Fue un momento irrepetible, por único. Como todos los que damos en llamar mágicos, difíciles de decir y contar, casi inefables. De esos en los que se hace tan presente cómo el lenguaje no alcanza para hablar cabalmente de la belleza, que es sensación y fruición, tan intensa a veces que casi duele, inaprehensible para las palabras (salvo cuando se hacen poesía, salvo cuando el amor habla).
De esa intensidad calma, la belleza que fue llenando el auditorio con las primeras notas del 'andante' tan especial del Divertimento en Re mayor de Mozart. 'Casi un minuetto', me dijo después el director, un Enrico Onofri vital y regalado.
Tocaban las y los jóvenes músicos de Sphera Antiqva. Sucedía en Toledo, un 16 de octubre.
La vitalidad se alojaba en el espejo de los zapatos rojos, y ligeros, de Émera, la chica del contrabajo. A caricia sonaba, y a sencilla naturalidad, la viola de Joaquín Riquelme.
Javier Ulises Illán cruzaba una mirada complacida con Ítaca, violín primero.
Y la emoción fue. Como una tregua en el mundo y en el afán de un día que se hizo así doblemente completo.
miércoles, 21 de octubre de 2009
sábado, 10 de octubre de 2009
Sobre la indecencia. Una reflexión moral
El gozo de tener amigos se hace, a las veces, especialmente intenso. Aunque sea en la distancia. Y ese es el caso de Enrique M. de la Casa, que escribe como dios, si es que el don de la buena escritura alcanza a la inmortalidad, y piensa como un hombre capaz de pensar a lo grande.
Irónico y mordaz, claro como el agua clara que no pasa -todavía- por su río Tajo, inteligente y, por ello, con la carga a cuestas del pesimismo de la razón que de tanto en tanto alivia -bien lo sé- el optimismo de la voluntad, Gramsci que nos pesa.
Si no fuera así, desistiría(mos) de esa terca insistencia en la vindicación de la educación y la política. En la necesidad de esa educación para la ciudadanía democrática cuando una ciudadanía sin la guía de los valores de la decencia y la honestidad se declara dispuesta a votar (más) al partido del traje gratis, el jaguar invisible y la correa.
Lúcido y resistente, está asociado sin remedio al club de los reincidentes. Con el periodismo en el alma y la vida en un blog, es la suya una reflexión moral al filo de los afanes y los días. Magistral, sin moralina, a contracorriente si es preciso, y nunca a destiempo. Vean, si no, una muestra.
'Sensibilidad
Lucen de otra manera estos caprichos gurteleros. No son aquella caspa de abrigos y cafelitos. Estos son de la España imperecedera. No hay nada más que verlos y, sobre todo oírlos. Esa Ana ignorante de los jaguares que aparecen en el garaje del chalet; ese Costa caprichoso de coche y reloj; ese Camps nervioso por estrechar la mano de Obama, no son Aida o Juan. No, aquí hay un cutis curtido por centenares de años de comer bien. Ese cutis que te deja la cara como cemento y que impide el más mínimo balcuceo. No balbucean para pedir ni balbucean para justificar. Son generaciones entregadas a este cultivo monotemático de la ostentanción. Y al poco de rascar aparece el detalle chocarrero de las lumis al servicio de la contrata. Son de una manera de ser que no desentona. No hay nada más que oír a los creadores de opinión sesgada: no hay manera de que hagan sangre. ¡Ay si hubiera sido un hermano de Alfonso comisionado para conocer Cancún fuera de temporada! Pero ellos y España siguen siendo así.'
Irónico y mordaz, claro como el agua clara que no pasa -todavía- por su río Tajo, inteligente y, por ello, con la carga a cuestas del pesimismo de la razón que de tanto en tanto alivia -bien lo sé- el optimismo de la voluntad, Gramsci que nos pesa.
Si no fuera así, desistiría(mos) de esa terca insistencia en la vindicación de la educación y la política. En la necesidad de esa educación para la ciudadanía democrática cuando una ciudadanía sin la guía de los valores de la decencia y la honestidad se declara dispuesta a votar (más) al partido del traje gratis, el jaguar invisible y la correa.
Lúcido y resistente, está asociado sin remedio al club de los reincidentes. Con el periodismo en el alma y la vida en un blog, es la suya una reflexión moral al filo de los afanes y los días. Magistral, sin moralina, a contracorriente si es preciso, y nunca a destiempo. Vean, si no, una muestra.
'Sensibilidad
Lucen de otra manera estos caprichos gurteleros. No son aquella caspa de abrigos y cafelitos. Estos son de la España imperecedera. No hay nada más que verlos y, sobre todo oírlos. Esa Ana ignorante de los jaguares que aparecen en el garaje del chalet; ese Costa caprichoso de coche y reloj; ese Camps nervioso por estrechar la mano de Obama, no son Aida o Juan. No, aquí hay un cutis curtido por centenares de años de comer bien. Ese cutis que te deja la cara como cemento y que impide el más mínimo balcuceo. No balbucean para pedir ni balbucean para justificar. Son generaciones entregadas a este cultivo monotemático de la ostentanción. Y al poco de rascar aparece el detalle chocarrero de las lumis al servicio de la contrata. Son de una manera de ser que no desentona. No hay nada más que oír a los creadores de opinión sesgada: no hay manera de que hagan sangre. ¡Ay si hubiera sido un hermano de Alfonso comisionado para conocer Cancún fuera de temporada! Pero ellos y España siguen siendo así.'
Del amor y otras soledades
Ví ayer El secreto de sus ojos, la nueva maravilla de J.J. Campanella, quizás lo mejor que he visto del cine argentino. Una película de amor -de mucho amor- y de soledades que se hacen compañía, en la que los silencios dicen tanto como los diálogos, enormes, de la mejor estirpe del buen cine. Una película en la que, más que mirar, los ojos hablan.
Hay culpa y pena, castigo, recuerdos (y recuerdos de recuerdos, recuerdos que se construyen y reconstruyen para armar la memoria, hasta quedarse -como un lenitivo- con los mejores). Y, siempre, amor.
Hermosa, bellísima, inteligente, cotidiana. Y apasionada. No en vano la pasión -Sandoval, Guillermo Francella, ese entrañable personaje, príncipe vestido de sapo, lo sabe, 'el tipo puede cambiar de todo, pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión'- es ese hilo conductor invariable que describe mejor que ningún otro la identidad que permanece en nosotros más allá de todos los cambios.
La película me ha llevado a Eduardo Sacheri, coguionista, autor de la novela (La pregunta de sus ojos) en que se basa. Lo conocía como escritor de cuentos -y, sobre todo, de cuentos de fútbol, de 'la pelota'- y desconocía su oficio de novelista. Contar, y decir, el fútbol nos ha permitido disfrutar de algunas pequeñas (y no tan pequeñas) obras maestras. Leed esta De chilena, que aúna dos de los grandes afectos de mi pasión y mi memoria.
Hay culpa y pena, castigo, recuerdos (y recuerdos de recuerdos, recuerdos que se construyen y reconstruyen para armar la memoria, hasta quedarse -como un lenitivo- con los mejores). Y, siempre, amor.
Hermosa, bellísima, inteligente, cotidiana. Y apasionada. No en vano la pasión -Sandoval, Guillermo Francella, ese entrañable personaje, príncipe vestido de sapo, lo sabe, 'el tipo puede cambiar de todo, pero hay una cosa que no puede cambiar: no puede cambiar de pasión'- es ese hilo conductor invariable que describe mejor que ningún otro la identidad que permanece en nosotros más allá de todos los cambios.
La película me ha llevado a Eduardo Sacheri, coguionista, autor de la novela (La pregunta de sus ojos) en que se basa. Lo conocía como escritor de cuentos -y, sobre todo, de cuentos de fútbol, de 'la pelota'- y desconocía su oficio de novelista. Contar, y decir, el fútbol nos ha permitido disfrutar de algunas pequeñas (y no tan pequeñas) obras maestras. Leed esta De chilena, que aúna dos de los grandes afectos de mi pasión y mi memoria.
viernes, 25 de septiembre de 2009
Buenos Aires


He vuelto tres años después de prometérmelo, y esta vez con más tiempo: algo más de veinticuatro horas. Que fueron bien paseadas, acompañadas por la más grata de las compañías (gracias, Inés) y con lugar para la sorpresa.
Si Buenos Aires es el lugar de un sueño hecho de los materiales más nobles (las lecturas, sobre todo, la música siempre piazzola, ese acento con que se adorna el español de allá, el boca, recoletas y palermo, mis madres las abuelas que en mayo quedarán por siempre, nuestros hermanos a los que desaparecieron...), aquella noche el sueño fue carne (para qué buscar otra palabra) señoreada. La señora, un mito. Susana Rinaldi, señora y actriz y cantante y allí madre y hermana.
Cantaba Inés Rinaldi. Cantaba a Federico. Y allí, en las cabezas de plata y brillo en los ojos, son de república y alegría, exilio en españa, jaleo anda jaleo. Y en la piel toda la nostalgia.
Me invadió la nostalgia de futuro de las ocasiones especiales. Fue en Clasica y Moderna. Era lunes y septiembre: a punto de romper la primavera.
A la salida, una familia entera buscaba en las bolsas de basura.
domingo, 20 de septiembre de 2009
vendedora de nieves y aguas frescas
"¿Pudo doña Jacinta, una mujer indígena de 1,50 metros de estatura y 80 kilos de peso, secuestrar sin armas a seis policías de élite? Todo el mundo en su sano juicio respondería que no, menos un juez de Querétaro, en el centro de México, que la condenó sin escucharla a 21 años de prisión y la mantuvo entre rejas tres años y un mes. Hasta ayer. La Fiscalía General de la República, abrumada por la presión mediática, no tuvo más remedio que confesar que no tenía pruebas contra Jacinta Francisco Marcial, vendedora de nieves y aguas frescas."
Lo cuenta Pablo Ordás -gran periodista- en EL PAÍS de 17 de septiembre pasado. Y pienso en la vigencia de aquel realismo mágico que muchos dieron por muerto. O será que la realidad sigue imitando a la literatura.
Lo cuenta Pablo Ordás -gran periodista- en EL PAÍS de 17 de septiembre pasado. Y pienso en la vigencia de aquel realismo mágico que muchos dieron por muerto. O será que la realidad sigue imitando a la literatura.
jueves, 17 de septiembre de 2009
Santiago de nuevo y las fiestas patrias
No llueve en Santiago, aunque sí -esta mañana- en Isla Negra. He vuelto, en poco tiempo, dos veces, y en esta de ahora coincidiendo con la celebración de las fiestas patrias. El 18 es la fiesta que nosotros diríamos mayor, la que celebra la independencia y da inicio este año a la celebración del Bicentenario.
Estaré esta tarde en La Moneda, españolito de a pie, celebrando como un chileno que hace 199 años este país orgulloso alcanzó la independencia frente a España.
¿No será la mía la forma nueva de ser un patriota? ¿O no quedamos en que la única patria que nos es común se llama la humanidad?.
Patriota de reclamo, y al que no podré ya nunca volver a llamar Presidente, es ese espectro que se hace llamar José María Aznar, que acaba de pasar (ayer mismo) por aquí para apoyar a los herederos políticos -¿y algo más?- de ese asesino que fue Pinochet en la carrera hacia las presidenciales que se celebrarán en diciembre. Doblemente repudiable el 'patriota' Aznar, que olvida -si es que lo supo alguna vez- que su deber es apoyar a España y no contribuir a que todo se confunda: no entiende de diplomacia ni, por lo visto, de democracia. ¿Sabe acaso dónde está hoy la Democracia cristiana chilena?. ¿O será que su FAES y su PPartido apoyan al retoño pinochetista?. ¿Lo sabe Aznar?, ¿dirá algo la señora Cospedal?.
Mientras, las chilenas y los chilenos celebran la vida, y a la vida le dan gracias, por maestra doña Violeta. Y comerán asado y empanadas. Bailarán cueca (los más jóvenes, la cueca brava). Y tomarán, quizás demasiado. Pero es su día grande. Y por eso veo desde la habitación del hotel cómo se apresuran. No quieren llegar tarde.
Veré a la Presidenta Bachelet, con más prestigio ahora y más querida que nunca. Pena que lo tenga que dejar. Y volveré a ver a la ministra de Cultura, la modestia y la sencillez en persona -que en una actriz es mérito mayúsculo- conversando a cuerpo en la calle con la gente, y repartiendo besos (que yo me traigo el mio, uno solo, a la chilena). Y me han invitado a compartir la fiesta en la fiesta del PCCh: me dicen que será para ellos un honor, que nos quieren, que Neruda es de antes y de ahora y de siempre. Suyo y nuestro.
Me iré mañana, seguro que con nostalgia. Será la nostalgia de la viejita que salmodiaba, sentada cerca de la plaza de Armas, una hermosa canción que hablaba de estrellas y de ausencia y de belleza y juventud, la mirada lejana, como quien no quiere mirar por no molestar, y a la espera de alguna moneda: llegué tarde -como tantas veces, demasiadas veces ya- a agradecerle su presencia. Se iba yendo del brazo de un joven voluntario. Y no pude acercarle unos pesos, ni compré tampoco el libro -usado, de los de los puestos de la feria popular- que andaba hojeando cuando dejé de oir su voz.
Y me quedé sin saber de su canción.
Tengo ya motivo suficiente para regresar. Ojalá y sea para celebrar con ella, a la manera de los patriotas con causa, el bicentenario de nuestra común emancipación.
viernes, 21 de agosto de 2009
Ciudadanos
El ejercicio de la ciudadanía -participar, debatir, decidir, ser portador de dignidad- exige disponer de una renta, sea que mínima, que satisfaga y cubra las necesidades vitales. No hay ciudadanía si no hay renta. Aunque en euros se cuantifique en 420.
¿Tienen los ciudadanos menos derechos que los bancos? ¿A cuánto ascienden las 'inyecciones' de capital que tenían como objeto salvar la solvencia y el crédito de los bancos?, ¿a cuánto las que se destinan a garantizar que no haya ciudadanos sin renta alguna?
¿Tienen los ciudadanos menos derechos que los bancos? ¿A cuánto ascienden las 'inyecciones' de capital que tenían como objeto salvar la solvencia y el crédito de los bancos?, ¿a cuánto las que se destinan a garantizar que no haya ciudadanos sin renta alguna?
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