martes, 10 de enero de 2017

con blas


Si hoy trajera aquí alguna cita, aunque fuera sin foto, de Zygmunt Bauman -recién ayer fallecido- este cuaderno sin tinta se iría haciendo más y más obituario, visto el cariz del año apenas estrenado. Bauman, apóstol de ´lo líquido`, entró en mis lecturas en aquellos años que creímos terminales del franquismo con sus Fundamentos de sociología marxista, traducidos a partir de la edición italiana y publicados aquí por Alberto Corazón. Por aquel tiempo, y queriendo desterrar toda ortodoxia, llegaron también Adam Schaff y Agnes Heller.

Hoy son tiempos idos que vuelven, no ya solo por la necrológica sino en forma de regalo por la suma de los años. Que esta vez no es sino el acierto de Maxi en ofrecerme la lectura de esas Historias fingidas y verdaderas que escribió Blas de Otero (en La Habana, dice en el prólogo Caballero Bonald que se compuso este libro inextinguible y hermoso en el que su autor alcanza una maestría verbal incontestable) y han publicado en un pequeño estuche con también la traducción al euskera las Ediciones El Gallo de Oro. Cosas del centenario. Sabina de la Cruz, mujer de Blas, hace una muy sucinta presentación.
Sabina fue profesora de euskera, y Paloma alumna suya. Con ella -con Sabina- y con un puñado de sabios e ilustres a cuya altura nunca llegaré, milité unos años en aquella Agrupación de profesores de Universidad del PCE. A alguna de nuestras reuniones unió Blas de Otero su presencia serena y, para mi, tan humilde como imponente.
A Blas, que murió en el verano de 1979, le hicimos un homenaje en las Ventas. Mientras allí se decían versos y se cantaban canciones, los sandinistas de entonces entraban en Managua.


DEL PELIGROSO MANDO

Esta es la cuestión: escribir libre, fluida y espontáneamente: al menos, en apariencia. Si hace falta, escribir con frescura, como el regato, la brisa y, desde luego, sin una idea preconcebida. Como una película de la Keystone: sin guión y con ganas de trabajar, entrevistarme, sorprender. Escribir hasta caer rendidos, y cuando lo lean se sientan ágiles, un poco emocionados, plenos. El quid, el intríngulis también se dice, está en dar a los demás lo que uno necesita; ser pródigo por naturaleza, no por arte ni magia. Las palabras me obedecen pues soy ciego y ellas me llevan; tiro de ellas con la punta de la pluma, o les suelto la correa: de pronto, se vuelven y me miran. Caminamos al azar, esto es lo que parece, pero la cuestión es llegar rápidamente al final, al fondo, sin andarse por las ramas como la brisa, aun sintiendo su atento roce y el brutal ruido del mundo.

(Blas de Otero, en Historias fingidas y verdaderas, El Gallo de Oro, 2016, edición bilingüe)

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