lunes, 23 de abril de 2018
martes, 17 de abril de 2018
luz
Da su permiso el poeta, y aquí lo dejo. Los dejo: soneto e
ilustración (magnífico, Pepe Herreros). El libro, ese Versos
sin culpa, está casi a punto. En un abril que será mayo.
No queda tarde
no queda tarde luz
apenas queda
para leer tus manos
el boceto
de tu vida futura el
incierto
presagio del tarot
sobre la mesa
no queda luz la
noche está serena
con la paz que
contagia el firmamento
tu mirada se vuelve
hacia el recuerdo
te lames las heridas
das por buena
la derrota no
encuentras más salida
que rendirte la luz
en otros ojos
más despiertos
alumbra tu camino
la esencia
insobornable de la vida
naces de un vientre
pero mueres solo
viajas desnudo al
último destino
(Paco Morata)
lunes, 16 de abril de 2018
aprile
En Bolonia llovía.
En Ferrara llovía agua suave, sin peso ni sonido, pero el día
nublado era luminoso, como si noviembre fuera mayo, y el pavimento de
las calles duplicaba la luz gris del cielo, y las fachadas rojas
parecían más rojas. La gente iba a pie y en bicicleta de una tienda
a otra, de una oficina a otra oficina, a los cafés (…).
(Justo
Navarro, El espía, Anagrama, Barcelona, 2011)
sábado, 14 de abril de 2018
jueves, 8 de febrero de 2018
Cárdenas
clima
(…)
A continuación se puso a parlotear incoherencias sobre una pirámide
recién descubierta en la Antártida gracias al deshielo de los
polos. Yo lo vi en la tele, en un documental, ¿vieron eso? Una
pirámide, decía, una pi-ra-mi-de hecha por alguna civilización
antigua, probablemente alienígena. Una evidencia de vida
extraterrestre en la prehistoria que ya no se puede ocultar. Y dicho
esto se santiguó tres veces seguidas a toda velocidad, casi
desdibujando la cruz. Quién puede negar la evidencia, nadie, nadie,
pero que Dios nos guarde. ¿Quiénes somos? ¿Descendemos de
extraterrestres y no del mono? El biólogo intervino, sarcástico, y
dijo que quizás lo preocupante de la noticia no era tanto lo de la
pirámide como que se estuvieran derritiendo los polos. La dama lo
miró en ángulo agudo, incrustando el rostro ojiabierto en su propio
buche, y le extendió una mano enjoyada, cinco pezuñas de lujo y
mucho, mucho perfume, tanto que mareaba. (…) Creo que nos
conocemos, ¿no? Claro, dijo el biólogo estrechándole la mano con
abierta repugnancia, cómo olvidarla, señora. Me acuerdo, me
acuerdo, mintió la dama, pero déjeme decirle una cosa: eso del
cambio climático es puro cuento de mamertos. Terrorismo científico.
La Obra de Dios es perfecta y el planeta tiene un termostato, sabe
regular la temperatura. Es como una nevera. Usted la descongela de
vez en cuando para que no se dañe, ¿me entiende? Lo malo sería
dejar que todo ese hielo y esa escarcha se acumulen ahí en el
congelador. Entonces toca descongelar cada tanto y santo remedio,
mijo, santo remedio. Ahora estamos en esa etapa, que ocurre cada doce
mil años, así, como un relojito, y por eso están surgiendo los
vestigios de las antiguas civilizaciones que habitaban en lo que hoy
es la Antártida, pero que hace doce mil años era un bosque tropical
como los que hay aquí, y donde vivían pueblos muy avanzados gracias
a la tecnología de los extraterrestres.
El
biólogo no pudo contener una risita, sinceramente divertida, y la
dama, lejos de tomárselo a mal, siguió con su conferencia. En la
Congregación tenemos a un pastor, un tipo muy estudiado y todo, con
su doctorado, mejor dicho, un Caballero de la fe, no se vaya a creer
que es cualquier lagaña de mico. Bueno, ese muchacho es una
berriondera para estas cosas científicas, te explica todo claritico,
y una pasmada, cómo no, porque Dios no es ningún chambón, no,
señor, y el mundo funciona como un relojito, te digo.
cartas
Muchos
años antes, esa mujer, su ex novia, le había escrito al biólogo
unas cartas, en el final de la época en que todavía la gente se
enviaba cartas a través del correo ordinario, cuando ambos apenas
comenzaban a estudiar la carrera de biología. Se diría que eran
cartas de despedida, despedida de la vida pasada, despedida de un
mundo que iba desapareciendo ante los ojos de todos, pero también
despedida de la escritura condicionada por las reglas del correo
ordinario, con sus tiempos de espera eternos y sus confusiones de
dirección y sus devoluciones al remitente, el final de las cartas
que viajaban por medio mundo y a veces acababan perdiéndose por el
camino, en muchos sentidos el final de una cierta forma del azar,
cartas escritas con la conciencia de que cualquier imprevisto podía
sucederle al sobre y, por eso mismo, había que escribir de un modo
especial, con un temblor y a la vez con una convicción que
transformaban por completo las palabras: su intención, su estilo, su
forma.
conspiración
Al
biólogo no le gustaban las teorías de la conspiración. Siempre las
había encontrado poco elegantes, muy farragosas y, en últimas,
destinadas a favorecer explicaciones simplonas e ideológicas para
fenómenos complejos, a menudo basándose en falacias, razonamientos
circulares, casualidades inverosímiles y emboscadas argumentativas.
La conspiración, por otro lado, o eso pensaba el biólogo,
proporciona esquemas de inteligibilidad en contextos donde lo
irracional amenaza con desdibujarlo todo. Allí donde el riesgo de
delirio colectivo es más alto, allí donde se ha desdeñado el
cultivo de la razón y la lógica, las explicaciones de cinco pesos
se venden como pan caliente porque le dan a la conciencia un placebo,
un sustituto de la razón, y así es más fácil envolver cualquier
fenómeno en un aura de misterio que perpetúa el atraso y la
estupidez: cualquier evento se vuelve materia de ficción. Y la
ficción que no respeta la primacía de los datos es la anti-ciencia
por antonomasia.
(Juan Cárdenas, El diablo de las provincias, Periférica, Cáceres, 2017)
miércoles, 10 de enero de 2018
tsunami
En aquel su Sábado, McEwan situaba los hechos -y las reflexiones- de su narración con el telón de fondo de la gran manifestación en Londres contra la guerra de Irak. La ficción y la vida, no tan dispares por cuanto la una se nutre de la otra y la alimenta. Y viceversa.
Tengo entre manos ahora, un tiempo aplazada su lectura, Cáscara de nuez, un arriesgado artificio literario. Dicho sea, sobre todo, por su narrador, tan insólito.
Una vez más, el autor -por el que habré de mostrar de nuevo mi devoción- se sirve de la escritura para dar cuenta del mundo. Del suyo. Del nuestro.
'(…)
A través de los huesos de mi madre me ha llegado un mal sueño
disfrazado de disertación formal. El estado del mundo. Una experta
en relaciones internacionales, una mujer razonable con voz grave y
profunda advertía de que el mundo no iba bien. Analizaba dos estados
de ánimo comunes: la autocompasión y la agresión. Por separado
cualquiera de los dos era una mala elección para el individuo.
Combinados, para grupos o naciones, un brebaje nocivo que últimamente
había intoxicado a los rusos en Ucrania, al igual que había hecho
con sus amigos los serbios en su región del mundo. Nos han
menospreciado, pues ahora verán quiénes somos. Ahora que el Estado
ruso era el brazo político del crimen organizado ya no era
inconcebible otra guerra en Europa. Desempolvar las divisiones de
tanques rumbo a la frontera meridional de Lituania, rumbo a la
llanura del norte de Alemania. La misma pócima inflama las márgenes
bárbaras del islam. Hemos apurado el cáliz, se eleva el mismo
grito: nos han humillado, pues nos vengaremos.
La
experta tenía una opinión sombría de nuestra especie, en la que
los psicópatas son una fracción constante, una constante humana. La
lucha armada, justa o no, les atrae. Contribuyen a convertir
enfrentamientos locales en conflictos mayores. Europa, según ella,
sufre una crisis existencial, quisquillosa y débil mientras las
diversas variedades de nacionalismo narcisista ingieren a sorbitos el
mismo apetitoso brebaje. Confusión sobre los valores, el bacilo del
antisemitismo incubándose, las poblaciones inmigrantes
languideciendo, furiosas y hartas. En otros lugares, en todas partes,
nuevas desigualdades de riqueza, los superricos una raza dominante y
aparte. El ingenio desplegado por los estados para crear nuevas
formas de armamento brillante, por las corporaciones globales para
evadir impuestos, por bancos honrados para atiborrarse de millones de
Navidad. China, demasiado grande para necesitar amigos o consejo,
sondea cínicamente las costas de sus vecinos, construyendo islas de
arena tropical, planeando la guerra que sabe que llegará. Los países
de mayoría musulmana asolados por el puritanismo religioso, por la
enfermedad sexual, por el talento ahogado. El Oriente Medio, rápido
vivero de una posible guerra mundial. Y los Estados Unidos, los
enemigos de conveniencia, a duras penas la esperanza del mundo,
culpables de tortura, impotentes ante su texto sagrado concebido en
una época de pelucas empolvadas, una constitución tan
incuestionable como el Corán. Su nerviosa población obesa,
temerosa, atormentada por la ira reprimida, despectiva con el
gobierno y asesinando el sueño con cada nuevo modelo de pistola.
África que aún tiene que aprender el truco de la democracia: el
traspaso pacífico del poder. Sus niños muriéndose a miles cada
semana por carecer de cosas sencillas: agua limpia, mosquiteras,
medicamentos baratos. Uniendo e igualando a toda la humanidad, los
viejos y aburridos temas del cambio climático y la desaparición de
los bosques, de los animales y del hielo polar. La agricultura
rentable y venenosa que destruye la belleza biológica. Los océanos
que se convierten en ácido débil. Muy por encima del horizonte,
aproximándose veloz, el tsunami urinoso del creciente número de
ancianos, de cancerosos, de dementes, que necesitan cuidados. Y
pronto, con la transición demográfica, se generará lo opuesto,
poblaciones en catastrófico descenso. La libertad de expresión ya
no es libertad, la democracia liberal ya no es el puerto de destino
obvio, los robots roban puestos de trabajo, la libertad en un
estrecho combate con la seguridad, el socialismo caído en desgracia,
el capitalismo corrupto, destructivo y caído en desgracia, sin
alternativas a la vista.
En
conclusión, decía la experta, estos desastres son el fruto de
nuestra naturaleza doble. Inteligente e infantil. Hemos construido un
mundo demasiado complejo y peligroso para que lo gestione nuestra
naturaleza pendenciera.
En
tal estado de desesperanza, el voto mayoritario irá a parar a lo
sobrenatural. Es el crepúsculo de la segunda Era de la Razón.
Éramos maravillosos pero ahora estamos condenados. Veinte minutos.
Clic.'
(Ian McEwan, Cáscara de nuez, Anagrama, Barcelona, 2017)
sábado, 6 de enero de 2018
conversos
lluvia de reyes
Hasta aquí se han
llegado
los reyes
y con ellos
un alijo de versos y de luz
y la casa que rebosa de palabras
que curan el desamor la desmemoria
y con ellos
un alijo de versos y de luz
y la casa que rebosa de palabras
que curan el desamor la desmemoria
y el olvido.
Con versos, dicen,
más se hace intensa
la vida
y ancho se abre el mundo
y ligera
y ancho se abre el mundo
y ligera
si es de doler
duele la pérdida.
Con versos se ha de celebrar
el hilo con que se cose la ternura
y el despertar sin sombras
y sin miedos
del sol que despeja las tinieblas.
del sol que despeja las tinieblas.
Con versos se conjura la tristeza
y se espantan los sueños cuando malos
y se celebra el vino del encuentro.
Con versos los abrazos
y los besos
y el tequiero.
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