martes, 23 de abril de 2019

leer

Fortuna

Por años, disfrutar del error
y de su enmienda,
haber podido hablar, caminar libre,
no existir mutilada,
no entrar o sí en iglesias,
leer, oír la música querida,
ser en la noche un ser como en el día.

No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.

No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada.

Ser humano y mujer, ni más ni menos.


Ida Vitale*

* que hoy recibe el Premio Cervantes

domingo, 14 de abril de 2019

mañanita de abril

Hace tiempo
 
                                             A Nati y Jorge Riechmann

Recuerdo que una vez, cuando era niña,
me pareció que el mundo era un desierto.
Los pájaros nos habían abandonado para siempre:
las estrellas no tenían sentido,
y el mar no estaba ya en su sitio,
como si todo hubiera sido un sueño equivocado.

Sé que una vez, cuando era niña,
el mundo fue una tumba, un enorme agujero,
un socavón que se tragó a la vida,
un embudo por el que huyó el futuro.

Es cierto que una vez, allá, en la infancia,
oí el silencio como un grito de arena.
Se callaron las almas, los ríos y mis sienes,
se me calló la sangre, como si de improviso,
sin entender por qué, me hubiesen apagado.

Y el mundo ya no estaba, sólo quedaba yo:
un asombro tan triste como la triste muerte,
una extrañeza rara, húmeda, pegajosa.
Y un odio lacerante, una rabia homicida
que, paciente, ascendía hasta el pecho,
llegaba hasta los dientes haciéndolos crujir.

Es verdad, fue hace tiempo, cuando todo empezaba,
cuando el mundo tenía la dimensión de un hombre,
y yo estaba segura de que un día mi padre volvería
y mientras él cantaba ante su caballete
se quedarían quietos los barcos en el puerto
y la luna saldría con su cara de nata.

Pero no volvió nunca.
Sólo quedan sus cuadros,
sus paisajes, sus barcas,
la luz mediterránea que había en sus pinceles
y una niña que espera en un muelle lejano
y una mujer que sabe que los muertos no mueren.


Francisca Aguirre

Hace tiempo hubo una noche llena de luna un homenaje. Se lo hicieron a él, el marido poeta de voz inolvidable. Aquella noche oí las palabras de amor más hermosas: Félix se las decía allí, delante de todas aquellas autoridades, a Paca. Y para ella fue -lo pensé para mi- el homenaje y la noche y la luna. Hoy, cuando he sabido de su muerte, lo recuerdo. 
Y en el recuerdo, un aire republicano. ¡Salud y República, compañera!.  

viernes, 5 de abril de 2019

aprilia

Yo he pasado una vergüenza enorme viendo a los españoles “demostrar” su españolidad. Porque no se trata, en su caso, de mostrarla, sino de demostrarla. Es algo terrible. La ostentación de la “españolez” me provoca náuseas allí donde la reconozco, ya se trate de un baile regional, de una romería popular o de un evento deportivo. El otro día, una periodista me preguntó a bocajarro: “¿Sigue usted odiando a España?”. Hombre, dicho de esta manera suena como una solemne estupidez. ¿Cómo odiar España así, en abstracto? Odio a España cuando pienso en los toros o en la fiesta del Rocío.

(Rafael Sánchez Ferlosio, entrevistado por Ignacio Echevarría en El Cultural, 27/03/2015)


[…] Y en ésas estamos. Pintan bastos. Nada contra el hastío. Sólo cantamañanas y talibanes, piratas y bucaneros, mujeres pirañas y amigos de alquiler, guiris y guripas, poltronas y prebendas, zombis y clónicos. Maneras de malvivir. Todo se descompone y estalla en mil pedazos con facilidad intolerable. Sube la marea de la ambición y la desmemoria. A este paso, si me voy al infierno, tendré mucha compañía. La vida hoy es un contrato basura y sólo me quedan estos escritos corsarios, estas pequeñas radiografías de un agridulce deterioro, para contarlo sin cortapisas. Especulaciones inciertas y disidentes sobre la casualidad o el destino.
Quizá la existencia, el amor y la muerte no sean sino una sucesión de coincidencias. Quizá sólo cabe dar un portazo al dios dinero o sumergirse en el chantajismo permanente de la vida fácil. Nobles prejuicios, dirán los que nunca saben dónde está la diferencia. Ridículos. Falta coraje y es hora ya de soltar lastre. Que retornen la pasión y la utopía. Que al fin triunfen el ánimo transgresor, la sonrisa fresca, la belleza natural y la imaginación portentosa. Uno, de momento, continúa refugiándose en la escritura íntima y denunciando lo evidente: ese imparable acoso moral del que somos víctimas en este inhóspito lugar planetario repleto de individuos sonámbulos, indolentes, tristes, rancios, golfos, envidiosos, mediocres y hasta esquizofrénicos. […]

(Raúl Carlos Maícas, La nieve sobre el agua, Fórcola, 2019)


Esta misma mañana, en una emisora de radio, intento escuchar lo que se anunciaba como un debate -finalmente trasmutado en monólogo de sordos- sobre distintos programas electorales en materia de economía. Solo saco en claro que a Lacalle, al que llaman ‘gurú económico’ (¿?) del PP, abomina de la izquierda que solo trae despilfarro y miseria, y le gusta Raphael. Más en la línea de su abuelo que de su padre. Eso sí, lo que menos disimula, junto a su aversión a los impuestos, es su evidente mala educación.
Y en mis adentros, mientras, voy pensando en el refranero. Dime de qué presumes…

sábado, 16 de marzo de 2019

papeles

En este contexto de reconfiguración del poder mundial, es la hora de analizar cuál va a ser el papel de España. De momento y por desgracia, somos una nación subordinada: en el reparto de funciones globales, a España le ha tocado cuidar de los jubilados europeos, ejercer de territorio vacacional, ser fuente de recursos para los tenedores de la deuda y ocasionalmente producir futbolistas. España apenas cuenta con poder financiero, ni con fuentes de energía propia, poder militar o tecnología avanzada, y ni siquiera tiene agricultura y ganadería para abastecerse, lo cual nos convierte en un país especialmente débil. Más vale que empecemos a plantearnos cuál va a ser el futuro de España en el nuevo contexto geopolítico, porque nos jugamos muchísimo.’

Para seguir leyendo, aquí.

viernes, 15 de marzo de 2019

elegancia

CON el tiempo me he vuelto silencioso
como el carbón de estufa.

Desde hace algunos años, me encomiendo
a los pájaros mudos
y a los hombres
que hicieron del sigilo su ciudad en la tierra.

El silencio es un océano en calma
que permite que afloren
como islas
o como promontorios
los pequeños sonidos de las cosas,
sus músicas secretas.

El silencio le deja a cada uno llegar a ser quien es.
El silencio es la elegancia absoluta.


Basilio Sánchez, He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes*, Visor, 2019.
*Premio Loewe

miércoles, 13 de marzo de 2019

sombras

'Al principio fue un largo, inesperado, apagón de cinco horas. Caracas parecía un hormiguero destapado. Más allá de las citas canceladas, los cheques sin cobrar, la comida descompuesta y el colapso del metro, Miguel Ardiles recuerda ese día con una ternura casi paternal: la ciudad sintió el estupor de ser cueva y laberinto.
En los meses siguientes, a medida que los apagones se repetían, los habitantes fueron dibujando sus primeros bisontes, marcando con piedras los recodos familiares del recinto. Luego el Gobierno anunció el plan de racionamiento de energía. Los voceros de la oposición no tardaron en recordar la situación de Cuba en los años noventa y cómo el plan de cortes eléctricos que implementaron durante el periodo especial era idéntico al que se iba a aplicar en Venezuela.
El anuncio se hizo a la medianoche del miércoles 13 de enero de 2010.
(...)'


Rodrigo Blanco Calderón, The night, 2016.

viernes, 8 de marzo de 2019

8M

Escribo nido
no pecho no carne no cielo


I
Solo hay una forma correcta de llevar un registro
de aves:
el sujeto que observa y anota siempre es el
mismo
las manos que agarran son siempre las mismas
los animales que se escriben tarde o temprano
hacen el nido
en ningún caso se permitirá el retorno de un
animal del cuaderno enfermo al cuaderno sano
las aves y este cuerpo siempre buscaron la
caída
hombres y animales siempre comparten la
misma página


II
así la palabra pecho, así la palabra nido
así esta sucesión de manos que han pasado
siempre por la misma parte de mi cuerpo podría
constituir una narrativa;
no una sucesión de gritos, no una sucesión de
espacios
porque vosotros
siempre os refugiáis
en mi pecho que es isla
en mi pecho que es paraíso
en mi pecho que es cúmulo de leche invisible,
sudor y sangre
yo que os enseñé con esta parte de mi cuerpo a
tener hambre, soy incapaz de responder si me
preguntan: señorita, diga la región exacta,
concreta, única, señorita, dígame todos los
nombres correctos de vasos y venas, ganglios y
linfa, músculos y grasa, tipo de divisiones y de
células... pero señorita, ¿cómo que no lo sabe? si
estamos hablando de su propio cuerpo
no, no, y no
pero quizás puedo decirle, señor,
mientras mira atentamente esta parte de mí
esta parte de grieta y ayuno,
este sitio donde anidaron todos los hombres de
mi vida:
(sí mi abuelo, sí mi padre, sí mis hermanos, sí él
que hizo posible la caída, sí, el que ensuciaba
todas las calles con el nombre de arthur cravan)
sí todos los animales que he alimentado como
los hijos que no tengo,
porque ya sabe,
     yo soy un vientre vacío, mamá
y no soporto que escribáis sobre vísceras y venas
sin haberlas tocado:
hablo de tener las manos ardiendo y empapadas
de sangre, hablo de los últimos movimientos y
de lo caliente que está un cuerpo antes de
marcharse.
hablo de saber señalar en el mismo órgano
moribundo el dolor exacto, el agujero recién
nacido.
por eso os digo, si os preguntara:


¿qué cantaríais?


III
venid que yo os enseñaré a tener siempre
     hambre
venid que yo os enseñaré qué es la verdadera
      pureza
venid que yo os enseñaré sobre anatomía y
      animales
venid que yo os enseñaré a elegir bien entre la
     carroña
venid que yo os enseñaré a alimentar a los
     buitres hermanos
venid que yo os enseñaré a diferenciar el poema
     de la cacería
venid que yo os enseñaré qué canción hay que
     cantarle a la muerte


IV
porque vosotros con esta parte de mi cuerpo os
comportáis como pájaros
porque a todos vosotros os cobijé en la misma
región anatómica, y aunque solo sepa de cuerpos
y enfermedades de animales, podría equiparme
con cualquiera de ellos y deciros que
     tengo el corazón de vaca
     tengo los dientes de perro
     tengo la placenta de yegua
     tengo el vientre lleno de leche de gato
          para las crías que invento
porque yo los he abierto para aprender a
delimitar de manera concisa y exacta
qué trozo de carne debo tocar para que un cuerpo
de carne no se derrame
por eso os digo
que yo,
que me he quedado dormida mientras os
amamantaba,
yo que he sido ofrenda y alimento,
rastrojo y desperdicio,
sal y lágrima,
puedo deciros otra vez
la razón por la que seguís comiendo de mí
(sí profesores, sí hermanos, sí amantes)
Porque habéis aprendido como esa especie de
pájaro a construir solo el nido en árboles que se
preparan para morir.
Porque habéis elegido lo que se esconde y lo que
hace latir, el mismo fluido incansable infinito del
color de la leche.


Mientras os lloro,
mientras con mi propio cuerpo
os doy de comer.
_________________________________________________________________________


María Sánchez*, Cuaderno de campo, La Bella Varsovia, 2017

*mujer, veterinaria de campo, poeta
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...