sábado, 13 de agosto de 2011

ferroviarios

Alcázar de San Juan es -no me quiero resignar al uso de un tiempo pasado, aunque la verdad es que lo fue más antano- un importante nudo ferroviario y de ferroviarios. Muchos de mis amigos, y algunas de mis amigas, lo son, o lo fueron. Y tienen unas hechuras, unos modos y hasta un lenguaje -ay, esa manera de dar la hora- especiales.
El amigo de Rosario que me descubrió el gran Paraná y me invitó a un café en El Cairo, sentados al lado mismo de la mesa de los Galanes para recordar emocionados a los que nunca aparecieron, me habló de la importancia que tuvo el ferrocarril en el desarrollo de una ciudad donde homenajean a Lorca, al Ché y a Gardel. Tanta, que para ilustrarla me contó que los ferroviarios que andaban a la conquista de minas con las que bailar dejaban caer en el salón, como al descuido, su carné profesional para que ellas lo encontraran. Estrategia infalible.
Viene todo esto a cuento de que, tratando de ordenar libros y entresacar los que quiero que vengan conmigo por un tiempo fuera de casa, encuentro entre los de poesía uno que se titula No te enamores del hijo de un ferroviario (Ediciones Vitruvio, colección Plaza Mayor nº 2, 2009), de Javier Peñas Navarro y con ilustraciones de Francesca Cristina.
Calibrad -si podéis- en estos versos si hay razones suficientes para tal desmesura, tan específica y, en mi opinión, injusta.

No te enamores del hijo de un ferroviario,
no vaya a ser poeta, pastor de raíles,
guardabarrera de sueños que lee en su garita,
y la noche te sorprenda surcando Las Landas
en su wagon-lit de tenues lucecillas
que encogen la cintura en los cambios de agujas.
No te enamores, no, que en la vieja Austerlitz
finiquitó una guerra y a ti no te incumben
lides que al auscultar el fragor de los pulsos
trepidan más fuertes que zarcillos de hiedra;
ni te atañen las viñas que dulces aduermen
los ojos: ebriedad de un amor que sólo envejece
por mor de maderas selectas. Que no te esclavice
en su argolla impecable el vino preservado del sol,
por más que en su brindis se afirme que la ínfima luz
es paso a mayor luz, como ocurre en los túneles,
rayo fulminante acogido por un vívido pecho
dispuesto a recibir la candente hendidura.
Hijo de ferroviario: ¿hay acaso algo más peregrino?;
cantan sus ojos las mañanas, el rocío, los postes,
no para en pensiones ni se espeja en los charcos,
nada posee sino su mirada encendida, y un misterio
a nada abonado, de nada pendiente, tan solo
misterio de música como un ladrón de estrellas.
Ay, no, enamorarse del hijo de un ferroviario,
amanecer entre la bruma de gabarras del Sena
y asir, como un órfico abrazo, apretando bien fuerte,
ensoñar otra luz, otra vida injertada en tus labios...
Ah, no. Eso no.

Dos citas dan soberbia compañía, y entrada al libro:

1.  Oh tren
     explorador
     de soledades

  (Pablo Neruda)

2. Potser l´últim encert és -abraçat a tu-
    deixar que tots els trens se´n vagin en la nit.

   (Joan Margarit)

supongamos

Hay que suponer

Supongamos que usted una mañana se despierte,
se siente en el borde de la cama,
se mire el cuerpo,
se estire como un gato
y apretándose el riñón con su índice
diga bueeéh...!
Supongamos que una mañana usted se despierte...
poeta.
Supongamos.
Que deposite una gota de esternón
sublingual,
confine el regreso de un deseo
y frente al ingreso ventanal del sol
se hamaque.
Que levante las cuatro sotas que dejó tiradas anoche,
le recorte los tacones
y al periódico del día lo salpique
con matecocido y porfía.
Que le den ganas de dibujar bocas y zapatillas,
dejar escapar todos los adjetivos por las mirillas,
perseguir en paños menores a la metáfora menor
por toda la casa.
Supongamos que de repente se le aparezca la letra jota
¡minúscula!
y aquella vieja historia de la música
secrete.
Que los sedimentos sedimenten,
los nutrientes refrigeren,
los amores platonicen,
los perdedores ironicen.
Digamos... que a usted no le interese más otra cosa
que la semilla,
el desentono,
quebrar el semen.
Querrá fatigar el suburbio
si devino poesía,
resoplar su potrillo,
destemplar.
Vamos a suponer que sale a la calle en puntas de pié,
que salude cortesmente a una señora con sombrero.
"Buon giorno"
y en vez de una flor le obsequie un soliloquio.
Por un momento, supongamos
que al doblar la esquina del buzón
vienen a su encuentro Alejandra Pizarnik del brazo de
Julio Cortázar,
lo besen como a un viejo cómplice
y se vayan los tres abrazados hasta la última mesa
de un bodegón malhablado
a describir, muertos de risa,
el rechinar de los pecados
que pasan
en fila india... uno a uno...
sin desmudarse.
Piénselo.
Una mañana desatinada usted debería suponer.

Juan Disante
** y su blog. 
*** ilustración de Julíán Matías Roldán 

miércoles, 10 de agosto de 2011

cien mil

Por una enseñanza pública que distribuya las oportunidades. En Chile. Eran 100.000, estudiantes y profesores.
Ojos que lucen nuevos, ojos de asombro y esperanza.

foto Felipe Trueba (EFE)

martes, 9 de agosto de 2011

333

Puse mis manos en su rostro y las retiré heridas por el amor.
Ahora,

el olvido acaricia mis manos.

(Antonio Gamoneda, Arden las pérdidas)

lunes, 8 de agosto de 2011

proms

Una explosión de vida, de emoción, de alegría.
Una declaración de amor y de esperanza.


Danzón nº 2, Londres 2007

'Cuando la Orquesta Simón Bolívar de Venezuela, que hizo el viernes la Segunda sinfonía de Mahler, salió al escenario, había espectadores que durmieron en sacos a las puertas del teatro la noche anterior para conseguir una de las 1.000 entradas a cinco libras que se ponen obligatoriamente a la venta el día del evento.
Las que se vendieron con anticipación, desaparecieron en tres horas el día que pudieron comprarse. Ni que decir tiene que el triunfo de Gustavo Dudamel -el joven director venezolano que tiene debilidad por este festival- fue apoteósico, con 15 minutos de aplausos.'


'Hoy el talento musical ya no llega de Europa exclusivamente: se ha esparcido y engrandecido a los extremos, tanto en Asia como en América del Sur. Cada uno tiene su manera de concebir la música que quiere hacer. No es lo mismo la explosión de solistas en China que la perfecta armonía orquestal conseguida por José Antonio Abreu en Venezuela con un sistema de educación que enseña hoy a 410.000 niños y jóvenes en su país. Pero que estamos ante la mayor generación global de talento joven que ha existido nunca, es un hecho a celebrar y una ventaja que comparte y aprovecha para su programación en la ciudad más cosmopolita del mundo el director de los Proms. "Sí que existe esa inmensa marea de talento en partes inimaginables del mundo hace años", corrobora Wright.'

sábado, 6 de agosto de 2011

destino

La entrada, donde el coche mal aparcado.  

Como las esencias -que según nuestras tías sólo se despachan en frascos pequeños-, la piazza dell´oro es muy pequeña, casi minúscula. Frente a frente, dos edificios. La iglesia imponente, rotunda, y el que, al lado de otro exento que compone una modesta y bellísima manzana (por el otro sur, lean 'cuadra'), alberga los dos pisos que, unidos, alojan las dependencias de mi nuevo trabajo. Mi nuevo destino. Como si el destino se despachara también como en dosis, de a pocos, y el sino no fuera otro que el azar ya previsto.
En la iglesia, me dicen, admiten perros. Me gusta, aunque no sé si es cosa de la tradición o la modernidad, o simplemente del márquetin de la fe católica y romana aggiornata.


El itinerario de vuelta a casa, a pie, exige atravesar el rio -el puente lleva tiempo preparado- y permite la opción de sentirte a la vez protegido y atrapado por la belleza de la gran colomnata aunque la elección obligue a pasar por otro Estado (la otra opción posible sería, aquí, pecado imperdonable: ético y estético).
El destino impone, en cualquiera de las dos opciones, girar a la izquierda si uno no quiere extraviarse y acabar por perderse -y perdido- en el camino.
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