dormir lo menos posible. En una hora fabricaba 30 documentos limpios, así que si dormía una hora, morían 30 niños".

(Adolfo Kaminsky)

para leerlo todo, aquí.

viernes, 30 de septiembre de 2011

bravissime2



Amarti m'affatica
mi svuota dentro
Qualcosa che assomiglia
a ridere nel pianto
Amarti m'affatica
mi da' malinconia
Che vuoi farci
è la vita
E' la vita, la mia
Amami ancora
fallo dolcemente
Un anno un mese un'ora
perdutamente
Amarti mi consola
le notti bianche
Qualcosa che riempie
vecchie storie fumanti
Amarti mi consola
mi da' allegria
Che vuoi farci
è la vita
E' la vita, la mia
Amami ancora
fallo dolcemente
Un anno un mese un'ora
perdutamente
Amami ancora
fallo dolcemente
Solo per un'ora
perdutamente

jueves, 29 de septiembre de 2011

bravissime

in piazza

Hoy salen de nuevo a la calle (a la plaza, la bellísima plaza del Pantheon) a defender la democracia. Lo decía hace algo más de un año Roberto Saviano, el escritor que no puede vivir libre por haber hecho un ejercicio de libertad: el de escribir, el de contar lo que sucede.
Entonces lo lograron. Pararon a los que querían imponer la regla del silencio.

Hoy, un año después, salen a contestar el nuevo intento de silenciar la información. Salen porque quieren  impedir que el interés de uno solo se convierta en el envilecimiento de todos, de todo un país. De un gran país.
Marchan contra el renovado intento de un poder que sabe que 'el lector, el espectador, cuando comprende lo que está ocurriendo, se convierte en ciudadano, es decir, quiere estar informado'.


Gigi Proietti

lunes, 26 de septiembre de 2011

sin sombra

Monólogo final

La oscuridad tiene tu olor,
mi olor,
y ese otro perfume
que nace de la piel
cuando se juntan nuestros cuerpos.

Cierra los ojos.
Toca mi cara. 
Tus dedos borrarán la sombra,
no importa que sea de noche,
no importa que desconozcas
el rostro que tendré al amanecer.
Cada segundo puede ser toda la vida.

Mañana mi piel estará seca,
o deshecha en el aire
o será un verde germinal, un rojo efímero;
pero ahora las yemas de tus dedos
tienen toda la luz.

Perdono al porvenir.

Las trampas que he tendido
tienen la misma inocencia
del juego de la alquimia.
Para el hombre no existe otro destino
que el manantial inédito.

Toca mi rostro,
sálvalo en la memoria de tus manos.

(Waldo Leyva)

domingo, 25 de septiembre de 2011

onda

la foto, de Calata
                         Así.
Como una humilde
y terca ola
que avanza y se retira
paciente
infinita
inagotable.
Así tu amor, decías.
Así tu olvido.

 (MGB, en Tres piezas breves)


sábado, 24 de septiembre de 2011

bronce

Dejo de leer, y las noticias de la prensa me traen de nuevo el eco de fragmentos, ya casi olvidados, de cartas y doctrinas que parecen en desuso, como caídas en desgracia entre quienes se presentan como sus máximos valedores: 'Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe...'.


Se llama Purificación Flores. Tiene 59 años y cinco nietos.

viernes, 23 de septiembre de 2011

municipal

'... El frío suavizaba el olor de los animales, y el sol iluminaba la inutilidad de todo aquello. Lamentamos haber gastado el dinero en las entradas. Después de todo, los animales, simplemente, se parecían a sus nombres: tigres, leones, pingüinos, elefantes, ni más, ni menos. Pasamos una hora más entretenida al sol, hablando y tomando té, los únicos clientes en un enorme café de una infinita tristeza municipal.'

(Ian McEwan, Dos fragmentos: 199..., en Entre las sábanas, traducción de Federico Corriente)

jueves, 22 de septiembre de 2011

ovunque

TODOS LOS CAMINOS LLEVAN A ROMA

                       Esta vida es un valle de lágrimas.

Y tú que no,
que hay palabras hermosas
y canciones y perros y niños.
Que este mundo tiene una sonrisa
por alguna parte.
Y para buscarla te vuelcas
en la noche y la boca
del lobo
te sabe a metal.

Y entonces resulta
que vives porque estás llorando.

(Sofía Castañón, de Aplicaciones de la teoría perturbacional)

lunes, 19 de septiembre de 2011

llum

Hay una cierta pereza en la luz.
Tal que me hablara de un tiempo lento, casi detenido.
Que no es fatiga ni cansancio, sino un estar regalado y quieto, como en reposo.

¿Tendrá memoria la luz?. ¿Y sabiduría?

jueves, 15 de septiembre de 2011

.it

Anche tu sei l'amore.
Sei di sangue e di terra
come gli altri. Cammini
come chi non si stacca
dalla porta di casa.
Guardi come chi attende
e non vede. Sei terra
che dolora e che tace.
Hai sussulti e stanchezze,
hai parole - cammini
in attesa. L'amore
é il tuo sangue - non altro.

(Cesare Pavese,
23 de junio de 1946)


miércoles, 14 de septiembre de 2011

hinojo

En tu propia mano me diste de comer
-como a los pájaros-
pan y queso con aroma de hinojo, anís, matalahúva.
Acercaste el cáliz a mi boca
y yo lo recibí como si un hambre inmortal me delatara.
Estrené falda nueva, zapatos de tacón, trenzas de oro.
Y luego fui al olvido.

(Pero siempre lo supe:

que nada amaba tanto
y que no habría camino más largo
que el de quererte a solas.)

(Elsa López, de Cementerio de elefantes, 1992)

miércoles, 7 de septiembre de 2011

decidido

Será el sur. Con mar, y quizás también el viento.
Tres elementos: aire y agua, y la tierra.
No quiero más.

Mejor arder sin fuego.

domingo, 4 de septiembre de 2011

refugio

No es más que una casa
clavada en el suburbio.
Una casa con su techo sus paredes
sus ventanas y sus puertas. Su historia.

Por ella me muevo segura
y la conozco tanto como a mi cuerpo.
¡A nadie se le ocurre
contar cuántos dedos tiene!
Así, no cuento cuántas cosas tengo en esta casa
pero tengo lo que necesito.
Preparo mi café, cocino mi comida
y mi lugar ante la mesa es siempre el mismo.

Si estoy contenta me siento en el patio
y me contagio de la frescura de las plantas.
Si estoy triste ordeno hasta que la tristeza es soportable.

La casa nunca está muy desordenada
y no paso demasiado tiempo en el patio
por lo que creo que la vida
me es al fin
benévola.
De noche duermo con la ventana abierta
en una cama grande y mullida
consciente de que el planeta gira de oeste a este
y a una velocidad increíble.

(Estela Figueroa, Máscaras sueltas. A capella, Universidad Nacional del Litorial, Santa Fe, 2009)

Gracias a E.G. por la pista.

logos

'... En realidad, todo se reduce a la emoción y al deseo, a la palabra, el dabar de la Biblia hebrea, el logos de los griegos, o dicho de otro modo, el amor por cuanto vive'.

(Harold Bloom, en EL PAÍS de hoy. Entrevista de E. Lago)

viernes, 2 de septiembre de 2011

de vuelta

Hoy (ayer ya) también yo he querido volver al Instituto. Como tantos y tantas de los que nos hemos acompañado estos años en la tarea de hacer -o de intentarlo, al menos- de los sueños verdad. Y de la educación herramienta y base de la igualdad: de todas, de todos.
Hoy he querido volver con todos ellos. Digamos, por decirlo con quien  a todos nos abraza, que con Pepe, consejero yo ahora de otros consejos. Y con Jacinto: apoyo, sostén y empuje siempre.
He querido volver, y he recibido, una a una, a las maestras y a los profesores que se incorporan -también aquí- a la tarea de educar. Que es, digámoslo una vez más, la más hermosa de cuantas puedan inventarse.
He recorrido después, uno a uno, los rincones de este centro tan especial, y he visitado las aulas, también una a una. Con una emoción especial al ver los rincones de las de infantil, vacíos todavía hoy de las sonrisas y de la ternura que las llenarán a rebosar en unos días. Porque en los ojos de la maestra que ponía de nuevo todo en orden he querido ver otros ojos, otra pasión, otra ternura: la que se multiplica casi al infinito en las escuelas, en todas, del mundo entero.
Aunque era mi primera vez, he vuelto al Instituto. Es especial, sí, este Liceo Cervantes. Porque a tan solo unos metros y mirando bien podrías ver la estela de la melena blanca de Rafael, que tan cerca vivió su exilio romano. Porque desde el laboratorio -que me enseña, orgullosa, la profe de física y química- puedes abarcar con la vista el inmenso cielo quieto que protege a la ciudad que con razón dicen eterna.

Ha sido un volver de recuerdos sin añoranza (que sólo nos está permitida -ya sabéis- la añoranza del futuro). Un volver con un punto de tristeza, que allí en la tierra comienzan a desandar lo que tanto y tanto esfuerzo nos costó a todos construir. A desandar sin complejos.
Y me viene a la cabeza, terco, el estribillo de aquella canción-homenaje. ¿Y qué dirán ahora los que ayer te cubrían de lodo?

Carlo, il geometra, me enseña, me cuenta, me explica, me propone, me ilustra, se preocupa, ironza. Su saber es memoria de este rincón soberbio de España fuera de España que tan bien conoce y tanto -salta a la vista- ama. Que en tiempos fue lugar hacendoso de molinos y batanes y ahora sigue siendo montaña de agua.

Estoy, sí, de vuelta.

jueves, 1 de septiembre de 2011

1978-2011

Los españoles pactamos vivir juntos y libres, en paz. Caminar por la senda de una Constitución que consagra como derechos, entre otros, el derecho a la educación, al trabajo y a disfrutar de una vivienda digna. La misma que dice -todavía- que 'toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general'.
Se trataba de empezar una nueva vida. Por ella habían perdido muchos la suya.
Se trataba de darnos una oportunidad mirando al futuro. Lo hacía la Nación española en uso de su soberanía.

Hoy me dicen que hay que mandar un mensaje -¿otro más?- a los mercados. Y que se trata de la Constitución, la de 1978, la nuestra. Porque ellos, los mercados sin nombre ni patria, son ahora los soberanos.
Aunque no sé si les ha preguntado alguien a qué se comprometen ellos a cambio ¿O ya nos mandarán algún mensaje?

Muchos de nosotros, los de entonces, llamamos a votar y votamos SÍ. Orgullosos y esperanzados. Hoy, si me dejaran votar, diría NO.
Cosas de la edad, seguro, que los años -cuentan- vuelven a uno conservador.

martes, 30 de agosto de 2011

temblor

El entrañable hombre de regalos los quiere hacer por pares. Y si el otro día fueron unos jardines ajenos, al siguiente -y con la imagen escrita de unas calles fatigadas- son estos versos de Alberti, que tanto las amó.
Las gracias, Fernando.

Lo que dejé por tí

Dejé por ti mis bosques, mi perdida
arboleda, mis perros desvelados,
mis capitales años desterrados
hasta casi el invierno de la vida.

Dejé un temblor, dejé una sacudida,
un resplandor de fuegos no apagados,
dejé mi sombra en los desesperados
ojos sangrantes de la despedida.

Dejé palomas tristes junto a un río,
caballos sobre el sol de las arenas,
dejé de oler la mar, dejé de verte.

Dejé por ti todo lo que era mío.
Dame tú, Roma, a cambio de mis penas,
tanto como dejé para tenerte.

(Rafael AlbertiRoma, peligro para caminantes. México, Joaquín Mortiz, 1968)

domingo, 28 de agosto de 2011

en gris

Con tonos grises, como los de aquellos años de frío y plomo, podría ser una escena de mi Madrid del 71, del 72, del 73... de aquella que llamamos Ciudad Universitaria. De cuando creíamos que los petardos asustarían a unos caballos cuyo entrenamiento -como tantas otras cosas- tan mal conocíamos. De cuando aquella frágil amiga, novelista años después y entonces dirigente estudiantil, fue levantada por un guardia a caballo y llevada en vilo tirando de su larga cabellera. De cuando se trataba de la democracia, de la Constitución, de la libertad. De las libertades.

Pero no se trata de Madrid. Ni de un siglo que ya pasó. Se trata de Santiago de Chile, de obreros y estudiantes que quieren borrar su particular atado y bien atado. De un día como el de antesdeayer. De La Alameda, quizás.

Ella, Camila Vallejo, estudiante de geografía, presidenta de la Federación de estudiantes universitarios de Chile.

Que nadie ya nunca más pueda violentar ninguna joven cabellera.

sábado, 27 de agosto de 2011

piezas

Prevención. Anoche, paseando casi donde el azar me quisiera llevar, me encuentré con el periodista lúcido que fue capaz de plantar cara a los terroristas con la mejor -¿la única?- de sus armas, la palabra. Hace unas semanas lo vi en Madrid, y entonces no quise saludarle: entiendo el agobio que debe sentir y respeto su derecho a pasar tranquilo como cualquiera. Pero ahora, y aquí, no lo dudo y le digo mi felicitación.
Me dice el periodista que está de fin de semana, y pregunta qué de mi. Se lo digo, se alegra y me previene.  Afable, se despide. Parece que se encamina a la escalinata que más recuerda a España.

Prima. De primera, y de antes de. De B. Bertolucci -repasaré despacio su cine- me quedó aquella Prima della rivoluzione, un tiempo que se quedó quieto para siempre, y hoy sigue siendo -como ayer- un tiempo antes. Más: el tiempo que anuncia el aguacero que se llevará por delante los logros todos de todas las revoluciones. ¿Será tiempo entonces para volver a empezar?
Bertolucci comenzó siendo ayudante de P.P. Passolini -tres grandes piezas-, y ya nos advirtió de que los pobres muoiono prima. Es decir, que mueren antes.

Pero son, en estos días, muchas más las primeras de primera: veces, cosas, palabras, personas, encuentros, recuerdos... Incluso algunos reencuentros que saben a enteramente nuevos, incluso recuerdos de lo no vivido antes, de los que el poeta amigo llamaría los años sin nosotros, tal que el sabor de un gelato perdido en el pasado y que nunca podré saborear. En estas tierras donde sapore y sapere son a veces tan lo mismo.

Pasión. Vida. Descubrimiento: Pietra Montecorvino. Como el calor que sofoca y que invita.
Como la sonrisa del niño*, oferente y algo pícara, tan parecida.



*(para verla es necesario esperar hasta el final)

lunes, 22 de agosto de 2011

cometido

Luego llegaron los grandes vientos
de agosto. Ponte en camino, dijo que le
habían dicho. Como cuando te dicen: ven.
La muerte llega y uno acude
al lugar. Se lleva la presencia
-la liviana presencia de gestos lentos-
ante la otra, fría y que pesa. Animado
pesar de los que viven y pesar
de lo exánime. Que avanzara
ante ti para guiarte, que marchara
tras ti para guardarte, pidieron;
trajeron viático o alimento para
el camino -conciencia, voluntad
e inteligencia, corazón-, para que vayas
y no huyas ante quien te atemorice, porque
aún no sabes cómo serás -raíz
en tierra árida sin figura ni belleza-. Nadie
dirá: quédate con nosotros, que atardece
y el día va ya de caída, nadie
hablará. Es el alba y alza
su camino, abre la ranura
por que salir al mundo sin sueño.

(Olvido García Valdés, de Y estábamos todos vivos)

sábado, 13 de agosto de 2011

ferroviarios

Alcázar de San Juan es -no me quiero resignar al uso de un tiempo pasado, aunque la verdad es que lo fue más antano- un importante nudo ferroviario y de ferroviarios. Muchos de mis amigos, y algunas de mis amigas, lo son, o lo fueron. Y tienen unas hechuras, unos modos y hasta un lenguaje -ay, esa manera de dar la hora- especiales.
El amigo de Rosario que me descubrió el gran Paraná y me invitó a un café en El Cairo, sentados al lado mismo de la mesa de los Galanes para recordar emocionados a los que nunca aparecieron, me habló de la importancia que tuvo el ferrocarril en el desarrollo de una ciudad donde homenajean a Lorca, al Ché y a Gardel. Tanta, que para ilustrarla me contó que los ferroviarios que andaban a la conquista de minas con las que bailar dejaban caer en el salón, como al descuido, su carné profesional para que ellas lo encontraran. Estrategia infalible.
Viene todo esto a cuento de que, tratando de ordenar libros y entresacar los que quiero que vengan conmigo por un tiempo fuera de casa, encuentro entre los de poesía uno que se titula No te enamores del hijo de un ferroviario (Ediciones Vitruvio, colección Plaza Mayor nº 2, 2009), de Javier Peñas Navarro y con ilustraciones de Francesca Cristina.
Calibrad -si podéis- en estos versos si hay razones suficientes para tal desmesura, tan específica y, en mi opinión, injusta.

No te enamores del hijo de un ferroviario,
no vaya a ser poeta, pastor de raíles,
guardabarrera de sueños que lee en su garita,
y la noche te sorprenda surcando Las Landas
en su wagon-lit de tenues lucecillas
que encogen la cintura en los cambios de agujas.
No te enamores, no, que en la vieja Austerlitz
finiquitó una guerra y a ti no te incumben
lides que al auscultar el fragor de los pulsos
trepidan más fuertes que zarcillos de hiedra;
ni te atañen las viñas que dulces aduermen
los ojos: ebriedad de un amor que sólo envejece
por mor de maderas selectas. Que no te esclavice
en su argolla impecable el vino preservado del sol,
por más que en su brindis se afirme que la ínfima luz
es paso a mayor luz, como ocurre en los túneles,
rayo fulminante acogido por un vívido pecho
dispuesto a recibir la candente hendidura.
Hijo de ferroviario: ¿hay acaso algo más peregrino?;
cantan sus ojos las mañanas, el rocío, los postes,
no para en pensiones ni se espeja en los charcos,
nada posee sino su mirada encendida, y un misterio
a nada abonado, de nada pendiente, tan solo
misterio de música como un ladrón de estrellas.
Ay, no, enamorarse del hijo de un ferroviario,
amanecer entre la bruma de gabarras del Sena
y asir, como un órfico abrazo, apretando bien fuerte,
ensoñar otra luz, otra vida injertada en tus labios...
Ah, no. Eso no.

Dos citas dan soberbia compañía, y entrada al libro:

1.  Oh tren
     explorador
     de soledades

  (Pablo Neruda)

2. Potser l´últim encert és -abraçat a tu-
    deixar que tots els trens se´n vagin en la nit.

   (Joan Margarit)

supongamos

Hay que suponer

Supongamos que usted una mañana se despierte,
se siente en el borde de la cama,
se mire el cuerpo,
se estire como un gato
y apretándose el riñón con su índice
diga bueeéh...!
Supongamos que una mañana usted se despierte...
poeta.
Supongamos.
Que deposite una gota de esternón
sublingual,
confine el regreso de un deseo
y frente al ingreso ventanal del sol
se hamaque.
Que levante las cuatro sotas que dejó tiradas anoche,
le recorte los tacones
y al periódico del día lo salpique
con matecocido y porfía.
Que le den ganas de dibujar bocas y zapatillas,
dejar escapar todos los adjetivos por las mirillas,
perseguir en paños menores a la metáfora menor
por toda la casa.
Supongamos que de repente se le aparezca la letra jota
¡minúscula!
y aquella vieja historia de la música
secrete.
Que los sedimentos sedimenten,
los nutrientes refrigeren,
los amores platonicen,
los perdedores ironicen.
Digamos... que a usted no le interese más otra cosa
que la semilla,
el desentono,
quebrar el semen.
Querrá fatigar el suburbio
si devino poesía,
resoplar su potrillo,
destemplar.
Vamos a suponer que sale a la calle en puntas de pié,
que salude cortesmente a una señora con sombrero.
"Buon giorno"
y en vez de una flor le obsequie un soliloquio.
Por un momento, supongamos
que al doblar la esquina del buzón
vienen a su encuentro Alejandra Pizarnik del brazo de
Julio Cortázar,
lo besen como a un viejo cómplice
y se vayan los tres abrazados hasta la última mesa
de un bodegón malhablado
a describir, muertos de risa,
el rechinar de los pecados
que pasan
en fila india... uno a uno...
sin desmudarse.
Piénselo.
Una mañana desatinada usted debería suponer.

Juan Disante
** y su blog. 
*** ilustración de Julíán Matías Roldán 

miércoles, 10 de agosto de 2011

cien mil

Por una enseñanza pública que distribuya las oportunidades. En Chile. Eran 100.000, estudiantes y profesores.
Ojos que lucen nuevos, ojos de asombro y esperanza.

foto Felipe Trueba (EFE)

martes, 9 de agosto de 2011

333

Puse mis manos en su rostro y las retiré heridas por el amor.
Ahora,

el olvido acaricia mis manos.

(Antonio Gamoneda, Arden las pérdidas)

lunes, 8 de agosto de 2011

proms

Una explosión de vida, de emoción, de alegría.
Una declaración de amor y de esperanza.


Danzón nº 2, Londres 2007

'Cuando la Orquesta Simón Bolívar de Venezuela, que hizo el viernes la Segunda sinfonía de Mahler, salió al escenario, había espectadores que durmieron en sacos a las puertas del teatro la noche anterior para conseguir una de las 1.000 entradas a cinco libras que se ponen obligatoriamente a la venta el día del evento.
Las que se vendieron con anticipación, desaparecieron en tres horas el día que pudieron comprarse. Ni que decir tiene que el triunfo de Gustavo Dudamel -el joven director venezolano que tiene debilidad por este festival- fue apoteósico, con 15 minutos de aplausos.'


'Hoy el talento musical ya no llega de Europa exclusivamente: se ha esparcido y engrandecido a los extremos, tanto en Asia como en América del Sur. Cada uno tiene su manera de concebir la música que quiere hacer. No es lo mismo la explosión de solistas en China que la perfecta armonía orquestal conseguida por José Antonio Abreu en Venezuela con un sistema de educación que enseña hoy a 410.000 niños y jóvenes en su país. Pero que estamos ante la mayor generación global de talento joven que ha existido nunca, es un hecho a celebrar y una ventaja que comparte y aprovecha para su programación en la ciudad más cosmopolita del mundo el director de los Proms. "Sí que existe esa inmensa marea de talento en partes inimaginables del mundo hace años", corrobora Wright.'

sábado, 6 de agosto de 2011

destino

La entrada, donde el coche mal aparcado.  

Como las esencias -que según nuestras tías sólo se despachan en frascos pequeños-, la piazza dell´oro es muy pequeña, casi minúscula. Frente a frente, dos edificios. La iglesia imponente, rotunda, y el que, al lado de otro exento que compone una modesta y bellísima manzana (por el otro sur, lean 'cuadra'), alberga los dos pisos que, unidos, alojan las dependencias de mi nuevo trabajo. Mi nuevo destino. Como si el destino se despachara también como en dosis, de a pocos, y el sino no fuera otro que el azar ya previsto.
En la iglesia, me dicen, admiten perros. Me gusta, aunque no sé si es cosa de la tradición o la modernidad, o simplemente del márquetin de la fe católica y romana aggiornata.


El itinerario de vuelta a casa, a pie, exige atravesar el rio -el puente lleva tiempo preparado- y permite la opción de sentirte a la vez protegido y atrapado por la belleza de la gran colomnata aunque la elección obligue a pasar por otro Estado (la otra opción posible sería, aquí, pecado imperdonable: ético y estético).
El destino impone, en cualquiera de las dos opciones, girar a la izquierda si uno no quiere extraviarse y acabar por perderse -y perdido- en el camino.

domingo, 31 de julio de 2011

dos poemas

Futuro imperfecto

Ahora que no queda más luz que tu presencia
en esta costumbre de esperarte siempre
como a escondidas
en este rincón húmedo
de tanta madrugada
viviendo en un reloj
que no se calla;
ahora que la luna se ha cansado
de buscarnos en abrazo y sin normas
-como también yo-
me atrevo a confesarte
que llorar no era un lujo para mí
ni todas estas tardes de diciembre,
tan largas.

Ahora he comprendido que es posible
tu boca sin la mía
y me retiro
antes de que conquistes nuevamente mi espalda
y a mi no me parezca suficiente.

Vuelves al sillón raído de tu casa.
Feliz Navidad.


Signos de puntuación

Después de tanto tiempo
sólo espero que nombres
de otra forma las partes de mi cuerpo
como hacías entonces
contando los lunares de mi espalda
mientras yo,
desnuda de complejos como amada que era,
te hablaba de las líneas de tus manos
o mi presencia en ellas,
de nuestra descendencia
y la vejez unida
en nuestros labios débiles,
irrepetiblemente frágiles,
consumidos.

(María Ruiz Ruiz, de Primera letras, ¿inéditos?)

sábado, 30 de julio de 2011

cifrado

Después de ver escrito B16 o JP2 (antes, lo juro, de la aventura romana), y certificando que U2 fue primero, uno, que fue en su día lector atento de H. Marcuse (Razón y revolución, pongamos por caso, o El hombre unidimensional), comprende bien que 20N (aunque desconozco cómo se llamará técnicamente este modo de cifrado) sea un reclamo atractivo asociado a la fecha de unas -las próximas- elecciones generales que decidirán una parte (importante, sin duda) del devenir de las españolas y de los españoles. Aunque me temo que no con tanto atractivo como la noche aquella que alumbró aquel día, entonces carente de mito. Y que tendrá a partir de ahora una seria competidora, desdoblada ya, o multiplicada, nuestra memoria.
Serán para mi unas elecciones raras, a distancia por primera vez desde aquellas primeras del 15J, iniciáticas para casi todos, toledanas por lo demás.
El 21N, como siempre desde hace ya muchos, cumplo años. Haré por tener el mejor de los regalos.

viernes, 29 de julio de 2011

maría r

María era un recuerdo aparcado en la memoria que revive por mor del trajín de estos días que me lleva a airear carpetas y papeles, a deshacerme de muchos y a volver a guardar otros tantos. Entre los que he vuelto a conservar, los poemas que componían (¿o componen?) el que habría de ser un libro: Primeras letras. O que tal vez es, si es que su autora lo llegó a publicar.
María Ruiz Ruiz, que no sé dónde para, me pidió -me hizo el regalo de pedirme- que escribiera su prólogo. Lo hice, y también está la copia entre los papeles, más bien aprisa. Tanta, que no hay dato ninguno que me permita saber ahora de qué fechas hablo, en qué momento sucedió aquello.
Aquellos poemas me gustaron, tanto como me complacía la presencia, la charla, la energía frágil, la dulzura de María. Que ya citaba entonces, por cierto, a JEgea. Y que hablaba el francés más perfecto de los que he oído a ninguna profesora de francés.
Es cierto. María era un amor. Y ahora ni sé dónde para. Ni si le hice llegar ese prólogo apresurado que comienza con ecos de Italo Calvino, italiano nacido -per caso- en Cuba.
Aquí se lo dejo puesto. Por si el mismo azar la lleva a devolverme esa llamada de teléfono que espero desde hace años. Tantos como tienen esos papeles perdidos y ahora de nuevo recobrados.


Si una mañana cualquiera de verano, o un atardecer declinante del otoño, o al (des)amparo del frío en la noche de invierno, tal vez en primavera un mediodía, abres este libro, verás lector -o lectora- que por entre el caudal de palabras de estas letras primeras asoma restallante de gozo el amor. El amor, que es aquí gozo y placer compartido las más de las veces, impone su presencia rotunda y permanente en cada verso, acompañado también -como si de su necesario reverso se tratara- de un atisbo, tímido en un principio pero igualmente evidente, de duda, de desamor presentido. ¿De temor, quizás?, ¿de añoranza de lo que no está aún perdido?

De amor, del gozo de amar y ser amado (amada) tratan estas Primeras Letras. Que se afanan en desvelar esa sombra que es a la vez complemento y negación que afirma, espejo en que el amor se mira y reconoce: la sombra de la desazón y del temblor por la ausencia que se preanuncia ya en la plenitud que acompaña a la pasión, por el olvido. Quizás porque también, o sobre todo, es amor la carencia.

Amor. Estremecimiento y saber -y sabor, sabiduría-, temor y temblor. Amor y dicha. Son la materia de la que está hecho este libro de celebración de la palabra y los sentidos. Porque no son éstas, aunque primeras, letras primerizas ni relato de sensaciones fugaces, sino conclusión de una labor paciente, de un perseverar en la escritura por entre tanteos y ensayos, de una suma de lecturas y decires propios y ajenas. De una multiplicación de experiencias y recuerdos.

María Ruiz viene bordando, puntillosa, una especial caligrafía de los afectos mientras recorre con su francés, también ella ligera de equipaje, las múltiples geografías del mapamundi y del deseo. Sin que esa aventura tan previsible de su oficio de enseñante le impida transitar por la siempre impredecible -y tan poco exacta- matemática de los placeres. Del placer/plaisir del texto, del placer de la escritura, del placer de la amistad. De los placeres plurales que no necesitan de adjetivos.

María es poeta de tabernas e institutos -de los de educación secundaria- y de talleres donde cultiva amistades perdurables -tanto, que desafían a la más cruel de las ausencias- en los que se le reconoce una maestría singular en el arte de trenzar versos con una elegancia sencilla.

María es mujer de norte claro, de las que saben que en la duda está el camino que mejor conduce a la plenitud de la certeza. Por eso, por todo eso, no ha de encontrar en este pórtico el lector -o la lectora- las reflexiones ni el saber del erudito, o la exégesis del profesional, sino la simpatía que le guardo y le profeso. Simpatía: esa suerte singular de emoción que también llaman algunos compasión, ese sutil modo de compartir una misma pasión. La de la poesía.

Llegarán otras letras, que no serán ya las primeras, y nuevos libros con la firma y la dulzura firme de María. Mientras tanto, aspiro a su amistad. Y espero, lector o lectora, que el sabor de estos versos y la caricia de su lectura te conmuevan. Que te ayuden a ser, si cabe, mejor persona.

Así, especialmente así, nos quiere la autora.

miércoles, 27 de julio de 2011

testimonio

Víctima de un ataque combinado de virus -ajenos- y torpeza propia, mi ordenador aquejado de troyanos (Homero y la cibernética, quién lo diría) y mis nervios conteniendo los efectos de la operación de seleccionar, romper y ordenar papeles, me encuentro -además de con el pasado, con mucho pasado- con una pequeña tarjeta manuscrita, y con las pruebas de un libro de poesía para el que M.R. me pidió presentación y prólogo.
La tarjeta dice así:



Se escribe siempre para ahuyentar los terrores de la soledad y de la muerte, y también para dar testimonio, en medio de la crueldad, de la memoria de los días felices.

Manuel Vicent
"Todo azul"
EL PAÍS, domingo, 18 de noviembre de 2001

domingo, 24 de julio de 2011

llenura de palabras

Si algún día te enfermas de palabras, como a todos nos pasa, y estás harta de oírlas, de decirlas. Si cualquiera que eliges te parece gastada, sin brillo, minusválida. Si sientes náusea cuando oyes “horrible” o “divino” para cualquier asunto, no te curarás, por supuesto, con una sopa de letras. Has de hacer lo siguiente: cocinarás al dente un plato de espaguetis que vas a aderezar con el guiso más simple: ajo, aceite y ají. Sobre la pasta ya revuelta con la mezcla anterior, rallarás un estrato de queso parmesano. Al lado derecho del plato hondo colmo de espaguetis con lo dicho, pondrás un libro abierto. Al lado izquierdo, pondrás un libro abierto. Al frente un vaso lleno de vino tinto seco. Cualquier otra compañía no es recomendable. Pasarás al azar las páginas de uno y otro libro, pero ambos han de ser de poesía. Sólo los buenos poetas nos curan la llenura de palabras. Sólo la comida simple y esencial nos cura los hartazgos de la gula.

(Héctor Abad Faciolince, en Tratado de culinaria para mujeres tristes)

sábado, 23 de julio de 2011

inventario

Los versos de JEgea llegan, por fortuna, donde llega esta inmensa red de palabras e intenciones. Y llega la publicación de su poesía completa, y me llega la sugerencia de seguir poniendo aquí sus poemas. 
Sea.

Inventario de urgencia para seguir adelante

A veces, el pasado fue sólo aquel momento
en el que se confunden
amor y muerte, soledad y dicha.

Y porque entre unos brazos
al menos un instante me he sentido feliz,
procuro compartir este camino
hacia bellos sucesos como aquél
en que la luz fue nuestra.

Por eso me alimenta la esperanza.

Por eso llevo,
tatuada en el ansia de vivir,
como una hermosa referencia,
la cicatriz distinta de su cuerpo.

(J. Egea, Paseo de los tristes, II El largo adiós)

viernes, 22 de julio de 2011

carne

LF, Reflection (self portrait)




Esa mirada consiguió que la luz y el color se hicieran carne, carnalidad.
Ahora se ha apagado.

Con Bacon y Schiele, una trilogía inquietante.
Soñó quizás los sueños que quiso interpretar su abuelo.




Lucien Freud, Girl with closed eyes

contigo

viernes, 15 de julio de 2011

de alianzas y arcoiris

Aunque se lo oí decir al amigo que tanto luchó y al que tanto respeté -al final de la escapada murió con la dignidad con que vivió-, me cuesta creer que sea cierto, por más que lo repitamos, que la muerte es parte de la vida.
Pocas personas, salvo uno mismo, son necesarias para morir. Tanto, que puede que la muerte sea el único acontecimiento auténticamente solitario: uno (se) muere a solas, solo consigo mismo. Incluso aunque la muerte, al llegar, tenga esos mismos ojos, los tuyos, que resultarán ya entonces completamente ajenos, no importa si del color de los mios.
Para morir, pocas personas: basta con una sola, sujeto y objeto, reflexivo perfecto siempre en presente (me muero, me estoy muriendo). Pero no para desaparecer de entre los vivos. Para ese menester son necesarias más, aun si la despedida es discreta y poco nutrida la nómina de los presentes en el adiós último y final de cuerpo presente.
Lo comprobé el lunes, despidiendo a Luis Alfredo Béjar en el cementerio de su Toledo. Compañeros de varia procedencia, algunos colegas, familia, amigos -de antes, y de después- y ausencia total de autoridades. Imagino que a su gusto, sobre todo lo de las autoridades.
Allí, en el silencio solemne de un acto sin palabras, fue precisa la concurrencia de hasta seis operarios municipales para dar por concluído el recorrido por la vida del que fuera -lo señalan todas las referencias escritas sobre su fallecimiento- político, profesor y novelista. Seis trabajadores para dar cuenta del ritual del enterramiento y la colocación de nuevo en su sitio -palancas y polea- de la pesada losa que cubre su sepultura.
Y allí, en las frases que intercambiaron durante la larga operación y como ajenos a la tristeza, el dolor o el simple respeto de la concurrencia (es su rutina),  la vida se hizo un hueco entre la muerte. El cemento, el ladrillo, la paleta, los tacos de madera, los avisos de cuidado, no tires tanto, el pedido de sólo medio cubo, la mancha creciente de sudor en la camisa abierta del que parece ser el encargado. Era la vida, que allí, mezclada con la muerte, asemejaba una representación, un retablo, sus actores albañiles y peones encargados de administrar los momentos finales del pasar por este mundo.
Por allí estaban, en ese día de fin de etapa y ciclo -tan distinto, claro- también para mi, callados como yo y en silencio, amigos a los que tardaré en volver a ver. Los Antonios, Julio y Juanjo, Chema y Chule,  también María, y Ana. Y Ángel F., generoso hasta el final y humano.
Por un momento, sólo por un momento, me vino a la cabeza el pasado en forma de política. Y asocié al momento aquella vieja -y feliz- consigna y definición que nos reclamó a tantos de la alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura. Añoranzas, cosas de la edad, deformación.
Ocasión -¡ojalá y sí!- para la ironía de Luis.

Por sorpresa, como suceden muchas de las cosas importantes, y sin esperarlo, noche de ópera en el Real. De manga corta y pantalón usado, intacta la emoción ingenua y el panteísmo de Tosca, y su lamento con resonancias del canto de Job el paciente... ¿y por qué yo?. Romanticismo en estado puro y amores que hacen brillar las estrellas. Y, siempre, la pasión de la música.
A la salida, el encuentro y el consejo amable de Gregorio M. sobre la bondad y la oportunidad de poner distancia. Ante lo que se avecina, dice. Como si no estuviera ya aquí.
Más azar: ayer Luis, y hoy Gregorio. Los que saben, ya sabrán el porqué de mi decir.
Y a la salida, el grupo de amigas y de amigos de mi hermano M., con Javier como testigo de coherencia y Teresa, que tiene el acierto de confundir -y confundirse- la dedicatoria (gracias). Que Marcelita cumple 25 y su madre quiere que los celebremos juntos: será en La buena vida, donde los Trueba juntan libros y vino de La Mancha.
Mi regalo, que lo fue de todos, O.H., un poeta sin miedo. Chileno, como M.
Y después, un paseo en la noche de Madrid. ¿Cuántos años después?

Hoy he recordado que existe también la alegría de lo inmaterial. Acordándome, y sin precisar muy bien dónde ni cuándo, aunque hace bien poco, de un inmenso arcoiris que apareció nítido y enorme y duplicado. El señor del arcoiris, así me llamó B. por un tiempo. Fue quizás uno de los mejores regalos que hice, gracias a que ella me lo descubrió. Regalar la magia de producir arcoiris a voluntad.
Ayer tarde, haciendo limpieza de papeles y recuerdos, encontré los restos de una bolsa de esa tienda-libería-café de Bruselas que tanto me gustó, donde los vendían. Se había, efectivamente, biodegradado en un número casi infinito de pequeñísimos fragmentos que se pegaron con firmeza en mis manos y en mis brazos.
Será la fuerza del arcoiris en una ciudad de la que está ausente, a pesar de todas las apariencias, la tristeza. Porque no es triste... 

Me preguntan por la declaración de Marian. Y les digo que se dice en Robin y Marian, la película -maravillosa- de R. Lester.  
'I love you. More than all you know. I love you more than children. More than fields I've planted with my hands. I love you more than morning prayers or peace or food to eat. I love you more than sunlight, more than flesh or joy, or one more day. I love you... more than God.'
Audrey H., Marian, le habla así a Sean C., Robin. La misma Audrey que vivió unas vacaciones en Roma, la que ha vivido y vive en otros sueños más cercanos de los jóvenes de hoy.

noche

(...)
Y perderé mi nombre,
mi edad, mis señas, todo
perdido en mí, de mí.
Vuelto al osario inmenso
de los que no se han muerto
y ya no tienen nada
que morirse en la vida.

(Pedro Salinas, en La voz a ti debida)

lunes, 11 de julio de 2011

pequeño templo profanado

















Altos de Bustares, flor de la estepa
donde Marcos duerme la paz del templario
y vive
el silencio infinito de los campos serenos,
el azul secreto de los montes tumbados
que guardó para siempre en sus ojos de asombro.

Al fondo se adivinan, ¿las ves?, las torres altas de Madrid.
Y en el horizonte, Roma: destino, pasión quizás.
Allí, tan quedos,
un revuelo de amistad y de emociones
en torno al pequeño templo profanado.
Allí donde la senda acaba, 
la que hiciera la madre con sus mismas manos.

A medias quedaron por bailar
tantas otras canciones -y no faltó la tuya
la otra noche-, y sin cantar quedaron
muchas de aquellas, las de siempre.
Era el adiós, la despedida,
y tu recuerdo lejano, apenas ya si tenue olvido.

De vuelta ayer, la vista puesta en no pasar
de ciento diez, en no correr. Ganar sosiego y no pensar,
y no querer. No más temblor.
Recordará el poeta el peso de los pasos,
a yo a Marian susurrar -‘te amo más que a Dios’-
la más bella confesión de amor jamás contada
y dicha.
Como en tierras de penumbra y fin.

En el Alto soñé al paso de la jara y los helechos
con beberte los ojos
y acariciar de nuevo a solas tu sonrisa
antes de que decline la luz última del mundo
y todo ya nostalgia y todo ausencia sea.

Fue, tal vez, la vez de mi homenaje.
El de ellas, quizás, un alijo de ternura
tal que el tuyo, ¿recuerdas?,
celebrando la amistad y la alegría.

Atento siempre, el amigo amable de dolor sereno
hecho monte y piedra, y sol espeso.

Silencio en el azul alto
                                 de los altos de Bustares.


(A M., a quien no conocí. A M.A. y a J. Y a los amigos.
Hoy, en el día de una nueva profanación)

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