Así era
lunes, 4 de abril de 2022
josé hierro, centenario
sábado, 5 de marzo de 2022
PPP
miércoles, 2 de marzo de 2022
kiev
Hará pronto 35 años de mis días en Kiev, a donde llegué por tren -toda una
noche blanca y mágica de samovares- desde Moscú. Tiempo de perestroika,
de deshielo en pleno noviembre (-20°), de calles regadas con un líquido lechoso
que nos recordaba la cercanía de las tierras arrasadas de Chernóbil.
En Kiev viví el orgullo de su gente por haber resistido ante los ejércitos
de la locura imperialista nazi, supe de su veneración por los niños, que fueron
futuro después de los millones -entre seis y siete- de ucranianos muertos
(bombardeados, fusilados, ahorcados, hambrientos… asesinados) en esa guerra que
en aquella Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas llamaban Gran Guerra Patria. Me confesaron allí,
casi al oído, su vergüenza por la intervención en Afganistán (la sala ad hoc en el museo estaba cerrada) y,
además de a la Ópera y al monasterio de Labra (y allí los ojos más hermosos que
he visto nunca), me llevaron a un koljós
del que nada diré.
Paseé por las calles que ahora quieren mancillar otros tanques -los mismos
de antaño con otras banderas-, esas que han vaciado de vida para sembrarlas de
muerte y miedo los mismos fanáticos imperialistas que hasta ayer se decían
hermanos y vecinos de buena voluntad. Los mismos, Putin su sombra y su cara,
que en unos días han echado por tierra decenas de años de movilizaciones y
luchas, de negociaciones y acuerdos, de convenciones y tratados por el desarme
y la paz, por la reducción y la destrucción de los arsenales nucleares.
Cuando mis días en Kiev acabábamos de perder en España el referéndum sobre
nuestra incorporación a la OTAN. Hoy pienso casi lo mismo, por no decir que
casi peor que entonces, de ese aparato militar, monstruo insaciable, que
engulle sin cesar armas, vidas y dineros. Pero no me confundo: hay una guerra
en la Europa que soñó la paz perpetua, y
un solo y único agresor, el aparato militar zarimperialista conducido por las
élites extractivas (oligarcas los llaman en la prensa) que han dejado en la
noche del olvido las nobles metas de aquel Gorbachov al que no le permitieron
cambiar la historia.
Los Putin, que no Rusia ni el pueblo ruso, desencadenando una guerra
económiconacionalista absurda y asesina, son los que están moviendo al mundo de
nuevo hacia el rearme, la desconfianza y el miedo. El cultivo perfecto para el
auge del fascismo. Ese en el que se
basarán, para mejor justificarla, los profetas de la ampliación y expansión sin
fin de la OTAN y su capacidad de destrucción.
No me alegra nada, por eso, que Alemania anuncie el refuerzo de su Ejército
e inicie lo que será sin duda alguna un camino seguro hacia el incremento del
presupuesto militar en todos los países de la UE. Serán las armas -y sus
fabricantes y sus traficantes- y los ejércitos, que no la educación, las
pensiones y la sanidad, las que se beneficien de las consecuencias de la locura
fría de los Putines todos.
Como no me gustaría tampoco que las sanciones económicas acabaran
arrastrando al pueblo ruso no hacia una exigencia mayor de democracia y
libertad sino al sentimiento victimista de estar doblemente acorralado: por sus
plutócratas autóctonos y ‘los occidentales’, que decía ayer su embajador en la
ONU.
En ruso, mundo y paz son la misma palabra.
A mi me gustaría tener una que significara a la vez mundo y paz, libertad y
democracia.
jueves, 24 de febrero de 2022
española
‘El problema de España, las
razones que la han convertido en un conflicto para millones de españoles, la
anormalidad de este país bipolar que solo logra comportarse como los demás
cuando la selección nacional juega un mundial de fútbol, el amor y el desamor
que nos parten continuamente por la mitad, los orígenes, el desarrollo, los
relatos contrapuestos, las soluciones posibles para curar esta herida que
sangra demasiado, desde hace demasiado tiempo, y nos hace demasiado daño,
constituyen el tema de este libro.
Porque creo que es un problema
auténtico, que existe de verdad por más que muchos se empeñen en negarlo.
Porque si no analizamos los errores que se cometieron en el pasado, nunca
encontraremos la manera de extirparlos del futuro. Porque yo no llevo una pulsera rojigualda en la muñeca, pero soy
española y amo profundamente a mi país, aunque a veces me duela.’
De Preliminar.
Historia de este libro, en
Almudena Grandes, La herida perpetua. El problema de España y la regeneración del presente, Tusquets, 2019
viernes, 28 de enero de 2022
crónica
Ojos
A Fernando
y en Hugo se despierta
la más ancha sonrisa
Estamos en la espera
sala J
y somos ya decenas a esta hora
esperando a que sigan cuidando nuestros ojos.
Son nuestra piel primera
ventanas que al mundo de los vivos se nos abren
ojos de buey por las que asoma el alma
colores que son la tierra misma
letras que forman juntas espaciosos universos
emociones lágrimas neblinas
despertar a la luz
sonrisas contenidas
y el amor repleto en tu mirada.
No sé
-lo pienso con tristeza-
si Hugo alcanzará
niño grande eternamente nieto
a ver todo lo que ahora digo
estas que quiero con él soñar ahora
en tan pocas palabras este enero.
Sé, me lo dicen sus manos,
que ha sentido suyo el calor dulce
entrañable su ternura
de las manos del abuelo.
Fue antes el amor sereno de su madre
la amable devoción de una enfermera
solícita cordial y diligente.
Lo fue el atento oficio y el saber
paciente
y la entrega generosa de un hombre
cabal y enteramente humano
docto doctor en solidaridades.
Ver más allá
sajar el tiempo para que el futuro nazca
y poder celebrar la pensión que merecen nuestros hijos.
Del tiempo hablamos. Y de zozobras y deseos
de horizontes más amplios y de empeños comunes
que se abran a los ojos de los nuevos mandarines.
viernes, 31 de diciembre de 2021
y cierre
nits d’hospital
Has estado conmigo y la he soñado
a mi lado junto a ti
tu otra mitad
ella mis dos vidas y tú
que cierras los ojos y danzan
la hermosa canción que suenan
al piano
unas manos hermosas.
Te he tenido allí conmigo y tu sonrisa
apenas si yo más que un cuerpo dolorido
carne lacerada
ovillo de cables confusión
y luces que se encienden a destiempo
lentitud del gotero
urgencias que me llevan con todos los que sufren hoy contigo
presteza de pasos y batas y fonendos
y el discurrir pausado y lento de la mopa
-si ellas por doquier, si por doquier vosotras, el mundo a salvo-
y un radiante sol de otoño
que enciende el patio de naranjos.
Hace frío fuera
y no es aún diciembre
se nota en el helor callado de las voces
que llegan al control
amortiguadas
de donde el dron que ordena y clasifica
imágenes sin origen
sabor a contraste y a metal
que sondas y cuñas sueñan con sueros imposibles.
Del pasillo se viene un rumor apagado
un noséqué
que sí que Almudena nopordiós
quequéjovenyquépenanohayderecho
será más tarde luego cuando lleguen
juntas todas
aquellas voces idas angustias soledades y otras
palabras menos doctas
a raudales
que lloran de sus ojos un joven corazón helado.
Carro que cruje cuando cruza
camillas y pañales ruedas de silla siderales
un cuerpo que maquina traducciones
y el escáner quieto no se mueva no respire.
Un suspiro. Ya está.
Y tú, tu doble yo, allí. Las dos.
Apenas mi cuerpo si un temblor
confusión
y luces que nos ven
amor
llegar el día.
Hace frío.
Y hoy es ya diciembre.
(27 noviembre-6 diciembre)
domingo, 14 de noviembre de 2021
100 años
Cien años, y ninguno en soledad. Salvo la de las
cárceles o el exilio forzado o la clandestinidad que sufrieron miles de los
suyos, militantes, camaradas, mujeres y hombres con el compromiso de la
emancipación en su corazón y en sus cabezas. El PCE, el Partido, cumple hoy
cien años. Un siglo de lucha y de esperanza. De lucha y, ahora también, como
antaño, de gobierno. Y de nuevo junto a/con el PSOE, que no en vano nacen ambos
de ese tronco añoso del movimiento obrero.
Con las sombras y las luces, los aciertos y los
errores de tan larga vida, es de justicia saludar y celebrar el cumpleaños de
la organización política española que ha pagado el precio más alto en la
defensa, primero, de la democracia contra el fascismo y, arrasada la
republicana por la fuerza bruta de las armas, en su recuperación después. El precio
en vidas quebradas de miles y miles de sus militantes. Su huella en las cárceles de la dictadura franquista
y en las tapias de los cementerios y las
fosas de la vergüenza, en los montes de la España resistente, en las filas
francesas de la Resistencia contra el nazismo (y en La 9 que libera París), en
los campos de concentración y de exterminio, en los despachos laboralistas y en
los tajos, en las universidades, en el campo y en la ciudad de las asociaciones de vecinos.
De esos cien años compartí veinticinco con los y
las comunistas, camaradas y amigos los más, de mi generación. Nuestro sueño,
nuestro compromiso y nuestro empeño fueron la reconciliación nacional y la democracia,
las libertades, la construcción de una sociedad libre y plural, la justicia
social… la Constitución. Ya sabéis…: ‘¿dictadura?,
ni la del proletariado’
Mientras sigan existiendo la injusticia y la desigualdad
(que, lejos de menguar, sigue creciendo), la explotación y el odio, la xenofobia
y la intolerancia, seguirá vigente el ideal de la emancipación y el deber moral
(y, por lo mismo, político) de luchar por su -como se decía entonces- advenimiento. Y mientras
sea esto así, seguiré, como hasta ahora, sintiendo una punzada de orgullo cada
vez que oigo de la boca sucia de quienes creen que así nos insultan la palabra ‘comunista’.
Que a mucha honra.
Si viviera, hoy le iría a dar los días a mi abuelo
Pedro, que también cumple años. De su dignidad, la mía y la de los nuestros. En
su memoria, la de tantas y tantos que hoy merecen mi recuerdo, mi homenaje y mi
respeto.
¡Salud!