lunes, 29 de noviembre de 2010

mar de lluvia

Ulysses

  Como toda pasión, tenía algo
  de desesperanza y de tormento.
                                       (H.Conti)

No habrá mañana ahora. Lo sé
como sé que quedó allí herida de muerte la esperanza.
Bastó con una noche sola,
oscura. Los labios ciegos, abierta y ancha la bahía  
y Ulises ya perdido. Huyó el abrazo
definitivamente ido, perdido y para siempre.
Para siempre jamás. Tinieblas
e infinito el dolor y la pena sin consuelo. De nuevo.
De nuevo la culpa, poderosa, más fuerte que la magia
y el deseo. Y el temor, de nuevo.

Es por eso que hoy te escribo. Para pedirte
que inundes tus ojos del verde de la lluvia
y de mi amor. El que puedes ver en los ojos que celebran
el asombro de los tuyos y la luz cuando me besas.
El destello que hendió el cielo cuando abajo,
ya dispuesto el equipaje y tu boca por sorpresa.
Un tren de mar nos urge, amor, y nos espera.
(Y hablaremos del tiempo en común y del destino,
llenos tus ojos de lluvia y mar
y de melancolía)

Será el de ayer, amor, mi testamento.
Y mi vida será -de ser- vivir en tu recuerdo.

(Maite G. Blanco)

domingo, 28 de noviembre de 2010

trenes

María Eugenia vive en El Tigre, Buenos Aires, y tiene un blog con nombre que dice a la vez audacia y riesgo, saltar del tren. A mi me gusta más asaltar los cielos subiendo a los trenes aunque sea casi en marcha, pero ella escribe cosas como ésta que aquí dejo:

Descubrieron emociones uno del otro. Ella, que él jamás dejaría de amarla, él, que ella nunca más volvería a ser suya.
En esos momentos todo valió la pena, no así el resto de sus vidas. Ella quiso olvidarlo, él ni siquiera lo intentó. Él hizo esfuerzos por seguir adelante, ella se conformó con vivir en paz. Él sufrió ataques de pánico, ella ataques de soledad.

Ella creyó ser princesa, él fracasó siendo rey. Envejecieron de viejos y de tristeza, de arrepentimientos y conflictos, envejecieron de impedimentos y razón. No volvieron a verse. Él hace bollitos de cartas que nunca entregó, ella no pudo leerlas…

La vida los sorprendió, sólo que a él por la espalda. En su despedida ella preguntó “¿de qué están rellenas las nubes?”… él la miró y respondió “de pochochos, las nubes están rellenas de pochochos”, ella rió y lo besó.

Ese día caminaron. Uno para cada lado. Ella lloró de inmediato.

Él tardo 3 cuadras en hacerlo… pero nunca pudo detenerse.


Tienen algo en común… a los dos les cuesta olvidar.

Los 'pochochos', palomitas de maíz. Las historias, como de trenes.

sábado, 27 de noviembre de 2010

hope street

Hace algo más de un mes escribí por aquí de lecturas y esperas. Fui después encontrando las lecturas por las que allí me declaré en situación de 'a la espera', una situación que requiere necesariamente de una dosis adecuada de esperanza. Si  no, ¿de qué?. No sería ya futuro abierto sino declinación, clausura, cierre.
No fue el caso, y apareció y encontré primero Freedom (el libro, claro, que la libertad es cosa más laboriosa, diría yo que inancanzable: salvo que seas amigo de B. Espinosa -el Spinoza de los textos de filosofía- y la encuentres justamente en la aceptación gozosa de su aparente negación, la necesidad). Avanzo despacio en su desciframiento, de torpeza en torpeza, deseando en el fondo que llegue pronto la traducción.
Y de la mano amiga de C., y de su sonrisa ancha y clara, me llega ahora, regalo especial de cumpleaños, ese Solar de McEwan cuyo título confundí entonces -no es Solaris, obvio- y hoy mismo he corregido.
Principio prometedor (He belonged to that class of men -vaguely unprepossessing, often bald, short, fat, clever- who were unaccountably attractive to certain beautiful women. Or he believed he was, and thinking seemed to make it so. And it helped that some women believed he was a genius in need of rescue.), espero que, como todo lo que he leído antes del autor, me depare el placer intenso de su lectura.
La tercera pieza, esa Némesis de Roth, puede esperar (o quedar a la espera, que tanto da). Sé que, si está de ser, la encontraré. No puede, en ese caso, no ser. Además -se lo repetí a Bea con toda el alma en prenda- la buena gente se lo merece.
En Belfast, ciudad triste y castigada, la esperanza tiene calle: Hope Street. ¿Una premonición?

domingo, 21 de noviembre de 2010

tiempos

Sencillos deseos

Hoy quisiera tus dedos escribiéndome historias en el pelo
y quisiera besos en la espalda
acurrucos
que me dijeras las más grandes verdades
o las más grandes mentiras
que me dijeras por ejemplo
que soy la mujer más linda del mundo
que me querés mucho
cosas así
tan sencillas
tan repetidas,
que me delinearas el rostro
y me quedaras viendo a los ojos
como si tu vida entera dependiera de que los míos sonrieran
alborotando todas las gaviotas en la espuma.
Cosas quiero como que andes mi cuerpo
camino arbolado y oloroso,
que seas la primera lluvia del invierno
dejándote caer despacio
y luego en aguacero.
Cosas quiero como una gran ola de ternura
deshaciéndome
un ruido de caracol
un cardumen de peces en la boca
algo de eso
frágil y desnudo
como una flor a punto de entregarse a la primera luz de la
mañana
o simplemente una semilla, un árbol
un poco de hierba
una caricia que me haga olvidar
el paso del tiempo
la guerra
los peligros de la muerte.

(Gioconda Belli)

sábado, 20 de noviembre de 2010

sugerente

Llovía, casi a mares, en Santiago. Avión, noche, hotel, reunión, comida, tarde, avión. Podía ser cualquier otro lugar del mundo, pero de Galicia hablo. Memoria y recuerdo traído al presente, ningún recorrido, ninguna visita, ningún paseo.
El aterrizaje, brusco. Sacudida. Contraste con el cierre del Epílogo de Blanco nocturno, evocación de una noche clara de verano en El Tigre (otro mundo). Sus amigos lo escuchaban en silencio, tomaban vino blanco y fumaban, sentados de cara al río.
Apenas si había cerrado el libro, recién terminado, cuya lectura he ido demorando, lenta, atenta al destello del genio, al hallazgo narrativo, a la sutileza inteligente, a la descripción precisa. Alto, de edad indefinida y cara colorada, de bigote gris y pelo gris (...) pegando con el rebenque contra las patas de las sillas, como si estuviera espantando sus propios pensamientos, que gateaban por el piso (...) -dijo, y se detuvo intrigado a pensar y se extravió en el zigzag de sus ideas, que se prendían y se apagaban como bichos de luz en la noche.
Sugerente la llave de la habitación del hotel. Cosas del azar. O puede que de la necesidad.

jueves, 18 de noviembre de 2010

el que más quiero

NOVIEMBRE

Llega otra vez noviembre, que es el mes que más quiero
porque sé su secreto, porque me da más vida.
La calidad de su vida, que es su canción,
casi revelación,
y sus mañanas tan remediadoras,
su ternura codiciosa,
su entrañable soledad.
Y encontrar una calle en una boca,
una casa en un cuerpo mientras, tan caducas,
con esa melodía de la ambición perdida,
caen las castañas y las telarañas.

Estas castañas, de ocre amarillento,
seguras, entreabiertas, dándome libertad
junto al temblor en sombra de su cáscara.
Las telarañas, con su geometría
tan cautelosa y pegajosa, y
también con su silencio,
con su palpitación oscura
como la del coral o la más tierna
de la esponja, o la de la piña
abierta,
o la del corazón cuando late sin tiranía, cuando
resucita y se limpia.
Tras tanto tiempo sin amor, esta mañana
qué salvadora. Qué
luz tan íntima. Me entra y me da música
sin pausas
en el momento mismo en que te amo,
en que me entrego a ti con alegría,
trémulamente e impacientemente,
sin mirar a esa puerta donde llama el adiós.

Llegó otra vez noviembre. Lejos quedan los días
de los pequeños sueños, de los besos marchitos.
Tú eres el mes que quiero. Que no me deje a oscuras
tu codiciosa luz olvidadiza y cárdena
mientras llega el invierno.

(Claudio Rodríguez, de El vuelo de la celebración,
cortesía de Fernando Nombela)


típarti nacional

Alto y claro, dicen que se llama el programa donde el tertuliano rijoso dice lo que piensa. Y lo dice con ese descaro -muy de derechas, a lo que parece- de los que han sustituido el cerebro por los genitales. En Telemadrid, la tele de la prédica en defensa del orden, de la familia y de la castidad, órgano del típarti a la española, donde trabaja el otro, el que lo escribe ('zorrillas de 13 años' que aquél hace madurar, ahora de 17 en adelante, prietaslascarnes).
No creo que se trate de doble moral, no. Que sólo tienen una. O, pensándolo bien, ninguna.Y han equivocado la noble máxima que nos prescribe vivir diciendo lo que se piensa y haciendo lo que se dice. No es siempre lo más adecuado decir lo que se piensa: no, al menos, en una televisión pública y ante un auditorio de niños.
Se trata de una conversación privada, vuelve a repetir la Presidenta Aguirre, tan liberal ella y tolerante. Como la del otro, que sólo cuestión era -decía doña Esperanza- de libertad de creación literaria. Privado, libertad. Típarti nacional.
Ya ven. Adivinan el tirante de un sostén y por allí les asoman las ideas.

PD. Por cierto, ¿y qué hacía un grupo de escolares en un programa como ése?
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...