miércoles, 1 de julio de 2026

14

No es este mundo, amor,
el cielo que de antiguo nos tienen prometido,
tampoco el paraíso azul de nuestros sueños mejores.
Ni siquiera el infierno que dicen que se viene.
 
Están de vuelta ya los viejos pardos augures
a la espera del zarpazo
la desolación y el miedo y el inmisericorde
retumbar de drones, cañones y misiles
mudos de nuevo los dioses
                                           y ciegos
sabedores del genocidio y el dolor
antiguo de la tierra hermana.
 
Ya ves
un mundo menos ancho y más ajeno
que se abre en luz con un revuelo de sonrisas.
Vera y Rodrigo, y Lola luminosa
que duerme contigo en paz arrullada por su nana
i el batec del cor acollidor de les dues àvies.
Brillan dos soles a lo lejos
en una Londres ya sin brumas.
 
Maltrecha la salud aquí de los muchos achaques
e intacta la esperanza
así nos quiero y así lo proclamamos:
si la perdemos, habremos sucumbido.
Guárdanos, mi bien, en tu mirada.
 
Y sean para siempre comunión nuestros abrazos.


jueves, 8 de enero de 2026

el territorio de la mancha y un inculto iletrado monolingüe

 La Mancha es una nación que ha borrado de antiguo sus fronteras
y brinca territorios y navega mares y ensancha cada día el pueblo
de sus hijos
y mira con orgullo el poder creciente de sus niñas
y de sus mujeres.
 
La Mancha es tierra de agua y viento y de llanuras
que cabalgan rucios y corceles
poniendo en los ecos y las voces el dulce son de mil acentos
mecidos por aspas de molinos y olas de malecones.
 
Mestiza mi Mancha y cantarina y risueña,
austera de pedregal y cimas que tocan el cielo a ras de tierra.
Territorio de La Mancha que es Madrid
y es Toledo. Y Bogotá, Caracas, México y Barcelona.
Que es Nueva York en los ojos atónitos de Federico
 y es el Pekín de la China que quiso ponerle escuela a don Miguel
el de Cervantes.
 
Es humilde mi Mancha y es altiva.
Recia y de seda y seca de su nombre
y húmeda de ruideras y ruiseñores
al modo de la mar linda del Rubén de sutiles azahares.
Es Santiago y Pablo y llanto en una plaza hermosa
y es Cádiz con más negritos pariendo alegre
constituciones.
Y Almagro y Cuzco
y un son de milonga que cantan a coro sanchos y aldonzas y quijanos.
 
Es La Mancha almuecín y Alcázar, alcaná y judería,
Gigüela y moriscos ufanos al exilio.
Todo esto y nada y mucho, inabarcable cerca y lejos
y de nunca y de siempre
es La Mancha de toboseños, migueletes y almorrillanos
y la manchuela y las tierras altas de páramos y rulfos,
ya casi en Aragón Molina.
 
Y sabrá el inculto iletrado monolingüe
que es Venezuela La Mancha. Y Cuba
y Colombia y México. Y Chile también, y la Argentina.
Y que se cuentan por decenas de millones las manchegas
y manchegos
que tiene ahí en sus calles, tataranietos de aquellos
que ya eran y estaban antes del abuelo
inmigrante
que llegó de teutonas tierras frías y enmascaró el apellido.
 
Podrá quedarse el patán con la apariencia
y escarbar en las entrañas de sus tierras y robarse sus frutos.
Pero no podrá apoderarse del común que es nuestra Mancha,
la lengua que nos ahermana
mamada de las tetas de las madres o aprendida
en escuelas y cervantes
y su saber antañón y milenario [before the yankee]
que son su aliento y su capital
y su bandera.

martes, 23 de diciembre de 2025

cumple incierto

A cientos
me dicen feliz día
que los cumplas con salud
o molt d’anys bon anniversaire
auguri
y cosas por el estilo
las amigas que me quieren
los amigos también
que me aprecian y respetan
A mi me gusta dar los días
y decir que tú lo veas
a quien me desea que sean muchos
a cumplir
y a vivirlos saludables
intensos o felices simplemente
Muchos son ya los años consumidos
del porvenir tan solo conjeturas
grato el saber que no ha dejado de crecer
el regalo fiel de la amistad
el dulce sabor de los afectos
lejos siempre más la aspereza del rencor
su sinsabor
En el otoño tardío poco más cabe esperar
un libro tu amistad el buen café
el verso que quizás te escriba
tal vez una canción
Y la dulzura siempre de tus ojos
latiendo alegres en mi corazón.
Han venido luego otras palabras
que llegan de nuevas a mi vida
con sigilo
cortisol o mediastino
y glucagón
y algunas otras similares
que anuncian tiempos de abstinencia
si no de desazón o de zozobra.
Veremos:
quizás nos lo diga el año nuevo
o la luz menguante del invierno en tu mirada
que convida, amor, siempre y sin tregua
a la esperanza.

martes, 8 de julio de 2025

Jerónima (que santa no la quiso dios)

Si eres mujer y casada y naces y vives en el siglo XVI tienes cegada tu ambición y cerrado tu presente hasta la muerte, al cuidado del marido y de los hijos y, si eres de hidalga condición, bien atendidas las atenciones que la religión requiere. Y reprimidas, si las tuvieres, o sublimadas cuando tu ser fémina te enseña tus límites, las ensoñaciones.

Quizás por eso Jerónima, que adoptó el apellido de su madre y pasó a ser De la Fuente, ingresó en el convento toledano de Santa Isabel de los Reyes y tomó los hábitos de las franciscanas clarisas. Tenía 15 años por entonces y pudo así ser mujer y suya y, pasados 28 años de servicio conventual en menesteres bien diversos, dar rienda suelta a su ambición de ser y de notoriedad y solicitar, fraile/hombre mediante, la gracia y autorización de marchar a Manila. Su norte, el de la fundación: fundar, crear, construir… un convento para novicias y profesas en su día. Un tema, el de la fundación, que es empresa de mujeres fuertes dadas a la consagración religiosa. Esposas de Cristo y de nadie más, por más que esté presente por doquiera que ellas van ese erotismo difuso -y difundido- tan bien contado en literatura por esas mismas mujeres que mueren porque no mueren.

Monjas ‘madres’ y esposas que dialogan con su esposo-dios y hasta le reclaman el premio de la santidad que bien saben ellas que sin duda se merecen. Y ese dios, en la mente bien armada de María Gómez-Comino Mata, la autora de esa re-creación llamada ‘Jerónima’, tiene el acierto de ser hombre y mujer a la vez y simultáneamente, que así se nos manifiesta en la voz/voces en off desdoblada(s) que reprocha(n) a la toledana su terquedad en la reclamación. Ella quiere ser santa y lo exige. Lo reclama porque se lo merece, en una espera eterna en la que se ayuda de una Mahou fresquita (hacía calor en el patio del palacio de la representación) y una bolsa de chips crujientes.

¿O es que no tiene mérito partir a las Filipinas con los 65 cumplidos, que serían hoy quizás más cerca de los 75, con ambos pies ya en una de esas residencias para monjas espiritualmente jubiladas, en una travesía de más de un año?  ¿O es sin mérito echarse a la mar océana rodeada de ‘galeotes, piratas y prostitutas’ con algo menos de una decena -en la obra son tres, que María sabe de economía escénica- de hermanas en la fe y en la profesión, cronista incluida? ¿Acaso no es meritoria la tozudez jerónima de cobijar en su convento a todo tipo de jóvenes, sustrayéndolas así a la tiranía del débito conyugal y la obediencia fiel al jefe señor y marido? ¿O saber que embarcarse en misión era una decisión sin posible marcha atrás y sin retorno posible por voluntad de nuestro señor Felipe II?

María Gómez-Comino, pura fibra emocional, nos ha recreado -fue un auténtico recreo- con las secuencias no secuenciales de una vida actual de hace más de cuatro siglos con el acierto ideológico, lingüístico y teatral de mezclar nuevo y viejo y de fundir en uno varios géneros dramáticos y hacerlo con ritmo y buen pulso de autora-directora sin ahorrarnos la inclusión del tecno en la polifonía musical que se les supone a las sucesoras de Santa Clara. Ni siquiera el gag del bingo para el que no pocos espectadores habíamos dispuesto los cartones, insuficiente el crowdfunding del cepillo para atender a las muchas necesidades financieras de una fundación extracomunitaria. Que no es un acierto menor llenar de humor y guiños de actualidad un asunto tan de nuestro barroco, prólogo del abastecimiento hoy de jóvenes novicias llegadas de las que antaño fueran colonias para nutrir los conventos -y sus obradores- ayunos de vocaciones nativas.

De ambición, amor, traiciones y rebeldía la historia bien contada, ágiles los diálogos, medidos los monólogos, las pausas a su tiempo. En un escenario austero de acero frío que bien se compadece, bidones de atrezzo incluidos, con el voto de pobreza y la reclusión de la clausura, que los restantes dos bien parece que se pueden desatender. Y de cuando una presencia en El Prado, Velázquez mediante, puede competir en memoria y eternidad con una vaticana elevación a los altares. ¿O -palabra de dios- te parece poco?

Y sí, María. Esta última es, quizás, de todas cuantas imágenes nos mostraste, la de más alta irreverencia. O al menos a mí -que escribo esto para agradecerte el buen rato y el placer que me regaló tu inteligencia- así me lo parece. Del incensario ya hablaremos otro día.

 

** Jerónima se estrenó a las 22:45 h. del 7 de julio en el palacio de los Villarreal de Almagro, con ocasión del Festival Internacional de Teatro Clásico.

martes, 1 de julio de 2025

Trece

Allí
a la sombra vacilante e imprecisa de la parra
tormentas los días pares
las calores descendiendo hasta tocar
la sobreabundancia vegetal de los dos patios
la fuente muda
        el surtidor callado y quieto
y lentas glotonas al acecho
salamanquesas a la noche
avispas a la tarde y dos
saltamontes copulando
mientras recojo las pámpanas caídas de mi mano
Aquí
te sueño en tanto y como allí
roto el silencio trunco con el rodar radiofónico
del rastrillo de una cárcel
        y llegado
el recuerdo lunar de gatos en vaivén
el insufrible martilleo y tenaz
de la misma ronca y venenosa fantasía
No es buen día para sueños
es verdad
nunca será el de hoy ningún buen día
a salvo la memoria de tu chelo
tu bondad siempreviva y tu ternura
Si verdad fuera
que hay un lugar feliz donde todo se sabe
amor
entonces la vida y tú negación certera
de la muerte
del tiempo
donde trece no son más que aquel primero
cuando juntos te dejamos ir
para tenerte de continuo con nosotros.
Si fuera verdad
que hay un lugar feraz donde los dioses platican
diles amor   yo te lo pido
        por tu alma de maestra generosa
que no dejen de mirar los ojos grandes
y aterrados
de la niña que llora 
        en Gaza
abrazada al cuerpo ahora cadáver de su padre.

 

 

miércoles, 7 de mayo de 2025

Duz y Gigüela, y un bautizo

Me peleo todavía por el nombre, y hasta pensé en llevar siempre en el coche un botecillo de pintura y actuar. Actuar añadiéndole un guion a la C hasta convertirla en G y reparar así la confusión que causó la Enciclopedia Álvarez trabucando en Cigüela el nombre verdadero de mi rio. Y todo porque aquella confusión ha llegado hasta las carreteras de esta tierra nuestra, donde se alternan los carteles que anuncian la presencia del Gigüela señalándolo ora con su denominación correcta, ora con aquella otra que lo desvirtúa y desquiere. Cuestión de entender cómo la tipografía puede desmerecer una biografía.

Y es que yo nací en el Gigüela, y en él me crié. Y en sus aguas quise aprender a nadar agarrado a la porra desde la que mi abuelo Pedro sacaba a mano cubos de agua con que regar la panjía: mis tíos, luego, compraron un piva. Aprendí allí a tapar y destapar el reguero de agua fresquita de modo que cubriera todo el laberinto de geometrías de las que brotaban más tarde tomates, pimientos o judías, las patatas en una esquina: mi tío Nemesio sembró luego maíz, y era otra la panjía y eran otros los tiempos.  

Allí los cangrejos, antes de que los americanos se comieran todo lo demás, y los pececillos que en las aljibes nos libraban de otros bichos: sabían a cieno si los guisaban. Y las cangrejeras con mi padre, que decían reteles. O los trasmallos de cuando antes. Y los lucios después. Y después nada, casi desde que cambiaron el caz y hubo luego un caz nuevo.

Ya ni cangrejos, ni molinos harineros, ni vados donde bañarse los chicos a escondidas en las siestas y las madres o las tías en los domingos, raros, de echar merienda y trajes de baño que eran más trajes que prendas para el baño, púdicas siempre y recogidas en el Zurrón. De vados, ni los de lavar la lana que hay boda ni los de quitar el mosto a seras, lonas y espuertas.

Por eso me place que nos venga en poco un bautizo especial, sacramento de agua, con que poner de largo en los escenarios a nuestro querido rio añorado, crecido en estos días. Así se llama la obra, peculiar, que nos regalan quienes aquello no lo llegaron a conocer si no es por conducto y amor de las abuelas ya no al amor de la lumbre: Bautismo del Gigüela. Que es, en sus ojos, tradición y memoria y son de sonar, música y olor, vendimia y fiesta. Colores y cultura, sabores, cultivos y presente, letrillas. Y reivindicación sin nostalgia. Un collar de recuerdos propios y ajenos.

Son jóvenes el autor, el actor y los músicos-actores. Y hasta han tenido la osadía alegre, Elisa y Javier, de ponerle Duz de nombre al dúo que los lleva por el mundo. Duz como las gachas de duz o el arroz con duz o mismamente el paloduz, con esa sonoridad altanera del monosílabo traído directamente de Cervantes, más ítalolatino el más usual de dulce. Lo mismo que caz y cauce.

Alberto resuelto en Ángel, y Sergio poniendo las palabras, completan el cuarteto que hará que el Día de la Región se adelante hogaño a la víspera. Será por mayo, casi a finales, cuando llenemos el teatro Emilio Gavira de Alcázar de San Juan, que la criatura tendrá padrinos, y padrinas, a miles. Será en esa Mancha manchega de mucho vino y ahora ya menos tocino, tenaza del colesterol, donde habremos de asistir al bautizo del Bautismo del Gigüela en el que Albacete y Pozohondo se suben a las tablas y se pone de estreno, como moza en domingo de feria, La Puebla de Almoradiel.

Prometiendo, buenos padres de pila, que seguiremos trasmitiendo como hasta ahora la fe, que es aquí más compromiso que confianza, en nuestro porvenir. Y, quién sabe, hasta nos dé por cantar. Y por bailar.

Allí nos vemos. El 30 de mayo.

lunes, 28 de octubre de 2024

Caparrós, por lo derecho

La capacidad de esclarecer en pocas líneas, si escritas las palabras, o en razonamientos concisos o discursos orales que no necesitan ser prolijos, esa capacidad, digo, le es dada a muy pocos. Y de estos pocos -o pocas-, sobre todo a quienes le ponen nervio, y carne, al propósito. Así Martín Caparrós, que hace unos días publicó La palabra derecha, una columna que encierra todo un tratado de política. O de sociología. O, si se me permite, de sociología política. Por lo derecho -con la palabra derecha, o sea, sin torceduras- define con certeza la esencia de la derecha, la de ahora y la de siempre, y sus afanes más actuales.

Vaya un párrafo:

(…) la derecha siempre se definió por conservar, por pelear para que nada cambiara porque cualquier cambio era peor, destruía el orden. No se podía ser de derecha sin una religión, que garantizaba que todo iba a seguir igual porque era la voluntad de un dios. Ni se podía ser de derecha sin algún dinero porque la derecha existía para garantizarte que los pobres no te lo “robarían”. Ni se podía sin aferrarse a las viejas tradiciones y las viejas reglas. Ahora, en cambio, muchos de los votantes de derecha son trabajadores que temen ser reemplazados por migrantes, perder los privilegios que deberían tener por haber nacido más cerquita. Estas nuevas derechas expresan y exprimen como nadie el miedo al diferente.

Pero la meta que realmente los unifica a todos es la que silencian: mejorar las vidas de los ricos. Lo hacen de muchas maneras. El enredo fiscal es uno de sus favoritos: se nota poco y los beneficia mucho. Y así cumplen su viejo objetivo con eficacia renovada: si hay algo que estas nuevas derechas tienen en común es su habilidad para conseguir que los voten los pobres para defender los intereses de los ricos. Descubrieron que estas nuevas máscaras ultras pueden dar un aspecto moderno y sexy a las políticas de siempre, y tratan de ponérselas. Usar a los descontentos para mejorar la situación de los más contentos es el truco más viejo del manual y, por eso, cada tanto cambia de nombre comercial: ahora se llama extrema derecha cuando debería llamarse la gran derecha, el gobierno tradicional de los poderosos de toda la vida. O derecha a secas (…)

 Me encontré con Caparrós hace ya años, cuando cayó en mis manos una novela suya, A quien corresponda, y ya no he dejado de seguir sus pasos desde entonces. Novelas, ensayos, crónicas, columnas de prensa y escritos siempre de interés -del mío, al menos-, polémicas de argentino con mucho mundo a cuestas y a sus pies, lucidez siempre y valentía.

 Acaba de dar a la luz un nuevo libro del que le he oído decir que es un recuento de su vida y de sus hechos y que no sé si leeré. Sé, sí, que no se da por derrotado frente a esa enfermedad que le obliga ahora a valerse de una silla de ruedas y amenaza con un despliegue insolente hacia el silencio total que, por el momento, parece el sino de los afectados de ELA.

 Por Martín, y por otros que nos quedan hasta más cercanos, sé que muchos de nosotros tampoco nos resignamos a la derrota. Le llamábamos, resistentes, optimismo de la voluntad. 

lunes, 1 de julio de 2024

Doce

Son muchas las voces que se alzan
advirtiendo
de cómo el mundo está cambiando.
Aprisa, dicen,
que está casi al llegar su decadencia
final y sin remedio
confundidas verdades con mentiras
maltrecha la piedad y encumbrada la codicia.
Por doquier odio y dolor
                                                  y rabia.
 
No es ese el nuestro, amor,
el que juntos soñábamos entonces,
y apenas si alcanzo en el revuelo
a escribir algún verso torpe en estos días
de azul y de sol y de añoranza
cuando se llega el verano de tu ausencia.
 
Son muchos ya los años que te escribo
sin otro consuelo que contarte
cómo sigue la vida entre nosotros,
de una nueva familia en Barcelona y un piano
que nos canta las fechas señaladas
de un Pedro convertido en pedagogo y de Teresa
las nuevas alegrías
que compartes y celebras a la espera
de un Londres abierto de nuevo a la esperanza.
 
Sabrás que no te han olvidado
tus amigos
y recuerdan tu sonrisa luminosa y ancha
-nosotros también en tu pelo la lluvia-
la dulzura de tus ojos y el amor
por aquellos que fueron tus alumnos.
Suena tu chelo en Transilvania con Duz y esas canciones
que fueron nanas en los brazos de tu abuela.
 
Y aquí nos tienes
sin ti y siempre contigo, en pie
sabiendo que la vida es mejorable
y que se pueden cambiar los designios más funestos.
Somos más la gente buena
la que pide la paz y la palabra.
Si no se paró el mundo el día
en que tus ojos se cerraron
nunca ya se detendrá
ni vencerán
                        ¿te acuerdas de Gioconda?
los portadores de falsas profecías.
 
Descansa, amor, y no lo olvides.
Seguimos en pie.
                                    Y te queremos.

viernes, 29 de diciembre de 2023

iniquidades

Decidme dolor y os diré Gaza
y unos ojos inocentes
que miran aturdidos al vacío
perdida ya su luz y ciegos
ajenos al sol y al mar
y a la esperanza.
Decidme paz y digo Palestina
y unos niños que sueñan con fusiles
en el corro de muertos insepultos
recién llamados al martirio.


Decid feliz y próspero año nuevo
y os diré
la palabra más salaz
que mi lengua haya inventado.
Más de veinte mil dicen que son
-más otros cuantos miles yaciendo

entre escombros su infortunio-
los muertos a fuego sangre y rabia
y a dentelladas homicidas
de la bestia sorda y ciega
y asesina
insaciable y voraz su sed y su deseo.


Venganza y talión, pueblo elegido
amnesia y borrón, nación de errantes
holocausto sin pecados crematorios.
Perdón decís, y condena digo
y maldición
y aguardo un solo justo -uno tan solo
para celebrar la anunciación

de más días hermosos.


lunes, 2 de octubre de 2023

memorias

 Mis primeros recuerdos

se guardan en el patio de mi casa:

una hiedra,

la parra que mi padre plantó,

tres gatos…


Y de noche,

contar las estrellas.



viernes, 29 de septiembre de 2023

de gustos

A ti

te gustaría olvidar

y a mí

cogerte de la mano y caminar

 

tal vez besarte

 

o al menos intentarlo

de notar en tus ojos el si quieres

de otros tiempos

 

no sé

te lo confieso

si podré cruzar alguna vez

el rio que adormece los recuerdos

aquel que borra toda dicha

 

si podré alcanzar la orilla donde no estén ya

tus manos

 

a mí me gustaría

sentir en mi cara la lluvia nuevamente

y a ti

cancelar definitivamente el tiempo

 

ajena ya del todo nuestra común memoria

soberano solo en tu corazón

tu personal dictado

 

sea


de gustos

y aun de colores

ya se sabe

está casi todo escrito.


(GM Blanco, en Memorias)


martes, 26 de septiembre de 2023

GN

Mientras el aspirante Feijóo declama su oración fúnebre por una España siempre pronta a romperse si  las derechas no mandan en ella, veo en directo los preparativos del funeral laico y el último paseo por Roma de un napolitano casi centenario, comunista y reformista y dos veces presidente de la República de Italia, antifascista y resistente, hombre de honor y dignidad al que ahora rinden los honores de despedida en el Parlamento donde entró por primera vez en 1953, el año en que estaba yo naciendo.

Y lloro ¡qué le vamos a hacer! con mis amigos italianos, i miei compagni, que lo respetan y aun lo quieren. Solemne su entrada a Montecitorio, il Congresso dei deputati, hoy catedral del laicismo a la italiana, donde incluso un cardenal pronunciará una homilía laica y cívica. Ayer fue el mismo Papa Francisco quien presentó personalmente sus respetos en el aula del Palazzo Madama, sede del Senado, ante el féretro de Giorgio Napolitano. Un hecho insólito, y elocuente.

Dos Congresos hoy tan distintos, el de mi España y el italiano, las máximas representaciones políticas de mis dos patrias afectivas. En uno, las derechas que hoy se saben de antemano derrotadas, aunque no vencidas, por la mayoría de representantes de la soberanía nacional. En otro, las derechas en mayoría y la más extrema al frente del Consejo de ministros de un Gobierno de coalición con los independistas de allí -y los neosoberanistas- dentro.

Y la memoria me lleva a otro congreso, aquel del PCE donde Julio Anguita fue elegido secretario general, febrero de 1988. Algo tuve que decir -lo sé, pero no voy a traerlo ahora aquí- para que Napolitano y Pietro Ingrao, otra figura inolvidable del comunismo democrático, que encabezaban la delegación del Pci (aquel Partido que se disputaba con la Democrazia cristiana un puesto en la eternidad), me buscaran para felicitarme, mostrar su acuerdo con las posiciones que por aquel entonces defendí… y ofrecerme una estancia en la escuela de formación de cuadros del partido italiano. A la que no asistí, todo sea dicho.

Si dijera que no me sentí halagado os mentiría. Pero es igualmente cierto que lo que más me sorprendió fue la modestia y la amabilidad de aquellos dos gigantes del eurocomunismo y de la política y el parlamentarismo italianos conversando conmigo. Con un nadie.

El mismo nadie que hoy se emociona y se conmueve con la emoción de Sofía, la nieta de Giorgio, que  recuerda en sus palabras cómo su abuelo daba la mayor de las importancias al valor de la amistad y el combate por los ideales. Con Anna Finocchiaro, que no puede reprimir sus lágrimas evocando la memoria de su amigo Napolitano. 

lunes, 11 de septiembre de 2023

50 años/44 balazos

Pero en la memoria no solo habita aquello que ocurrió en el pasado. En el origen improbable de una biografía, en la labor incansable de un juez, en la persistencia de una familia, en el llanto de un amigo que no quiere olvidar, en la rabia, en la impotencia, en el fondo de la herida de Chile, hay, también, un gesto desesperado hacia el futuro. Y este medio siglo nos recuerda la urgencia de volverlo a disputar.

Alia Trabucco Zerán, Cincuenta veces once, EL PAÍS, 10/09/2023

 

Dice nuestra escritora que Chile no está solo en esta historia. Es la de España, la de Argentina, la de Uruguay, la de Brasil. Pero cómo duele medio siglo en este Chile malherido. Y sí, a mi me duele Chile tanto como me duele España, si es que se puede seguir diciendo así, y que el dictador de aquí, como el de allí, acabara muriendo en su cama sin que la justicia se hiciera. No. No ha triunfado la justicia ni en Chile ni en España, y es difícil llamar justicia a la que tarda cincuenta años ¡cincuenta! en hacerse. Por eso las hijas de Víctor Jara -te recuerdo, Amanda- no acaban de sentirla por más que hace tan solo unos días se haya condenado por fin a los asesinos de su padre.

Fueron 44 balazos los que se incrustaron en el cuerpo torturado del cantante del pueblo. Cuarentaycuatro. La saña y el odio. Recientes todavía cuando en una noche de septiembre un año después en Copenhague -anochece allí a las cuatro de la tarde- cuatro jóvenes españoles pudimos ofrecer nuestras condolencias y nuestro pésame a dos mujeres, dos viudas, dos resistentes de la dignidad herida de Chile: Joan Jara y Hortensia Bussi de Allende. Con ellas, las hijas de Joan y Víctor, y Amanda, a la que prometí que, de tener un día una hija, la mía llevaría su nombre. Y así fue, y la llamamos Amanda Libertad, que nació en el 76, la democracia apenas si recuperada en nuestra España, y que después nos dejó en prenda su sonrisa ancha. 

Es medio siglo. Son cincuenta años ya los que se cumplen de aquel acto de ignominia, de sangre y fuego, que aún hoy se niegan muchos a condenar como el golpe de Estado que fue. Allí en Chile, como aquí en España. Medio siglo de las muertes de Allende, de Neruda, de Jara, de la democracia y las libertades. De aquella portada toda en negro de Triunfo. De aquel día en que empezamos a llevar a Chile en el corazón y a tener por hermanos a todos los chilenos.

Aquel 11 de septiembre de 1973 vimos, sentados a la mesa, hora de la comida, los aviones de guerra bombardear La Moneda. El televisor, en blanco y negro. Y así han sido desde entonces en mi memoria las imágenes de ese día. ¡Qué hijos de puta!, no me pude contener. Y en aquella sucesión de emociones mis hermanos y yo declaramos nuestra militancia clandestina en el Partido Comunista y en la UJCE mientras mi madre lloraba, más de miedo, creo, que de alegría. Yo, el mayor, estaba por cumplir los veinte años.

He estado después en Santiago. Y en Valparaíso y La Isla Negra. He llorado en aquella hermosa plaza liberada, sí, por todos los ausentes, y ante la tumba alegre y colorida de Violeta Parra. Y he paseado por La Alameda, que volvió a abrirse para todos nosotros, y compartido sueños y saberes con maestros y profesores de allí.

Mi recuerdo está hoy en Juanito, el padre de Marcela, y en la dignidad humilde que vi en sus ojos el día en que la fortuna me agració con su afecto.


sábado, 1 de julio de 2023

once

 En el afán irrefrenable de nombrar 

se entregan 

a llamar primera ola

a estos días de calor e incertidumbre

los primeros

de un verano que no es ya

el mismo de todos los veranos.

 

Once años se cumplen hoy de aquel

que selló para siempre nuestros labios

alterando nuestro tiempo sin remedio:

el pasado desde entonces un presente

continuo

sin tregua y sin excusas.

 

Y empezaste a vivir tu nueva vida

    mi bien     

        mi amor

mi dulce niña

cada día intensamente en el recuerdo

        retorno del corazón 

hasta borrar por completo

cualquier otro calendario.

jueves, 22 de junio de 2023

el voto y la hojarasca

Para los adelantados (léase Díaz Ayuso & Cía) de la ‘guerra cultural’ de las derechas extremas -la diferencia está hoy en la posición del adjetivo- la inteligencia ‘suele ser un lastre’ y hasta un límite (Guillem Martínez, CTXT, dixit). Es simple y barata esa guerra, que poco -o nada- tiene de cultura.

Y su lenguaje, poco original -¿trabajar? ¡hasta ahí podíamos llegar!- y prestado de la internacional que tiene a Trump como tótem, es el ropaje y el telón con el que envuelven y tratan de camuflar el verdadero objetivo y los reales intereses que acomunan a PP y VOX. Esos ‘de toda la vida’ de los que ahora hace bandera una dirigencia del PP que se ha despojado de su marchamo de liberalismo y moderación. Por innecesario: ‘ya no hace falta’, les he oído decir.

Su ‘programa’: 1) beneficios empresariales (y societarios, y personales) que quieren incontrolados y ‘libres de impuestos’, 2) desregulación y menos controles, que vienen de Europa los millones que otros consiguieron, 3) respuesta dócil a la codicia de petroleras y energéticas (de paso, a lo más atrasado de la industria del automóvil) y de las ‘empresas’ de abastecimiento y  distribución con beneficios abusivos directamente ligados a la inflación en los precios de los alimentos, 4) privatización y adelgazamiento del Estado vía reducción selectiva de impuestos (que los muy ricos con una riqueza media de más de 19 millones de euros tributen ¡al 0,03%! se les hace excesivo), 5) imposición -que no protección- de la maternidad ante el creciente ciclo migratorio y la amenaza de la ‘sustitución étnica’ -algo más bien nuevo, pero proclamado alto y claro por el número dos de la Meloni presidenta del consejo de ministros de Italia-, 6) aprovechar el nuevo ciclo de rearme… y la vuelta al viejo complejo militar-industrial con la ayuda del ‘amigo’ Putin, y 7) desterrar los derechos de ciudadanía contrarios a la imagen añosa de una pretendida patria de gónada e hisopo, y configurar de nuevo una antiEspaña a su medida.

De ahí que ni violencia machista ni cambio climático, ni más libertades que su libertad de terrazas y contaminación. Los salarios controlados, para evitar que haya quienes ya no quieran seguir siendo másqueexplotados, y el trabajo barato, que el salario mínimo digno es cosa de cuatro rojos que ni son gente de bien ni siquiera están entre las de la España que madruga. Aunque entre esas que madrugan de verdad han descubierto unas bolsas de abstención, cuando no de adhesión, que les vienen que ni pintadas para sus propósitos. Y a mantenerlas se disponen con diligencia.

De la salud y la educación, de vuelta a la privada cuanto se pueda en ambos casos, que allí no adoctrinan más de lo necesario y a gusto siempre de la autoridad competente pinparental, ni malgastan en cuidados a los viejos, ya poco productivos y cada vez más exigentes. Iniciativa, siendo privada y, por lo general, de amigos y correligionarios con los que han de corresponder.

Y sigo sosteniendo, a pesar de todo y por ello mismo, que es necesaria en nuestro país otra derecha. Esa que, además de proclamar su confesionalidad, la ejerza: dar de comer al hambriento y posada al peregrino, etc., y el preámbulo entero de la Declaración universal de los derechos humanos. Esa que predique menos la Constitución y de más trigo en sus hechos renovando, es un suponer, cuando toca, los órganos judiciales. 

Quizás sea menester, para que alumbre esa derecha, que esta de hoy pierda las próximas elecciones. Porque lo único que es preciso derogar en España es el cainismo, la corrupción y la mentira. Y el atrasismo en su conjunto.

Mientras, que no nos confunda la hojarasca. Ni los fuegos artificiales.

 

martes, 16 de mayo de 2023

lo común

 ¡Cuánto miedo, de una parte, y cuánto despotismo y mentira, de otra, en aquella advertencia  lapidaria! ‘Haz como yo -dicen que decía el viejo dictador- … y no te metas en política’. Décadas de desprecio de la política por quienes la monopolizaban en su exclusivo beneficio y nos apartaron -siempre por nuestro bien- de los pecados del voto y del partido: con el suyo, único, bastaba.

Y aunque es cierto que puede haber política sin democracia (frágil entonces, postiza, demediada: así en los regímenes autoritarios), verdad es que la política -con sus instituciones, sus reglas, sus contrapesos- es consustancial a la democracia. Polis y demos, ciudad y ciudadanía se han de pensar y han de ir siempre juntos.

Algo preocupante sucede, entonces, cuando un número creciente de ciudadanos desertan de su condición renunciando al ejercicio de su derecho al voto y a la participación. Un dato: en las pasadas elecciones italianas, las que dieron la presidencia del Consejo de ministros a la más extrema de sus  derechas, votó un 63,9% del censo, diez puntos menos que en las anteriores. En las municipales (parciales) de este domingo-lunes, el 59%. Cuatro de cada diez electores han renunciado a su derecho.  

Una desafección -y no solo en Italia- que apunta a una creciente irrelevancia de la política y, en consecuencia, de la democracia, y ante la cual solo hay, a mi juicio, una respuesta: (re)politizar, valga la redundancia, la sociedad y la vida. O, lo que es lo mismo, multiplicar la presencia activa y el poder y la capacidad de decisión de los ciudadanos. Dicho a lo claro: crear más democracia haciendo más robustas y más dignas  sus instituciones, partidos políticos incluidos.

Por el momento, una oportunidad: las municipales y autonómicas del domingo 28. Y un objetivo: traer al primer plano de la política lo que nos es común, esos bienes que calificamos de ‘comunes’ y que se sustraen a la vieja dualidad público/privado y, claro está, a la exclusiva decisión sobre los mismos de nuestros representantes (no porque se la neguemos sino porque no se la delegamos). Esos bienes que lo son de todos y cada uno de nosotros, la ciudadanía. La salud, el agua, la educación, el descanso, el medio ambiente, el paisaje, el saber acumulado, el espacio y las ondas, la cultura, el suelo público, los parques y los bosques… Que nadie, salvo sus titulares -nosotros, la ciudadanía- debería poder enajenar, ni en todo ni en parte, ni ceder ni permutar. O sea, privarnos de ellos privatizándolos.

Y a esa defensa, y a su cuidado, todos estamos convocados. Por nuestra sola condición de ciudadanos, es decir, de políticos, que se afanan en lo común, que es lo colectivo personalmente apropiado. Porque el 28 nos dividiremos votando cada cual según su preferencia, pero al día siguiente seguiremos compartiendo calle, plaza, tienda, centro de salud, cine o bar, pista deportiva, instituto o empresa, y hasta portal de casa. Problemas, y esperanza en su resolución, también satisfacciones. Nos iguala nuestra común condición, y esa bendita  capacidad humana que se llama compartir.

De ahí que me gusten candidatas y candidatos que dejen a un lado el  ‘yo’ para hablar de ‘nosotros’, que se comprometan a trabajar no ‘por’ sino ‘con’ sus (con) ciudadanos. Abiertos a colaborar con esos otros (sus iguales) elegidos en las listas de otros partidos, y al diálogo y la escucha. A no menospreciar los gobiernos compartidos. Y a la consulta ciudadana. Sí, aunque las urnas les hayan dado esa mayoría que dicen absoluta. O por eso mismo.

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