martes, 17 de abril de 2018

luz



Da su permiso el poeta, y aquí lo dejo. Los dejo: soneto e ilustración (magnífico, Pepe Herreros). El libro, ese Versos sin culpa, está casi a punto. En un abril que será mayo.



No queda tarde

no queda tarde luz apenas queda
para leer tus manos el boceto
de tu vida futura el incierto
presagio del tarot sobre la mesa

no queda luz la noche está serena
con la paz que contagia el firmamento
tu mirada se vuelve hacia el recuerdo
te lames las heridas das por buena

la derrota no encuentras más salida
que rendirte la luz en otros ojos
más despiertos alumbra tu camino

la esencia insobornable de la vida
naces de un vientre pero mueres solo
viajas desnudo al último destino


 (Paco Morata)

lunes, 16 de abril de 2018

aprile

        En Bolonia llovía. En Ferrara llovía agua suave, sin peso ni sonido, pero el día nublado era luminoso, como si noviembre fuera mayo, y el pavimento de las calles duplicaba la luz gris del cielo, y las fachadas rojas parecían más rojas. La gente iba a pie y en bicicleta de una tienda a otra, de una oficina a otra oficina, a los cafés (…).

(Justo Navarro, El espía, Anagrama, Barcelona, 2011)

jueves, 8 de febrero de 2018

Cárdenas

clima

(…) A continuación se puso a parlotear incoherencias sobre una pirámide recién descubierta en la Antártida gracias al deshielo de los polos. Yo lo vi en la tele, en un documental, ¿vieron eso? Una pirámide, decía, una pi-ra-mi-de hecha por alguna civilización antigua, probablemente alienígena. Una evidencia de vida extraterrestre en la prehistoria que ya no se puede ocultar. Y dicho esto se santiguó tres veces seguidas a toda velocidad, casi desdibujando la cruz. Quién puede negar la evidencia, nadie, nadie, pero que Dios nos guarde. ¿Quiénes somos? ¿Descendemos de extraterrestres y no del mono? El biólogo intervino, sarcástico, y dijo que quizás lo preocupante de la noticia no era tanto lo de la pirámide como que se estuvieran derritiendo los polos. La dama lo miró en ángulo agudo, incrustando el rostro ojiabierto en su propio buche, y le extendió una mano enjoyada, cinco pezuñas de lujo y mucho, mucho perfume, tanto que mareaba. (…) Creo que nos conocemos, ¿no? Claro, dijo el biólogo estrechándole la mano con abierta repugnancia, cómo olvidarla, señora. Me acuerdo, me acuerdo, mintió la dama, pero déjeme decirle una cosa: eso del cambio climático es puro cuento de mamertos. Terrorismo científico. La Obra de Dios es perfecta y el planeta tiene un termostato, sabe regular la temperatura. Es como una nevera. Usted la descongela de vez en cuando para que no se dañe, ¿me entiende? Lo malo sería dejar que todo ese hielo y esa escarcha se acumulen ahí en el congelador. Entonces toca descongelar cada tanto y santo remedio, mijo, santo remedio. Ahora estamos en esa etapa, que ocurre cada doce mil años, así, como un relojito, y por eso están surgiendo los vestigios de las antiguas civilizaciones que habitaban en lo que hoy es la Antártida, pero que hace doce mil años era un bosque tropical como los que hay aquí, y donde vivían pueblos muy avanzados gracias a la tecnología de los extraterrestres.
El biólogo no pudo contener una risita, sinceramente divertida, y la dama, lejos de tomárselo a mal, siguió con su conferencia. En la Congregación tenemos a un pastor, un tipo muy estudiado y todo, con su doctorado, mejor dicho, un Caballero de la fe, no se vaya a creer que es cualquier lagaña de mico. Bueno, ese muchacho es una berriondera para estas cosas científicas, te explica todo claritico, y una pasmada, cómo no, porque Dios no es ningún chambón, no, señor, y el mundo funciona como un relojito, te digo.

cartas

Muchos años antes, esa mujer, su ex novia, le había escrito al biólogo unas cartas, en el final de la época en que todavía la gente se enviaba cartas a través del correo ordinario, cuando ambos apenas comenzaban a estudiar la carrera de biología. Se diría que eran cartas de despedida, despedida de la vida pasada, despedida de un mundo que iba desapareciendo ante los ojos de todos, pero también despedida de la escritura condicionada por las reglas del correo ordinario, con sus tiempos de espera eternos y sus confusiones de dirección y sus devoluciones al remitente, el final de las cartas que viajaban por medio mundo y a veces acababan perdiéndose por el camino, en muchos sentidos el final de una cierta forma del azar, cartas escritas con la conciencia de que cualquier imprevisto podía sucederle al sobre y, por eso mismo, había que escribir de un modo especial, con un temblor y a la vez con una convicción que transformaban por completo las palabras: su intención, su estilo, su forma.

conspiración

Al biólogo no le gustaban las teorías de la conspiración. Siempre las había encontrado poco elegantes, muy farragosas y, en últimas, destinadas a favorecer explicaciones simplonas e ideológicas para fenómenos complejos, a menudo basándose en falacias, razonamientos circulares, casualidades inverosímiles y emboscadas argumentativas. La conspiración, por otro lado, o eso pensaba el biólogo, proporciona esquemas de inteligibilidad en contextos donde lo irracional amenaza con desdibujarlo todo. Allí donde el riesgo de delirio colectivo es más alto, allí donde se ha desdeñado el cultivo de la razón y la lógica, las explicaciones de cinco pesos se venden como pan caliente porque le dan a la conciencia un placebo, un sustituto de la razón, y así es más fácil envolver cualquier fenómeno en un aura de misterio que perpetúa el atraso y la estupidez: cualquier evento se vuelve materia de ficción. Y la ficción que no respeta la primacía de los datos es la anti-ciencia por antonomasia.

(Juan Cárdenas, El diablo de las provincias, Periférica, Cáceres, 2017)

miércoles, 10 de enero de 2018

tsunami

En aquel su Sábado, McEwan situaba los hechos -y las reflexiones- de su narración con el telón de fondo de la gran manifestación en Londres contra la guerra de Irak. La ficción y la vida, no tan dispares por cuanto la una se nutre de la otra y la alimenta. Y viceversa.
Tengo entre manos ahora, un tiempo aplazada su lectura, Cáscara de nuez, un arriesgado artificio literario. Dicho sea, sobre todo, por su narrador, tan insólito. 
Una vez más, el autor -por el que habré de mostrar de nuevo mi devoción- se sirve de la escritura para dar cuenta del mundo. Del suyo. Del nuestro.
  

'(…) A través de los huesos de mi madre me ha llegado un mal sueño disfrazado de disertación formal. El estado del mundo. Una experta en relaciones internacionales, una mujer razonable con voz grave y profunda advertía de que el mundo no iba bien. Analizaba dos estados de ánimo comunes: la autocompasión y la agresión. Por separado cualquiera de los dos era una mala elección para el individuo. Combinados, para grupos o naciones, un brebaje nocivo que últimamente había intoxicado a los rusos en Ucrania, al igual que había hecho con sus amigos los serbios en su región del mundo. Nos han menospreciado, pues ahora verán quiénes somos. Ahora que el Estado ruso era el brazo político del crimen organizado ya no era inconcebible otra guerra en Europa. Desempolvar las divisiones de tanques rumbo a la frontera meridional de Lituania, rumbo a la llanura del norte de Alemania. La misma pócima inflama las márgenes bárbaras del islam. Hemos apurado el cáliz, se eleva el mismo grito: nos han humillado, pues nos vengaremos.
La experta tenía una opinión sombría de nuestra especie, en la que los psicópatas son una fracción constante, una constante humana. La lucha armada, justa o no, les atrae. Contribuyen a convertir enfrentamientos locales en conflictos mayores. Europa, según ella, sufre una crisis existencial, quisquillosa y débil mientras las diversas variedades de nacionalismo narcisista ingieren a sorbitos el mismo apetitoso brebaje. Confusión sobre los valores, el bacilo del antisemitismo incubándose, las poblaciones inmigrantes languideciendo, furiosas y hartas. En otros lugares, en todas partes, nuevas desigualdades de riqueza, los superricos una raza dominante y aparte. El ingenio desplegado por los estados para crear nuevas formas de armamento brillante, por las corporaciones globales para evadir impuestos, por bancos honrados para atiborrarse de millones de Navidad. China, demasiado grande para necesitar amigos o consejo, sondea cínicamente las costas de sus vecinos, construyendo islas de arena tropical, planeando la guerra que sabe que llegará. Los países de mayoría musulmana asolados por el puritanismo religioso, por la enfermedad sexual, por el talento ahogado. El Oriente Medio, rápido vivero de una posible guerra mundial. Y los Estados Unidos, los enemigos de conveniencia, a duras penas la esperanza del mundo, culpables de tortura, impotentes ante su texto sagrado concebido en una época de pelucas empolvadas, una constitución tan incuestionable como el Corán. Su nerviosa población obesa, temerosa, atormentada por la ira reprimida, despectiva con el gobierno y asesinando el sueño con cada nuevo modelo de pistola. África que aún tiene que aprender el truco de la democracia: el traspaso pacífico del poder. Sus niños muriéndose a miles cada semana por carecer de cosas sencillas: agua limpia, mosquiteras, medicamentos baratos. Uniendo e igualando a toda la humanidad, los viejos y aburridos temas del cambio climático y la desaparición de los bosques, de los animales y del hielo polar. La agricultura rentable y venenosa que destruye la belleza biológica. Los océanos que se convierten en ácido débil. Muy por encima del horizonte, aproximándose veloz, el tsunami urinoso del creciente número de ancianos, de cancerosos, de dementes, que necesitan cuidados. Y pronto, con la transición demográfica, se generará lo opuesto, poblaciones en catastrófico descenso. La libertad de expresión ya no es libertad, la democracia liberal ya no es el puerto de destino obvio, los robots roban puestos de trabajo, la libertad en un estrecho combate con la seguridad, el socialismo caído en desgracia, el capitalismo corrupto, destructivo y caído en desgracia, sin alternativas a la vista.
En conclusión, decía la experta, estos desastres son el fruto de nuestra naturaleza doble. Inteligente e infantil. Hemos construido un mundo demasiado complejo y peligroso para que lo gestione nuestra naturaleza pendenciera.
En tal estado de desesperanza, el voto mayoritario irá a parar a lo sobrenatural. Es el crepúsculo de la segunda Era de la Razón. Éramos maravillosos pero ahora estamos condenados. Veinte minutos. Clic.'


(Ian McEwan, Cáscara de nuez, Anagrama, Barcelona, 2017)

sábado, 6 de enero de 2018

conversos

lluvia de reyes


Hasta aquí se han llegado
los reyes
                   y con ellos
un alijo de versos y de luz
y la casa que rebosa de palabras
que curan el desamor la desmemoria
y el olvido.

Con versos, dicen,
más se hace intensa la vida
y ancho se abre el mundo
y ligera
                si es de doler
duele la pérdida.

Con versos se ha de celebrar
el hilo con que se cose la ternura
y el despertar sin sombras
                                             y sin miedos
del sol que despeja las tinieblas.

Con versos se conjura la tristeza
y se espantan los sueños cuando malos
y se celebra el vino del encuentro.
Con versos los abrazos
y los besos
y el tequiero.






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