viernes, 19 de septiembre de 2008

Un Felipe lúcido a la izquierda y el Ministro que ruega una oración

Me he reconciliado con Felipe (González) cuando ya había dejado de ser Presidente del Gobierno. Critiqué, y con dureza con respeto, no pocas de sus políticas -y conste que no me arrepiento. No me van las ucronías.
Pero este Felipe es otro -así lo creo. Suelto, sin hipotecas, lúcido. Aunque con una lucidez que le lleva a ajustar algunas cuentas pendientes, siquiera sea en lo teórico, con ese capitalismo que no tiene piedad (si es que alguna vez hubo alguno así) ni tampoco inteligencia reivindicando la vuelta de la política 'con mayúsculas' (sic, en EL PAÍS del 17) y reclamando la superación de lo local-nacional para un auténtico gobierno de lo global. Precisamente ahora, cuando algunos de nosotros, 'los de entonces', hace ya años que predicábamos la necesidad de recuperar para la política el gobierno de la economía, e incluso oimos a Berlinguer (eurocomunista, sí, ¿os acordáis?), intuyendo más que comprendiendo entonces, hablar de la urgencia de un 'gobierno mundial'.
Puede que a Felipe le suceda lo que aquel Pablo entrañable nos dejara escrito. Que tanto él como nosotros, 'los de entonces', ya no somos los mismos. Y disfruto cuando lo leo, cuando lo escucho, más libre y más suelto, como sin hipotecas.
Y mira por dónde, caminando las páginas de ese mismo diario, encuentro en la 46 una invitación insólita. Insólita y cabreante. Nada menos que, cruz mediante, la del Ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, 'sus demás compañeros (?) y el personal del departamento' rogando una oración por el alma de dos embajadores fallecidos y anunciando/convocando a una misa por su (entiéndase aquí el de los embajadores fallecidos) eterno descanso.
Y doy vueltas hoy, otra vez, al pensamiento sobre la coherencia. Y pienso: en un Estado no confesional, ¿puede haber un Ministerio católico?, ¿será cosa de éste, que es, por ser el de Exteriores, el más ecuménico?, ¿tendrá religión el Cuerpo diplomático?.
¿O acaso será mía, admirado Delfín, y de mi mala cabeza toda la culpa? Porque, mira que leer hasta las esquelas...
Parecen éstos tiempos confusos. Cuando los USA nacionalizan bancos y empresas, y Esperanza Aguirre quiere que los madrileños todos sean dueños de las aguas del Canal de Isabel II (¿y de quién es que ahora la empresa, si es pública?), cuando la chica del PP que llaman De Cospedal, gente de orden, llama al gobierno de José María Barreda a no cumplir la ley y a permitir además que quienes así lo quieran no la cumplan (¿siempre, a veces, depende, en según qué ocasiones?)... y se queda tan ancha. O cuando el primado cardenal, don Antonio Cañizares, hace votos -pero no de los de urna- por un orden nuevo no sujeto 'a mayorías parlamentarias' o 'consensos políticos'.
Y Felipe, estoy seguro, habrá retirado de su memoria aquel juego de colores donde lo importante es que los gatos cazaran ratones.
Sí. El mundo (aparentemente) al revés.
Y yo, creyendo todavía en la emancipación... y en la Educación para la ciudadanía y los Derechos humanos.

domingo, 7 de septiembre de 2008

De feria

Que no piense el hipotético lector que, por el título, estoy de feria aunque en ferias esté este mi pueblo de Alcázar de San Juan. No hay duda: si acaso existiera la mínima posibilidad de tal cosa, basta con escuchar esa mezcla de voces de tómbola (lejanas) con músicas de chiringuito y esos 'bajos' que se oyen con el estómago.
Me he dado, sí, una vuelta con mis hermanos y parte de los sobrinos. Corta.
A la vuelta, por lo de escribir, he reparado en que hace meses que nada digo aquí, en este escaparate imprevisible. Menos mal que Enrique sigue cumpliendo. Que hasta pienso que en realidad el del leninismo de la disciplina y la voluntad a prueba de todas las fatigas es él, que no un servidor, mero aprendiz.
Y tiene el tío, ni más ni menos, que la ocurrencia de hacer despertar mi memoria. Y es verdad. Aquel juego antiguo -que en esto de la informática diríamos que incluso prehistórico- de Indiana Jones y la última cruzada, de los tiempos en que ni soñaba yo con bajar nada de internet, ni sabía cómo eso podía hacerse, había desaparecido de mis recuerdos. Puede que por no tener yo ya hijas en edad de jugar a la emoción del Grial con látigo y sombrero.
Te confieso, Enrique, que la primera de Indiana me hizo sentir que también se podía ir al cine a disfrutar como yo lo hice entonces, y no a buscar cualquier tesis que anduviera perdida por ahí, o la reflexión que nos haría comprender mejor el mundo... para cambiarlo, claro. ¡Cómo disfruté!. Por cierto, la vi en el cine Cenjor, que pasó a mejor vida, como algunos otros (el Alcázar, el de la fachada racionalista, o el Crisfel) y puede que, dentro de no mucho, también de nuestra memoria, incluso de esa memoria sentimental que aprendí a amar con Manolo Vázquez Montalbán, con Marsé. Y, más recientemente, con la emoción que Paco de Paz vierte en su última novela, Los cielos de Samarcanda.
Por eso, celebremos que Garzón se haya embarcado en esa nueva aventura suya de arrancar de la ausencia y traer al presente los restos más sagrados de la memoria de los vencidos. Para darlos de nuevo a la luz, para recrear su dignidad y devolvernos la justicia. Que la 'pietas' que el juez sí practica va de todo ello.
Incluso sin creer, ¡que Dios le bendiga!

sábado, 8 de marzo de 2008

Muerte y desánimo

Entre el cabreo y el desánimo. Así me encuentro, con la sensación de que con el asesinato de Isaías nos acaban de volver a matar algo más que a un compañero. Como si no fuera ya bastante.
¡Y qué fácil es matar! Quitar la vida, producir ese tipo de dolor que no tiene ni consuelo porque está más allá del raciocinio. Gratuito. En balde. Pero dolor, y sufrimiento.
¿Qué patria es ésa que vive de la muerte?. ¿Será capaz de hacerse la pregunta el pistolero?, ¿lo serán acaso sus amos?.
Por eso no aguanto el pacto que hice conmigo mismo de aparcar la escritura hasta después de las elecciones, y que he respetado a pesar de que me he ido reanimando y estimulando según avanzaba la campaña (lo último, el subidón del mitin de Ciudad Real, con un Zapatero de izquierdas: 'no permitáis nunca que ningún poderoso os mire por encima del hombro'), convencido de la necesidad de pelear por seguir construyendo un país decente de gentes libres y decentes y con derechos.
Necesito poner en letras mi rabia, mi dolor y mi desánimo. Y es que nos han vuelto a quebrar la alegría. Hace ahora cuatro años también nos pasó.
¿Por qué se atreve Rajoy, en ese discurso de cuya insinceridad no me cabe duda ninguna, a decir que 'la libertad volverá a España'?, ¿es que acaso se necesita reconquistar lo que no se ha perdido?, ¿o es que, en el colmo del retorcimiento, da por vencedora a ETA -rendida España por gracia de ZP- para mejor poder combatirla?
Estos que se dicen grey de nuestros obispos (por cierto, ¿para cuándo su condena?) ni caridad ni piedad (aquella 'pietas' romana) tienen. Y en momentos de unidad reclamada no tienen reparo alguno en destacar su desafección. Ese Astarloa que no ha pedido todavía perdón por el 11-M ni los días posteriores. ¡Y nosotros sin exigirle aquellos días a este prohombre, a su jefe Acebes y a aquella por entonces desconocida señora de Cospedal que por decencia presentaran su dimisión!.
Ese Martínez Pujalte (su mejor retrato, en 'El Jueves') que es incapaz de retirar sus insultos de ayer mismo y decir que no, que no es verdad su infamia de que el Presidente del Gobierno negocia con ETA durante la campaña.
¡Qué panda!. Ya han tenido su atentado. Ya han tenido 'su' muerto, aunque la pena y el dolor sean nuestros. Ni imaginarme quiero qué hubiera pasado si el asesinado hubiera tenido carnet del PP.
El domingo, haremos democracia. Contra las pistolas, los votos.
Y el lunes, a prepararnos para una nueva legislatura en la que no habrá tregua para la crispación. ¿No os da la impresión de que ya ha empezado?:
1. Esperanza Aguirre, mujer de ley y orden metida a prevaricadora si finalmente se echa al monte y se pasa por el forro de la falda la Ley Orgánica de Educación. Por cierto, ¿será que no le interesa que con la 'Educación para la ciudadanía y los Derechos humanos' sus madrileñitos aprendan a respetar (la vida, al otro, a la otra, las convicciones, la naturaleza, la cultura, al inmigrante, al musulmán, a la mujer, a las mujeres), a dialogar, a ser solidarios, a amar la paz, a convivir, los derechos y deberes constitucionales...?
2. Leído en 'Alfa y Omega', Semanario católico de información, Edición nacional, nº 583, de 6-III-2008, editado por la Fundación San Agustín del Arzobispado de Madrid, que se entrega con el diario ABC:
* perla primera: "Laicismo de Estado. ¿Hay nexos de unión entre la asignatura Educación para la ciudadanía, la investigación con embriones y la negociación con ETA?, ¿En qué consiste el proyecto ideológico de Zapatero?"
* perla segunda: "En definitiva, el engendro etarra de Z está de nuevo en el poder, armado hasta los dientes con unas pistolass y explosivos cuyos robos le servían al Gobierno para verificar el alto el fuego, y con las alforjas llenas de euros contantes y sonantes, que, para colmo, proceden de los impuestos de todos los españoles (...) Son muchos los frentes abiertos por el Presidente ultra. El más importante es que Zapatero ha impulsado el proceloso sendero de la secesión y ahora hay dos referéndum en ciernes para independizarse de España (...) Zapatero representa una oportunidad histórica perdida, pero se le acabó el pastel a él y a su cohorte de rapaces antiespañoles. Ahora tocan las urnas" (Isabel Durán).
* el semanario todo es una joya. Su título de portada, Lo que nos jugamos el 9-M. Su contenido, una agresión al Gobierno de España y a su Presidente. Una prueba documental de que la jerarquía eclesiástica (Rouco Varela es el titular del arzobispado de Madrid, presidente de la Conferencia Episcopal) no interviene en política.
Y digo yo que ante el cadáver de un socialista de Mondragón todos estos deberían callar. Y hecho el silencio, pedir perdón.

martes, 22 de enero de 2008

Proyecto 80%... ¿y más?

Año nuevo y elecciones. Gallardón, Pizarro, la lucha sin piedad por la sucesión (!) en la jefatura de la derecha, y la necesidad de una fuerte sacudida en las izquierdas. Este 'proyecto 80%' del que aquí os hablo me ha llegado por correo electrónico, y nada sé de su autoría ni de su autor (que habla en singular). Lo transcribo tal cual me ha llegado. Lo que quiere decir que me apunto. ¿Y vosotros?.
(NB. Otro día hablaremos de las Iglesias dentro de la Católica, la que -como el 'ser' de Aristóteles- 'se dice de muchas maneras'.)

"LA SOMBRA DE AZNAR y LAS AMENAZAS DEL CLERO RADICAL EXIGEN UNA RESPUESTA DEMOCRÁTICA DE LA CIUDADANÍA:

¡PROYECTO 80%!

Pregunta: ¿qué pasaría si consiguiésemos alcanzar una participación en las elecciones generales del 80%?

La izquierda lleva 4 años aletargada, esperando su momento, guardando las distancias en el debate político, mordiéndose la lengua y lo que no es la lengua, respirando hondo, tragando bilis, soportando insultos, recibiendo desprecios, pasiva, retirada, ahogada en un suspiro. Recordemos la decena de manifestaciones de la derecha mediática; las cosas que han voceado; los disparates que se han atrevido a decir; hasta donde han sido capaces de llegar manoseando instituciones sagradas como el Tribunal Constitucional; incluso se han atrevido a jugar con el dolor de las victimas y con los muertos del 11M.

Nosotros, convencidos de nuestro sentido de la responsabilidad cívica, hemos elegido, sea por omisión o por comodidad, no responder ante semejantes andanadas. Apostamos por la política del apaciguamiento y por ceder nuestra espacio en la calle confiados en que las concentraciones se deslegitimasen por sí solas debido a los discursos antidemocráticos que se desarrollaban en cada una de las intervenciones de la derecha social española. 4 años de silencio, 4 años estoicos tolerando lo intolerable.

Pero ha llegado el momento en que los ciudadanos progresistas de este país podemos responder con toda la fuerza merecida a estos 4 años de descrédito y deslealtad democrática por parte de la derecha española, individualizada en abates como Acebes, Zaplana, Alcaraz, Rouco Varela o Jiménez Losantos. Ha llegado el momento de convocar una manifestación colectiva, tan grande y espectacular, que sea capaz de procurar tal lección democrática para aquellos que han violentado nuestra convivencia, que nunca, jamás, la olviden. Es hora, es el momento, de sacar a pasear nuestro orgullo, nuestra sangre, nuestro corazón, nuestros ideales, con la cabeza bien alta. Pero no lo haremos en la calle en forma de concentración ruidosa con pancarta y sloganes.

Lo vamos a plantear desde la red, más allá de la red, aludiendo al sentido de responsabilidad ciudadana que millones de españoles tenemos. Será un boca a boca a escala nacional el que llamaremos a nuestros amigos, conocidos, familiares, compañeros de trabajo, a unirse a un objetivo espectacular y grandioso: alcanzar el 80% de participación en las elecciones generales. ¡Sí, has leído bien! ¡Un 80%! Un reto tan grande, tan valioso, que si se consiguiese nos llenará de sano orgullo y satisfacción a todos. Todos a una, poniendo granitos de arena para llegar a formar una hermosa montaña de votos, tan grandiosa que consigamos, el día 9 de marzo, admirarla con asombro y honda satisfacción.

Todo empieza con una pregunta. ¿Conoces el "Proyecto 80%"? Sí, el gran objetivo, la gran obra maestra de la izquierda española, será llegar a esa cifra para impartir una lección que jamás será olvidada. Una demostración de fuerza que nadie podrá negar. Un golpe de efecto que abra portadas, titulares y ruedas de prensa. ¿Mareante? No es imposible. Es una cifra a la que se llegó en 1982 por ejemplo. En 1993 y 1996 se llegó al 77%. En las últimas, al 76%. ¿Alguien recuerda unas elecciones democráticamente más trascendentales desde 1982?

Mirando hasta donde es capaz de llegar la derecha española uno tiene la impresión de que son los mismos que en plena transición cuestionaban la Constitución y el Estado Autonómico. Son los mismos que decían como entonces que "España se rompe". ¿Por qué no llegar entonces al 80% de participación para marcarle el terreno a esta derecha casposa y retrógrada? ¿Por qué no darles una lección en toda regla? ¿Por qué no demostrarles que España no tolera actitudes post franquistas y antidemocráticas como el boicot a los productos catalanes o el colapso de nuestras instituciones? ¿Por qué no recordarles que los ciudadanos que conformamos esta sociedad imperfecta no toleramos ni toleraremos que se juegue con la mentira, con la falsedad y con la descalificación zafia?

¡Por qué no llegar al 80% para dejar al mundo boquiabierto y para darle una lección a los Acebes y a los Zaplanas! Una meta difícil, pero altamente motivante; un objetivo grandioso que daría la vuelta a medio mundo y que devolvería la fe a la ciudadanía española. ¡Vamos!

¿Cómo? A la vez sencillo y estelar. Una campaña por internet, un mailing anunciándola, una recogida de firmas, SMS, un lugar donde centralizar propuestas, videos, iniciativas de movilización. ¡Podemos hasta plantear un concurso simbólico a ver qué circunscripción es la que más se moviliza! ¡Puede ser divertidísimo! Nos sobran ideas si nos ponemos. ¡Somos la gente de la cultura, de la inspiración, los creadores! Somos la izquierda española, unida a pesar de sus diferentes tonalidades. Que se hagan eco los medios digitales, que se entere el país que tenemos un grandioso objetivo.

¡Vamos a alcanzar el 80%! De Internet se podrá pasar al boca a boca, conseguir que se hable en los colectivos ciudadanos progresistas, en las tertulias...

"¿sabes qué es el proyecto 80%?". Veréis que remarco siempre, progresistas, bien, todos sabemos que no hace falta lanzar campañas para movilizar a la derecha. Ellos van a votar fijo, llueva, nieve o haya un terremoto. Nosotros y solo nosotros tenemos la responsabilidad y el peso para llegar, y por qué no, superar esa cifra. ¿Nos atrevemos? ¿Nos ilusionamos? ¿Nos mojamos? Un reto para ser atractivo debe ser difícil, estimulante, debe ser de tal manera que para alcanzarlo haya que dedicarle esfuerzo y tiempo, poco individualmente pero en suma una enorme iniciativa ciudadana y social. ¡Un 80%!

¿Quién se suma? ¿Te sumas tú? ¿Se suman tus amigos? ¿Esos que teniendo ideales progresistas casi nunca se animan a ir a votar porque todos los políticos son iguales? ¿Y tus familiares? ¿Qué propones? Hay tanta gente a la que movilizar e ilusionar....Podemos organizar grandes cosas. Podemos organizar una enorme fiesta en la calle el mismo día 9 de marzo si conseguimos el objetivo. ¡A la calle a celebrarlo! ¡Somos del proyecto 80% y lo hemos conseguido! ¡Somos grandes! ¡Vamos a Génova a celebrarlo con Rajoy!

¡Que se nos oiga, que se nos conozca! ¡Vamos a montar la enorme fiesta de la democracia, la del voto, la de la participación! ¡Podemos dar muchas lecciones a los políticos! ¡Somos poderosos si nos lo creemos!

Hoy será al PP. Pero el PSOE, y el resto de fuerzas políticas, tomarán nota para futuros comicios. Es un grito de "no nos falles" más alto y nítido que los anteriores. Es nuestra respuesta a las andanadas de quienes insultan, de quienes separan, de quienes odian.

¿Nos atrevemos? ¿Nos atrevemos? Yo, me atrevo. ¿Quién se apunta? ¡Proyecto 80%!

La Sombra de Aznar convoca a todos los progresistas y os pide que os hagáis eco en vuestras webs, blogs, foros y medios. Servidor pone la semilla. El sol, el abono y el agua es cosa de todos para que esta enorme iniciativa culmine.

¡Orgullo compañeros, orgullo! ¡Proyecto 80%!

PÁSALO !"

sábado, 22 de diciembre de 2007

Mi selección


No hay cosa más común en el día de hoy que dar la bienvenida al invierno que llegó ayer y tener como sintonía de fondo la letanía de los niños de San Ildefonso -miiiiil eeeuros- encandilando a los que sueñan con un golpe de fortuna, que es una rara forma de soñar.
Paseando por lo que escriben los amigos compruebo que ha hecho impacto en ellos la noticia menos sorprendente de estos días, la decisión del Presidente de convocar elecciones para el 9 de marzo. Y, con ella, y sobre todo, la consecuencia más recurrente en estos últimos años: la práctica casi general de los partidos políticos de ir designando candidatas y candidatos sin que quienes tienen que decidir votando, que son los militantes a través de los procedimientos que regulan las normas internas, hayan hablado. Y eso que en estas semanas hemos hablado de la Constitución, y de su artículo 6, que es el elogio más contundente a los partidos y su papel fundamental pero que recuerda con absoluta precisión que tanto su estructura interna como su funcionamiento deberán ser democráticos.
En esta práctica incurren hasta los que más considero personalmente. Unos porque hacen, y otros porque se dejan. Algunos más, porque dejan hacer sin decir lo que deben, si es que así lo piensan.
Y con estos trajines poco se alimentan la democracia y sus usos, y menos aún se estimula la participación.
Ocasión tendremos de hablar, y mucho, de elecciones, de propuestas, de candidatos, de programas, de ética... y hasta de estética. Y de política.
Por eso hoy quiero, que estamos en fiestas (y aquí, en mi pueblo, son pronto los Carnavales), referirme a otros partidos. De fútbol con literatura. Y con una excelente selección. Vamos, que me gustan más que la española, la francesa y la vasca juntas.
Ahí la tienen, en la foto. Y, más abajo, el partido completo, narrado por Juan Villoro, y publicado en el diario argentino LA NACIÓN de hoy.
Que sean felices las gentes (las fiestas, a mi juicio, no entienden de sentimientos ) y próspero el año nuevo.

“Yo soy Fontanarrosa”

-Te van a expulsar, pendejo -me dijo Kafka.

Yo llevaba años sin tocar un balón y de pronto enfrentaba el pésimo humor de Kafka y los consejos de Chéjov, que de nada servían.

Chéjov jugaba de medio escudo, no porque tuviera facultades, sino porque quería estar en el centro de la cancha, donde hay más gente para dar consejos. Desde el silbatazo inicial, gritó cosas apasionadas que nadie entendió. Como si hablara en ruso, el muy mamón. Por ahí del minuto 14 hubo una pausa (la pelota se fue a la cancha de al lado, donde un delantero anotó con ella un golazo inútil); mientras, Chéjov me recomendó marcar al extremo izquierdo a dos metros de distancia. Luego dijo:

-Te va a fundir.

Esto ya no era un consejo sino una negra hipótesis. No lo insulté porque yo no estaba en condiciones de discutir.

Jugábamos en un potrero con más hoyos que pasto, no lo digo para disculparme -todo el mundo sabe que las condiciones del terreno afectan por igual a los dos equipos- ni porque tenga mucho toque, pero intenté pases finos, de corte europeo, que fueron desfigurados por un hueco. Era como patear pepinos.

Todos deslucían en ese campo, pero el pinche Kafka consideraba que yo jugaba peor. Cuando me preguntaron cuál era mi posición dije que lateral derecho. Siempre jugué de extremo derecho, pero he fumado demasiado y rebajé mi puesto.

Carezco de fuelle y el dribling es una habilidad proletaria que desconozco. Me faltan potencia y picardía. Mi estilo es europeo, pero del tipo portugués. Ni muchas carreras ni muchos desbordes. Pases elegantes, alguna que otra pared, un fútbol de clase que no siempre se aprecia.

Por desgracia, yo parecía un portugués en Angola. Todas las canchas populares de México están en África. Había que oír esos gritos y ver esa tierra agrietada: una contienda inter-tribus donde cada encontronazo hacía que una espiral de polvo subiera al cielo como una plegaria primitiva. ¡Y así querían que marcara al extremo izquierdo!

Cuando conocí al equipo, me impresionó el porte de uno de los centrales, Tolstoi. El tipo parecía La guerra y la paz. A su lado estaba Ben Okri. Tenía facha de basquetbolista y terribles ojos color carbón.

No sé quién es Okri. Soy escritor pero leo poco porque no quiero influenciarme. Supongo que es un africano. En el fútbol está de moda tener africanos. Además, esa cancha era perfecta para un prófugo de los leones.

Al otro lado, de lateral izquierdo, se movía el inquieto Kawabata. Un zurdo natural que disparaba diagonales imprevistas. Tampoco he leído a Kawabata, pero vi una película supercachonda basada en un texto suyo.

Nuestro 10 era Cortázar. La verdad, era el único con idea de lo que hacía. Tocaba el balón como si hubiera nacido en Argentina. Un crack. Lo malo es que sus pases iban a dar a Joyce, un presuntuoso que se sentía hecho a mano. Cortázar le puso el balón en bandeja y Joyce disparó a las nubes, o al cielo gris donde debería haber nubes. Luego sonrió como si sus errores fueran geniales.

Aunque los demás también se equivocaban, desde el principio se ensañaron conmigo. Por ahí del minuto 28, el extremo izquierdo me rebasó con facilidad, siguió de largo y Tolstoi y Ben Okri le salieron al paso. Los centrales demostraron lo que puede la fuerza bruta ante un jugador habilidoso: lo hicieron sándwich. El árbitro decretó pénalti.

Así nos metieron el primer gol. 28 minutos sin gol podía ser visto como una proeza para nuestro equipo, pero Hemingway, que solo se animaba cuando había un conato de bronca, me vio con esos ojos que en las canchas reglamentarias significan: "nos vemos en los vestidores" y en las canchas donde no hay vestidores significan: "te voy a partir la madre", sin que haya que precisar el escenario.

En la siguiente oportunidad en que el extremo izquierdo se quiso lucir, traté de meterle una zancadilla pero me salió una patada. Vi la tarjeta amarilla. Entonces fue cuando Kafka me dijo que me iban a expulsar por pendejo.

...l era nuestro capitán. Siempre he respetado los códigos del fútbol, pero no me gustaba que un tipo con pelo de roedor (de hámster, para ser exacto) pusiera en entredicho su autoridad haciéndole caso a Chéjov, que me ordenaba como si fuera Johan Cruyff:

-¡Abre la cancha!

¿Sabía él que dos horas antes yo estaba fumando mi quinto cigarro del día? ¿Que la coca y el trago me ayudan a vivir, siempre y cuando eso no implique correr? ¿Que la barriga me pesa como si fuera de otra persona? ¿Que la última vez que visité a mi ex mujer el elevador estaba descompuesto, tuve que subir por la escalera y llegué arriba con una cara tan preocupante que ella se abstuvo de insultarme?

Obviamente no sabía nada. ...l era Chéjov, instructor de inferiores. A su lado, Kafka parecía dispuesto a enviarme a una colonia penitenciaria.

Jugaba por mi libertad, como todos los hombres de palabra verdadera, según dice el Subcomandante Marcos. Pero yo enfrentaba un desafío superior: estaba arrestado en la cancha.

Nuestro equipo llevaba nombres de escritores en los dorsales. Eso era especial. Más especial era que mis diez compañeros trabajaban en la policía.

Alguna vez le dije a mi ex esposa (entonces mi novia) que el fútbol significaba un estado de ánimo. He llorado con los goles del Cruz Azul y mi única fractura se debió al fútbol (pateé el refrigerador cuando nos eliminó el Santos). Afición no me falta. Cada vez que atravieso un parque y veo niños jugando, anhelo que se les vaya la pelota para devolvérselas con un toque que considero maestro, aunque le pegue al carrito de algodones de azúcar.

Lo que me molesta es correr. El organismo se degrada con ese desgaste disfrazado de ejercicio. Correr envilece y correr en el trópico o a dos mil metros de altura envilece dos veces. Los mexicanos debemos caminar.

El problema, mi problema, es que ese partido podía ser la salvación. El fútbol regresaba como el peor estado de ánimo: la angustia del hombre acorralado.

La mañana empezó mal. Abrí el periódico y vi el marcador del narcotráfico: cuatro ejecutados, dos en Zamora, mi ciudad natal, y dos en Guadalajara, donde estudié la universidad. Las ejecuciones se habían convertido en mi horóscopo. Si las víctimas caían en sitios que tenían que ver conmigo, el día era atrozHe omitido un detalle que no me queda más remedio que decir. Cuando los policías me detuvieron, les ofrecí un billete de cincuenta pesos. Me vieron con el rencor de un pueblo especialista en sacrificios humanosser mi salvación. El fútbol regresaba como el peor estado de ánimo: la angustia del hombre acorralado.

La mañana empezó mal. Abrí el periódico y vi el marcador del narcotráfico: cuatro ejecutados, dos en Zamora, mi ciudad natal, y dos en Guadalajara, donde estudié la universidad. Las ejecuciones se habían convertido en mi horóscopo. Si las víctimas caían en sitios que tenían que ver conmigo, el día era atroz.

A pesar de las señales en contra, salí a la calle, y no solo eso: salí con el Mecate. Me pidió que lo acompañara a Ciudad Moctezuma a ver a un mecánico baratísimo.

El coche del Mecate revela que ya consultó a un mecánico baratísimo, pero necesitaba otro, a 15 kilómetros de donde estábamos, para cambiar el claxon que sonaba como si tuviera gripe.

Todo esto resulta indigno de figurar en una historia, pero cuando uno se siente en deuda hace cosas indignas de figurar en una historia. El Mecate enseña Educación Física en una secundaria donde las tres maestras de Español están enamoradas de él. Gracias a eso, recomiendan mis libros juveniles y una vez al año me invitan a un auditorio donde reúnen a mil lectores cautivos. Entonces siento un poder magnífico. Con el Mecate iría a la Patagonia.

Hicimos hora y media de camino. En el desayuno, yo había bebido una cafetera completa. Cuando pasamos junto a la Cabeza de Juárez, me estaba orinando. Apenas pude disfrutar la vista de ese horrendo monumento, el cráneo colosal del Benemérito de las Américas montado sobre un arco que lo hace ver aún más alucinatorio. Aunque no advertí toda la fealdad en su espectacular detalle, la imagen resultó profética.

Entramos a un inmenso conglomerado de casitas de dos pisos donde la planta baja es ocupada por un negocio y la azotea por perros, antenas y tinacos. Cuando llegamos al taller, me pellizcaba la mejilla para que el dolor me distrajera.

Minutos después oriné sobre un montón de piedras. El taller mecánico estaba junto a un sitio donde hacían lápidas para cementerios y figuras de yeso.

Un hombre desesperado puede orinar entre futuras tumbas. Un hombre muy desesperado puede orinar sobre una estatua de Benito Juárez. Fue lo que hice.

Me gusta contar el tiempo en las orinadas largas. Mi récord son dos minutos. Iba en el segundo 98 cuando alguien me tocó la espalda. Me volví y oriné los zapatos de un policía.

-Mira nomás, pendejo -el policía señaló sus pies; luego señaló lo que yo había tomado por una piedra. ¿Ya viste?

-¿Qué?

-¡Measte a Juárez!

Me acuclillé para ver la piedra y comprobé que, en efecto, se trataba de un busto en miniatura del Benemérito de las Américas. A su lado estaban Morelos con su pañuelo en la cabeza, Carranza con sus barbas, Allende con sus patillas. ¿Cómo no los había distinguido?

Cuando me incorporé, un pelotón rodeaba al policía. Me vieron como si mis orines hubieran apagado la flama del Soldado Desconocido.

Los policías estaban ahí para escoger una lápida en memoria de un compañero acribillado. La ocasión era solemne. Eso me lo dijeron después. En ese momento solo criticaron lo que yo había hecho. Orinar una propiedad privada (ajena) es delito. Mancillar un símbolo patrio es un delito peor.

Los policías de Ciudad Moctezuma llevaban un uniforme algo distinto al de los del D. F. Pero eso los distinguía menos que otro detalle: eran juaristas convencidos. Mi suerte había sido pésima: la cabeza de Juárez es la que más se parece a una piedra redonda.

El celo histórico de los uniformados se confundía con el abuso de autoridad, pero un sexto sentido me indicó que decirlo podía ser nocivo para mi salud.

Me llevaron a la patrulla sin que pudiera despedirme del Mecate. En el camino a la delegación, politizaron mi arresto. Me recordaron que la izquierda mexicana es juarista y que Ciudad Moctezuma está regida por la izquierda. El gobierno federal no le perdonaba a Juárez haber separado la Iglesia del Estado, ni haber sido indio.

-La derecha es discriminatoria -dijo un policía.

-Yo no discrimino a nadie -me defendí.

-¡Te measte en Juárez!

-Fue un accidente.

-No hay accidentes, solo hay consecuencias -contestó otro policía.

Pensé que era una cita. Luego me pareció discriminatorio suponer que si un policía dice algo raro es una cita. Guardé silencio para no parecer antijuarista.

No fuimos a la delegación porque hubo un 28 y un 04. Eso dijo el radio. La patrulla se desvió primero a una licorería que había sido asaltada y luego a una escuela donde encontraron una mochila con mariguana "que no era de nadie". Vi trabajar a los policías durante hora y media con dedicación. Esto resquebrajó algunos prejuicios que tengo sobre las fuerzas armadas.

La siguiente sorpresa vino cuando me preguntaron a qué me dedicaba.

-Soy escritor.

-¿Le gusta el fútbol? -preguntaron, como si hubiera relación entre las dos cosas.

-El fútbol es un estado de ánimo -dije, para demostrar que soy escritor.

La frase no les interesó. Uno de los policías me escrutó como si buscara mis obras completas en el nacimiento del pelo:

-A ver: ¿quién escribió La vorágine?

Estaba muy nervioso y aún no me acostumbraba a respetar a la policía. Cuando el uniformado dijo "La vorágine" pensé que, en su condición de iletrado, malpronunciaba un título francés, algo así como La vorange. Como no sé francés, no quise ser pedante ni arriesgarme en falso con un autor:

-No sé.

No creyeron que fuera escritor.

El operativo 28 y el 04 retrasaron a la patrulla en su principal meta del día: un partido en cancha grande.

No les daba tiempo de dejarme en una celda y tuve que acompañarlos.

En el trayecto sonó el radio:

-"Houston, tenemos un problema".

Luego siguió una conversación que la estática volvió incomprensible.

-Llevamos un elemento -el policía que iba al volante dijo en su radio.

Fuimos los últimos en llegar al campo. Los demás ya estaban vestidos, con camisetas a rayas azules y negras, como el Inter de Milán.

-Nos falta un jugador -me explicó el policía que me había arrestado.

Fue así como me entregaron la camiseta de Fontanarrosa.

-Para ponértela, tienes que aprender esto -me dieron una tarjeta.

El ayuntamiento izquierdista había lanzado un peculiar programa de promoción de la lectura entre los policías. Les daba uniformes a condición de que portaran nombres de escritores. Para vestir la camiseta, había que saber quién era el autor que la respaldaba. Después del partido se celebraba una velada literaria.

Leí mi tarjeta: "Roberto Fontanarrosa fue un humorista que ayudó a pensar en serio. Dibujó la series de Boogie el aceitoso y El renegau. Hincha del Rosario Central, escribió inmortales cuentos de fútbol. Su libro Una lección de vida resume en su título lo que dejó a sus lectores. Cuando murió, las barras pidieron que el estadio de Rosario llevara su nombre. Se reunía a hablar con los amigos en el Café Egipto. Ahí, una taza no deja de echar humo, por si el Negro regresa".

Hace años escribí una nota un poco displicente sobre Una lección de vida. Quería mostrarme como escritor sofisticado y no me pareció correcto elogiar a un caricaturista. Ahora, la camiseta con su nombre podía congraciarme con los policías. Me la puse como una segunda piel.

El policía que había conducido la patrulla resultó ser Chéjov. Justo cuando pensaba que un buen rendimiento en el partido podría salvarme se acercó a decir:

-Estás arrestado. Vas a jugar, pero arrestado.

¿Puede alguien sobreponerse a semejante presión? Tenía tantas ganas de hacer las cosas bien que las piernas me temblaban.

He omitido un detalle que no me queda más remedio que decir. Cuando los policías me detuvieron, les ofrecí un billete de cincuenta pesos. Me vieron con el rencor de un pueblo especialista en sacrificios humanos. Entonces les ofrecí cien, pensando que había un problema de cotización.

-No aceptamos sobornos: esto no es el D. F.

Había caído en un andurrial donde la norma era inflexible. Cuento esto para que se comprenda mi angustia en la cancha: esos policías no me iban a perdonar así nomás. Todo les parecía grave. Eran fanáticos juaristas que no se corrompían y esperaban que yo frenara al extremo izquierdo.

Me apliqué en la marca, como si me entrenara el dictatorial Lavolpe, pero fui rebasado, metí el pie en un agujero, tropecé con Tolstoi, la pelota me rebotó en la espalda y el enredo se convirtió en un pase para el centro delantero rival: 0-2.

En el segundo tiempo la vista se me nublaba de cansancio pero no me rendí. En algún minuto impreciso recibí un balón elevado, lo maté con el pecho y chuté con efecto. El balón salió como un planeta en miniatura, girando sobre su eje, y fue a dar al rincón donde anidan las arañas. En caso de contar con redes, aquello se hubiera visto como un golazo. El único problema es que esa era mi portería.

Hemingway llegó dispuesto a matarme.

-"Los valientes no asesinan" -cité la frase con que Guillermo Prieto salvó la vida de Benito Juárez.

Debo reconocer que los policías juaristas respetan sus principios: Hemingway me perdonó la vida.

Se podría pensar que el marcador de tres goles en contra, las condiciones del terreno y mi escasa capacidad de respirar en ese aire cuajado de polvo podían desanimarme, pero no fue así. Corrí por mi libertad, me barrí aunque no fuese necesario y fracturé al extremo izquierdo.

El árbitro fue sádico: en vez de sacarme la segunda tarjeta amarilla y luego la roja, me sacó directamente la roja para enfatizar mi torpeza.

Ya dije que en Ciudad Moctezuma hay leyes que se respetan. Cuando un futbolista es expulsado se le suspende dos partidos, aunque se trate de una liga amateur y las porterías no tengan redes. Por mi culpa, el verdadero Fontanarrosa se iba a perder lo que quedaba del campeonato.

Salí de la cancha corriendo, para no retrasar el juego y permitir que mis compañeros anotaran tres goles para empatar. Atrás de mí venía Kafka.

Se dirigió a un maletín de utilero y sacó unas esposas.

Pasé el resto del partido encadenado a un poste.

Ya sin mí, el equipo recibió otros dos goles, pero ellos no reconocieron que les hice falta. Después de los tres pitidos finales, volvieron a verme con ojos de sacrificio mesoamericano.

Por primera vez consideré una suerte que respetaran la ley. Un poquito de impunidad habría bastado para que me asesinaran.

¿Qué podía hacer para calmarlos, recitar la frase famosa de Juárez: "El respeto al derecho ajeno es la paz"? Guardé silencio y eso me ayudó.

Después del partido, el equipo debía asistir a la tertulia literaria. Tampoco ahora había tiempo para llevarme a la delegación.

Los acompañé a un salón de la presidencia municipal. Entramos en uniforme, con caras de policías goleados, más tristes que las de los futbolistas.

Me sentaron entre Kawabata y Okri. En ese momento, ocurrió algo desagradable: Jorge Linares entró al estrado por una puerta lateral.

Los policías aplaudieron su llegada. A continuación, uno por uno se pusieron de pie, dijeron el nombre del escritor que llevaban en la espalda y recitaron su biografía. Cuando me tocó mi turno dije:

-Yo soy Fontanarrosa.

Linares me vio con atención. Nos conocíamos de nuestros inicios literarios. ...l es de Colima y recibimos juntos la beca Jóvenes Creadores del Occidente.

A pesar de sus ojeras, los dientes manchados de tabaco, el pelo ralo y la frente arrugada por sus fracasos literarios, Jorge era reconocible. Más difícil resultaba que me ubicara a mí, con la camiseta del Inter, en un equipo de policías de Ciudad Moctezuma.

Recité lo que recordaba de la tarjeta. Jorge sabía de memoria las biografías porque él las había escrito. Me vio con incertidumbre, como si tratara de recordar algo.

Lo que quería recordar era lo siguiente: en 1998 nos peleamos por Fontanarrosa. Me acuerdo bien porque fue el año del Mundial de Francia. Jorge era entonces jefe de redacción de una revista que desprecio pero donde a veces publico porque soy plural. Escribí para ellos la reseña de Una lección de vida. Jorge la rechazó con estos argumentos:

-No te atreves a decir que el autor te gusta porque te parece populachero y tú quieres ser el escritor más fino de Zamora. El epígrafe de Adorno no viene al caso: lo pusiste para lucirte.

El comentario me molestó por veraz. Había leído a Fontanarrosa con gusto y mis reparos eran caprichosos (lo acusé de colonialista por escribir "mejicano" en vez de "mexicano"). Sin embargo, en ese momento pensé que Jorge quería bloquear mi carrera, me odiaba por ser un mejor escritor del Occidente y solo se interesaba en Fontanarrosa por estar enfermo del fútbol.

Poco después, Jorge dejó el trabajo de jefe de redacción, se fue como corresponsal al Mundial de Francia y comenzó el sostenido hundimiento que ha sido su trayectoria. No volvió a escribir cuentos. Adquirió la deleznable notoriedad de un cronista de fútbol y apareció en programas deportivos donde parecía intelectual porque nadie lo entendía. Mientras él se sometía al declive de alguien que solo concibe una metáfora si incluye un balón, yo aprovechaba el tiempo de otro modo. No puedo decir que me haya consagrado, pero soy uno de los autores juveniles más leídos de México, especialmente en la escuela del Mecate, y el año pasado recibí la Mazorca de Plata para autores del Occidente. Si ahora Jorge Linares me odia es por envidia.

Después de que recitamos las biografías, él leyó unos textos que hicieron reír mucho a los policías. En la sección de preguntas y respuestas, mis compañeros de equipo revelaron que lo habían leído con admiración, y no solo a él, sino a otros autores que mencionaron al lado de Zidane y Figo. Al terminar la lectura, rodearon a Jorge para pedirle autógrafos, como si fuera Maradona.

Cuando lo dejaron libre, él se acercó a preguntar:

-¿Qué haces aquí?

-Yo soy Fontanarrosa -repetí, como si no pudiera decir nada más.

-Un grande -dijo él.

-Grandísimo -agregué, con tardía sinceridad.

En ese momento el Mecate entró a la sala. Me había buscado por toda Ciudad Moctezuma y al descubrirme gritó mi nombre como un náufrago que ve una gaviota.

La expresión de Jorge no cambió:

-¿Qué haces aquí? -insistió.

-Me arrestaron -contesté, y le conté mi historia.

Los policías le tenían respeto a Jorge. Nos dejaron hablar, sin interrumpirnos ni acercarse a nosotros. La situación cobró tal rigidez que ni siquiera el Mecate se aproximó. Fue un momento extraño, como cuando los capitanes de los equipos discuten en la cancha y nadie se les acerca. Una pausa dramática en la que dos rivales resuelven algo urgente. Segundos después volverán a odiarse. En ese instante, concentran las miradas del estadio entero y sus compañeros aguardan como estatuas. ¿Hay mayor tensión que la de los enemigos que acuerdan algo? Ese diálogo no califica como una jugada; al contrario: suspende el partido, ocurre fuera del tiempo, en una lógica paralela, inescrutable, que agrega un elemento extraño, que nadie desea pero contra el que no se puede hacer nada, un pacto oscuro y preocupante, el de los adversarios forzados a coincidir. Así nos vieron los demás, o así quise que nos vieran.

Cuando acabamos de hablar, Jorge se dirigió a los policías y me dejaron libre. Ellos lo hubieran obedecido en cualquier cosa. Pude regresar a casa, en el coche del Mecate, al que ahora le sonaba el claxon cuando caíamos en un bache.

¿Qué fue lo que Jorge Linares me dijo en aquel conciliábulo? Contó que había perdido la facultad de escribir historias. No se le ocurría nada. Solo podía narrar lo sucedido en una cancha de fútbol. Me pidió mi historia a cambio de mi libertad. Acepté porque no me quedaba más remedio:

-"Una lección de vida" -recité.

Jorge me dio un abrazo. Olía a tequila y a jabón barato.

Sentí lástima por él. Luego me irritó no haberme dado cuenta de que lo mío era una historia.

Al despedirse, Jorge se hizo el interesante:

-Un defensa debe dejar que pase la pelota o pase el jugador, pero no a los dos. La literatura es igual: a veces pasa la historia, pero no el autor.

El hijo de puta se quedó con mi cuento. No digo que yo lo hubiera escrito como Borges, pero sí como un mejor escritor del Occidente. Modestia aparte, él tiene el tema, pero no tiene mi voz.


domingo, 18 de noviembre de 2007

Gregorio

Se van yendo. Hace meses lo hizo Simón. Ayer, Gregorio. Y se van en silencio. En el funeral de Simón Sánchez Montero (toledano, panadero, comunista, hombre bueno), no éramos más de cien personas. La familia de Gregorio López Raimundo ha tenido el buen criterio de no hacer un funeral público.
Se mueren y no son ni memoria. Para más señas, a Gregorio lo presentan (digo yo que sólo fuera de Cataluña) como el padre del escritor Sergi Pàmies.
Así, si no lo evitamos, se irá borrando la historia del tesón, de la renuncia, de la entrega, de la larga (demasiado larga, quizás) lucha por la democracia y por las libertades. ¿O no fueron ellos -y los que con ellos fueron- los que con más fuerza las soñaron, los que con mayor pasión las desearon?
Hice con Gregorio un viaje muy especial. A Estrasburgo en autobús, ida y vuelta, que no estaban las finanzas para otra cosa. Candidatos -los primeros, las primeras elecciones- al Parlamento Europeo: nosotros, los eurocomunistas de entonces, ¡vueltas que da la vida!. Y Gregorio era ('els cabells blancs, la bondat a la cara') tal como Raimon lo cantó. T'he conegut sempre igual com ara.
Hay más noticias. Dice la policía que los neonazis en España son 10.000. ¿Muchos?. Y que nos visita un (ex)lider del Klu Klux Klan.
¡Qué cosas, Simón!, ¡Qué tiempos, Gregorio, amigo!.

domingo, 4 de noviembre de 2007

La actualidad de Zarra

Un apunte de la edición de hoy de un periódico 'público' me da que pensar. '¿Quién fue el autor intelectual del gol de Zarra?'. Hay que tener algunos años para encontrar el regusto intelectual del titular, pero ¿acaso se puede resumir mejor y con mayor contundencia la actualidad?. Genial la incursión de Zarra en el postonceeme.
Pregunta: si 'El Egipcio' (¡vaya nick!) hubiera sido condenado, y permítaseme el uso de un futurible basado en la hipotética existencia del concepto de 'autoría intelectual' tipificado como delito en nuestro código penal, ¿acaso alberga duda alguien medianamente tocado con una pizca de autoridad intelectual de que seguiríamos sin conocer a todos los autores intelectuales de la matanza?
Si la pretensión de un imposible conduce normalmente, en el caso de la gente del común, a la melancolía, en el caso de quienes se cuelgan del espantajo prefabricado del 'siempre podremos conocer más' lleva directamente a la ignominia. A la misma de la que proceden.
Sarkozy nos trae a las azafatas españolas del oscuro asunto del Chad. Nada reprochable. Incluso, ¡chapeau!. ¿Cuánto tiempo tardaremos en oir los reproches de la oposición de aquí?. ¿A Sarkozy?. No, hombre, qué va. A Zapatero.
A Zapatero, que estuvo ayer en Puertollano como a mí siempre me ha gustado: haciendo lo que deben hacer todos los gobernantes al menos cuando finaliza la legislatura, que no es otra cosa que rendir cuentas y decir y explicar qué se ha hecho con el voto que se pidió a los ciudadanos -y que se obtuvo de la mayoría- en la campaña electoral cuatro años antes (¿os acordáis los amigos?).
Y me da que pensar que una de sus reflexiones dará juego en la próxima campaña. 'Con la cabeza bien alta', 'con humildad', y también 'reconociendo los errores': así dijo que irá a pedir el voto. Reconociendo los errores.¿Para cuándo seremos -también en esto- 'de los nuestros'?
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