viernes, 28 de enero de 2022

crónica

 Ojos

A Fernando

La mano del abuelo en su rodilla
y en Hugo se despierta
la más ancha sonrisa
Estamos en la espera
sala J
y somos ya decenas a esta hora
esperando a que sigan cuidando nuestros ojos.
 
Son nuestra piel primera
ventanas que al mundo de los vivos se nos abren
ojos de buey por las que asoma el alma
colores que son la tierra misma
letras que forman juntas espaciosos universos
emociones  lágrimas  neblinas
despertar a la luz
sonrisas contenidas
y el amor repleto en tu mirada.
 
No sé
-lo pienso con tristeza-
si Hugo alcanzará
niño grande eternamente nieto
a ver todo lo que ahora digo
estas que quiero con él soñar ahora
en tan pocas palabras este enero.
Sé, me lo dicen sus manos,
que ha sentido suyo el calor dulce
entrañable su ternura
de las manos del abuelo.
 
Fue antes el amor sereno de su madre
la amable devoción de una enfermera
solícita cordial y diligente.
Lo fue el atento oficio y el saber
paciente
y la entrega generosa de un hombre
cabal y enteramente humano
docto doctor en solidaridades.
 
Ver más allá
sajar el tiempo para que el futuro nazca
y poder celebrar la pensión que merecen nuestros hijos.
Del tiempo hablamos. Y de zozobras y deseos
de horizontes más amplios y de empeños comunes
que se abran a los ojos de los nuevos mandarines. 

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