sábado, 16 de marzo de 2019

papeles

En este contexto de reconfiguración del poder mundial, es la hora de analizar cuál va a ser el papel de España. De momento y por desgracia, somos una nación subordinada: en el reparto de funciones globales, a España le ha tocado cuidar de los jubilados europeos, ejercer de territorio vacacional, ser fuente de recursos para los tenedores de la deuda y ocasionalmente producir futbolistas. España apenas cuenta con poder financiero, ni con fuentes de energía propia, poder militar o tecnología avanzada, y ni siquiera tiene agricultura y ganadería para abastecerse, lo cual nos convierte en un país especialmente débil. Más vale que empecemos a plantearnos cuál va a ser el futuro de España en el nuevo contexto geopolítico, porque nos jugamos muchísimo.’

Para seguir leyendo, aquí.

viernes, 15 de marzo de 2019

elegancia

CON el tiempo me he vuelto silencioso
como el carbón de estufa.

Desde hace algunos años, me encomiendo
a los pájaros mudos
y a los hombres
que hicieron del sigilo su ciudad en la tierra.

El silencio es un océano en calma
que permite que afloren
como islas
o como promontorios
los pequeños sonidos de las cosas,
sus músicas secretas.

El silencio le deja a cada uno llegar a ser quien es.
El silencio es la elegancia absoluta.


Basilio Sánchez, He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes*, Visor, 2019.
*Premio Loewe

miércoles, 13 de marzo de 2019

sombras

'Al principio fue un largo, inesperado, apagón de cinco horas. Caracas parecía un hormiguero destapado. Más allá de las citas canceladas, los cheques sin cobrar, la comida descompuesta y el colapso del metro, Miguel Ardiles recuerda ese día con una ternura casi paternal: la ciudad sintió el estupor de ser cueva y laberinto.
En los meses siguientes, a medida que los apagones se repetían, los habitantes fueron dibujando sus primeros bisontes, marcando con piedras los recodos familiares del recinto. Luego el Gobierno anunció el plan de racionamiento de energía. Los voceros de la oposición no tardaron en recordar la situación de Cuba en los años noventa y cómo el plan de cortes eléctricos que implementaron durante el periodo especial era idéntico al que se iba a aplicar en Venezuela.
El anuncio se hizo a la medianoche del miércoles 13 de enero de 2010.
(...)'


Rodrigo Blanco Calderón, The night, 2016.

viernes, 8 de marzo de 2019

8M

Escribo nido
no pecho no carne no cielo


I
Solo hay una forma correcta de llevar un registro
de aves:
el sujeto que observa y anota siempre es el
mismo
las manos que agarran son siempre las mismas
los animales que se escriben tarde o temprano
hacen el nido
en ningún caso se permitirá el retorno de un
animal del cuaderno enfermo al cuaderno sano
las aves y este cuerpo siempre buscaron la
caída
hombres y animales siempre comparten la
misma página


II
así la palabra pecho, así la palabra nido
así esta sucesión de manos que han pasado
siempre por la misma parte de mi cuerpo podría
constituir una narrativa;
no una sucesión de gritos, no una sucesión de
espacios
porque vosotros
siempre os refugiáis
en mi pecho que es isla
en mi pecho que es paraíso
en mi pecho que es cúmulo de leche invisible,
sudor y sangre
yo que os enseñé con esta parte de mi cuerpo a
tener hambre, soy incapaz de responder si me
preguntan: señorita, diga la región exacta,
concreta, única, señorita, dígame todos los
nombres correctos de vasos y venas, ganglios y
linfa, músculos y grasa, tipo de divisiones y de
células... pero señorita, ¿cómo que no lo sabe? si
estamos hablando de su propio cuerpo
no, no, y no
pero quizás puedo decirle, señor,
mientras mira atentamente esta parte de mí
esta parte de grieta y ayuno,
este sitio donde anidaron todos los hombres de
mi vida:
(sí mi abuelo, sí mi padre, sí mis hermanos, sí él
que hizo posible la caída, sí, el que ensuciaba
todas las calles con el nombre de arthur cravan)
sí todos los animales que he alimentado como
los hijos que no tengo,
porque ya sabe,
     yo soy un vientre vacío, mamá
y no soporto que escribáis sobre vísceras y venas
sin haberlas tocado:
hablo de tener las manos ardiendo y empapadas
de sangre, hablo de los últimos movimientos y
de lo caliente que está un cuerpo antes de
marcharse.
hablo de saber señalar en el mismo órgano
moribundo el dolor exacto, el agujero recién
nacido.
por eso os digo, si os preguntara:


¿qué cantaríais?


III
venid que yo os enseñaré a tener siempre
     hambre
venid que yo os enseñaré qué es la verdadera
      pureza
venid que yo os enseñaré sobre anatomía y
      animales
venid que yo os enseñaré a elegir bien entre la
     carroña
venid que yo os enseñaré a alimentar a los
     buitres hermanos
venid que yo os enseñaré a diferenciar el poema
     de la cacería
venid que yo os enseñaré qué canción hay que
     cantarle a la muerte


IV
porque vosotros con esta parte de mi cuerpo os
comportáis como pájaros
porque a todos vosotros os cobijé en la misma
región anatómica, y aunque solo sepa de cuerpos
y enfermedades de animales, podría equiparme
con cualquiera de ellos y deciros que
     tengo el corazón de vaca
     tengo los dientes de perro
     tengo la placenta de yegua
     tengo el vientre lleno de leche de gato
          para las crías que invento
porque yo los he abierto para aprender a
delimitar de manera concisa y exacta
qué trozo de carne debo tocar para que un cuerpo
de carne no se derrame
por eso os digo
que yo,
que me he quedado dormida mientras os
amamantaba,
yo que he sido ofrenda y alimento,
rastrojo y desperdicio,
sal y lágrima,
puedo deciros otra vez
la razón por la que seguís comiendo de mí
(sí profesores, sí hermanos, sí amantes)
Porque habéis aprendido como esa especie de
pájaro a construir solo el nido en árboles que se
preparan para morir.
Porque habéis elegido lo que se esconde y lo que
hace latir, el mismo fluido incansable infinito del
color de la leche.


Mientras os lloro,
mientras con mi propio cuerpo
os doy de comer.
_________________________________________________________________________


María Sánchez*, Cuaderno de campo, La Bella Varsovia, 2017

*mujer, veterinaria de campo, poeta

domingo, 30 de diciembre de 2018

libros (para un fin de año)

Lo único abundante en casa eran los libros: había libros de pared a pared, en el pasillo, en la cocina, en la entrada, en los alféizares de las ventanas, en todas partes. Miles de libros en cada rincón de la casa. Se tenía la sensación de que si las personas iban y venían, nacían y morían, los libros eran inmortales. Cuando era pequeño, quería crecer y ser libro. No escritor, sino libro: a las personas se las puede matar como a hormigas. Tampoco es difícil matar a los escritores. Pero un libro, aunque se lo elimine sistemáticamente, tiene la posibilidad de que un ejemplar se salve y siga viviendo eterna y silenciosamente en una estantería olvidada de cualquier biblioteca perdida de Reykjavík, Valladolid o Vancouver.
Si alguna vez, como ocurrió en dos o tres ocasiones, no había suficiente dinero para comprar lo necesario para el Shabbat, mi madre miraba a mi padre, y mi padre comprendía que había llegado el momento de elegir la víctima sacrificial y se acercaba a la vitrina: era una persona de principios y sabía que el pan era más importante que los libros y que el bienestar del niño estaba por encima de todo. Recuerdo su espalda curvada al dirigirse hacia la puerta con tres o cuatro libros queridos bajo el brazo, con el corazón dolorido iba a la tienda del señor Meyer a vender algunos volúmenes tan preciados como un pedazo de su propia carne. Sin duda el mismo aspecto debía tener Abraham cuando salió por la mañana con Isaac a la espalda hacia el monte Moria.
Podía adivinar su dolor: mi padre tenía una relación sensual con los libros. Le gustaba tocarlos, escudriñarlos, acariciarlos, olerlos. Le excitaban los libros, no podía contenerse, enseguida les metía mano, incluso a los libros de personas desconocidas. Es cierto que los libros de antes eran mucho más sexys que los de ahora: tenían qué oler y qué acariciar y tocar. Había libros con letras de oro estampadas sobre las aromáticas pastas de piel, algo ásperas al tacto, pero que hacían que te recorriera un escalofrío como cuando se toca algo íntimo e inaccesible, algo que se estremece y tiembla al contacto de tus dedos. Y había libros que tenían tapas de cartón forradas de tela y pegadas con una cola que tenía un olor asombrosamente sensual. Cada libro tenía un olor propio, secreto y excitante. Algunas veces la tela estaba un poco separada del cartón y se movía como una falda atrevida, era difícil evitar mirar por el espacio oscuro que había entre el cuerpo y la ropa y respirar allí aromas de vértigo.


Amos Oz, Una historia de amor y oscuridad, 2002. Traducción de Raquel García Lozano.


****
(…) En forma resumida, nuestra tesis es esta: a fin de mantenerse como familia judía, la familia judía se basó forzosamente en palabras. No cualesquiera palabras, sino aquellas que provenían de los libros.
Los padres judíos no se limitaban a recitar las historias, las leyes y los fundamentos de la fe en el círculo familiar; los leían. Porque incluso si no poseyeran libros, los textos rituales que ellos narraban estaban escritos en libros. Un papiro o un pergamino era una especie de costoso artículo doméstico a finales de la Antigüedad y en la Edad Media, y de ningún modo podemos suponer que cada hogar judío, en el norte de África o en Europa, estaba en condiciones de poseer ni siquiera uno de esos artículos. Pero la sinagoga conservaba el rollo de la Torá guardado dentro del armario dorado en la pared orientada hacia Jerusalén. Y alguien del vecindario —el rabino, el maestro de escuela, el médico, el comerciante rico— seguramente sí poseía al menos alguno de los libros sagrados y rabínicos. De tal modo que los volúmenes estaban al alcance de los demás; la lectura y la recitación eran lo normal, y por consiguiente sus contenidos podían resonar en cada hogar judío.
Incluso si no se encontrara una sinagoga en un radio de muchas millas, ni tampoco rabinos, algún miembro de la familia habría sido capaz de recitar unas migajas de Torá, unos versículos importantes, unas formulaciones básicas, y el esqueleto de la Historia. Tal vez solo un cántico. Todavía podía transmitir a la progenie un legado escrito, aunque por medio oral. Incluso desprovistos de libros, o apenas alfabetizados, a los judíos siempre les acompañaba el texto.
(...)
En los oídos de los niños resonaba la verbosidad rígida y exigente, al mismo tiempo que rica y nutritiva, de los libros. Muchas de las palabras eran, desde luego, cíclicas, eternamente releídas y repronunciadas. El calendario judío impone diaria, semanal, mensual y anualmente sus textos recurrentes. La repetición puede, sin duda, restar creatividad, pero tiene también la extraña capacidad de anclar, de nutrir, y hasta de sorprender. A veces, los versos repetidos generan música; y gran parte de la musicalidad judía surgió de la resonancia de palabras repetidas. Los niños son proclives a absorber esas tempranas sonoridades textuales como preciosas canciones de cuna; para toda la vida.


Amos Oz & Fania Oz-Salzberger, Los judíos y las palabras, 2012. Traducción de Jacob Abecasís & Rhoda Henelde Abecasís.


****
(…) Digo que la semilla del fanatismo siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral que impide llegar a un acuerdo. Es una plaga muy común que, por supuesto, se manifiesta en diferentes grados. Un o una militante ecologista puede adoptar una actitud de superioridad moral que le impida llegar a un acuerdo pero causará muy poco daño si lo comparamos, digamos, con un depurador étnico o un terrorista. Aún más, todos los fanáticos sienten una atracción, un gusto especial por lo kitsch. Muy a menudo, el fanático sólo puede contar hasta uno, ya que dos es un número demasiado grande para él o ella. Al mismo tiempo, descubriremos que, a menudo, los fanáticos son sentimentales sin remedio.


Amos Oz, Contra el fanatismo, 2002. Traducción de Daniel Sarasola.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

umbral


Entre dos tiempos

Blancas pecas del árbol, y en las calles
un hogar de primicias, nuevo y virgen.
Todo es origen, música y descensos
al umbral de la infancia y de sus años.
Hay luz de incertidumbres y de incógnitas
y un calor desprendido de mil cuerpos
que alumbran obviedad y anonimato.
Entre ellos yo paseo. Solitario
en este mes de abril. Y en el silencio:
el nombre en que descanso y me consumo.
Porque blancas las pecas en el árbol
y también novedad aquellas calles,
pero ya descubrimos confidencias
en no sé qué lugar y en qué momento:
esta muerte que ves es más que un juego.

(Gonzalo Grajera, de La suma que nos resta)

lunes, 10 de diciembre de 2018

70


Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;
(…)
Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;
(…)
LA ASAMBLEA GENERAL proclama la presente DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse (…)

Artículo 1.

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2.


Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. (...)


Estos, y los que siguen hasta los 30 que componen la Declaración, son los artículos que marcan el mínimo democrático exigible a cualquier organización que aspire a representar a la ciudadanía.
Y hoy, setenta años más tarde, me preocupa que en mi país las haya muy por debajo de ese mínimo. Tales las que se enconaron en destruir aquella materia que, siguiendo el mandato de las Naciones Unidas y del Consejo de Europa, quiso que nuestro alumnado conociera y fomentara esos mismos Derechos.
Tales las que hoy los apartan de su discurso y los ignoran. Que vale más, según parece, el gobierno de un territorio.
¿Lo querrán para garantizar esos mismos derechos en cumplimiento de un Estatuto que los ampara?
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