* Para mi P., un sol en tierras de penumbra.
(...)
Qué levantada gracia estar contigo,
compañera,
de ti depende que la luz sea clara.
Eladio Cabañero, de Compañera .
viernes, 21 de septiembre de 2012
miércoles, 19 de septiembre de 2012
santiago
Hubo un tiempo en que les llamábamos por su nombre de pila. No les hacían falta apellidos. Es el caso de Dolores, de Santiago. Fué, después, el de Felipe, ayudado quizás por la tradición. A Fraga, solo los más suyos le llamaban, casi siempre en público, don Manuel. Que la derecha ha sido, y vuelve a ser, pero que muy de apellidos.
Por aquel entonces el PCE no necesitaba ser nombrado por su nombre. Era, sencillamente, el Partido. Y no cabía confusión alguna. Y así era cuando me encontré con él, comunista sin carnet -como ahora, aunque entonces no los había- en aquel Madrid del 69, ya otro siglo, en aquella Universidad del 70 que ofrecía los servicios de capilla y comisaría de policía en el interior de cada una de sus Facultades.
Por aquel entonces se necesitaba pasar la prueba de la formación para ser admitido en el Partido, obviamente clandestino. Y yo siempre me he jactado de no haberlo hecho -quizás eso explique el resultado-, jactancia no ajena al hecho de que, por poner un caso, el entonces Responsable de Formación de Universidad (las mayúsculas ayudan a mostrar la relevancia del cargo) pasara de su pericia como alumno dilecto de Althusser a su obstinada pelea actual por no bajar puestos en el ranking de los comunicólogos al servicio de la derecha más rancia. Vivir para ver.
Por aquel entonces, la sola enunciación ¡Que pague Matesa! nos servía para no picar el bono del autobús que de Moncloa nos llevaba al Paraninfo, tibios ensayos de una incipiente desobediencia civil. Que se haría más áspera, y peligrosa, cuando se convirtió en denuncia del infausto juicio de Burgos, mi primer contacto en directo con la brutalidad mortífera de la dictadura y la no menos brutal de las porras de su policía, entonces los grises. Una docena de valientes unidades de esa policía me pegaron con sus 'defensas', uno a uno y por estricto orden -y obedeciendo las órdenes de aquel patético payaso al que llamábamos Billi-el-niño- hasta dejarme piernas, culo y espalda como la bandera de las barras rojiblancas. Las estrellas nunca las percibí. ¡Corre!, me gritaban. Pero yo creí que mi dignidad consistía en lo contrario, en mantener el paso sereno sin correr. Y así me fue. Y mi madre lloró una vez más, después de muchos años, por lo que ella llamaba la política. 'Si ya sabía yo que acabarías metiéndote en política! Que mira cómo acabó el abuelo...'
Pero por aquel entonces, y aunque en aquella Facultad de Filosofía se estableció el frente en el asedio de Madrid en la guerra civil, apenas si sabía de Carrillo algo más que su mera existencia con algún retazo de su historia, algún escrito en El Mundo Obrero, lejano siempre, ausente por exiliado y de fuera. Nosotros éramos los del interior, jóvenes jovencísimos que mirábamos más al porvenir por hacer que al pasado que ya no era: acabar con la dictadura, que no tanto la patria proletaria, era nuestra revolución.
Por aquel entonces Santiago apareció de pronto, presente en aquella mañana fría de pegada de carteles a cuerpo descubierto pidiendo su libertad en el barrio de Argüelles y en aquella tardenoche de la manifestación -¡cuántos éramos!- y el miedo contenido de la Puerta de Sol a Callao y la Gran Vía -la bocacha del fusil con el bote de humo apuntándonos directamente a P. y a mi, la puerta del cine cerrada por dentro para impedirnos entrar- y ya siempre después hasta quedarse. Hasta ayer, cuando todo volvía a empezar.
Santiago. Resistencia y guerra frente al fascismo. Reconciliación nacional. Lucha por la recuperación de la democracia. Ruptura, aunque pactada. Monarquía democrática antes que República sin democracia. Entereza ante el golpista y dignidad. Derrota amarguísima la del 82. Dispersión. Lucidez siempre. Ironía.
Santiago. Un hombre que nunca perdió la cabeza. Casi un siglo, de España y de la clase obrera.
Muere un periodista, y nace un periódico: eldiario.es. Y hoy N., mi único tío, tiene cita con la vida. La vida que, pese a todo, sigue.
martes, 18 de septiembre de 2012
clases
Hablo de las otras, de aquellas en las que alumnos y profesores se afanan en construir, en compartir, en trabajar juntos porque saben -más los segundos que los primeros- que el saber hace (más) libres, que ya nos lo dijeron los clásicos y bien que lo han aprendido estos 'modernos' efímeros de ahora empeñados en que de la escuela pública, universal y gratuita -como de la sanidad- no queden sino las crónicas y una cada vez más pálida memoria.
Porque hoy comienzan para mi, de nuevo, mis clases. Tantos años más tarde, y una casi parecida emoción. Otros tiempos, otros alumnos, otras materias. Y la misma certeza de que en la educación está, además de la base de la igualdad, la esperanza de la emancipación.
Para mi -ya es irremediable- es ya otra vida. Pero vida. Porque, aunque muy temprano, sigue amaneciendo cada día. Y por eso hoy he querido darles la bienvenida a mis alumnas y a mis alumnos en el blog que les he preparado para que podamos trabajar juntos haciendo más anchos el tiempo y el espacio, para que podamos hablar, escuchar, pensar juntos. No los conozco aún, pero sé que no hay mejor saludo que ese Gracias a la vida que nos regaló Violeta Parra: las mismas palabras con las que años atrás, curso a curso, quise establecer la arquitectura de aquellas clases de filosofía de un enseñante que creía tener toda la vida por delante y quería cambiar el mundo.
Empiezo mis clases. Para empujar un poco hacia un mundo en que no quede ni rastro de las otras. Para seguir compartiendo con esa verde marea de amor y de esperanza la tarea de construir un mundo de hombres y mujeres más sabios y más libres, más felices, más solidarios.
Cada una de mis clases será, amor mío, la que tú no has podido dar.
Porque hoy comienzan para mi, de nuevo, mis clases. Tantos años más tarde, y una casi parecida emoción. Otros tiempos, otros alumnos, otras materias. Y la misma certeza de que en la educación está, además de la base de la igualdad, la esperanza de la emancipación.
Para mi -ya es irremediable- es ya otra vida. Pero vida. Porque, aunque muy temprano, sigue amaneciendo cada día. Y por eso hoy he querido darles la bienvenida a mis alumnas y a mis alumnos en el blog que les he preparado para que podamos trabajar juntos haciendo más anchos el tiempo y el espacio, para que podamos hablar, escuchar, pensar juntos. No los conozco aún, pero sé que no hay mejor saludo que ese Gracias a la vida que nos regaló Violeta Parra: las mismas palabras con las que años atrás, curso a curso, quise establecer la arquitectura de aquellas clases de filosofía de un enseñante que creía tener toda la vida por delante y quería cambiar el mundo.
Empiezo mis clases. Para empujar un poco hacia un mundo en que no quede ni rastro de las otras. Para seguir compartiendo con esa verde marea de amor y de esperanza la tarea de construir un mundo de hombres y mujeres más sabios y más libres, más felices, más solidarios.
Cada una de mis clases será, amor mío, la que tú no has podido dar.
lunes, 10 de septiembre de 2012
visita
Emilio convierte su visita en emoción y regalo. Con su luz de colores, su amistad y su afecto.
Con su par de zapatos desparejos, la gracia del contar sus historias hace sonreír a María, mi madre. Milagro en una abuela que ha dejado en el camino el brillo de sus ojos.
Vamos después a ver el mural de la estación del tren. Resiste al tiempo, apenas si algún desconchón, un punto menos vivos, más pálidos, los colores. Han sido más de veintisiete años.
'El Torreón -dice- aguanta muy bien'.
Mientras lo dice, me mira. Y en su mirada veo, más que una pregunta, una invitación.
domingo, 9 de septiembre de 2012
sumar
'En estos tiempos convulsos, la izquierda, los progresistas, tienen que
sumar, tienen que encontrar el punto común del cambio razonable.'
Mi amigo Enrique, talcualillo, lo escribía hace unas semanas. Y estoy totalmente de acuerdo con él.
Lo que no sé es si parecida reflexión habrá encontrado algún hueco entre las del Comité federal del PSOE que se está celebrando hoy.
Mi amigo Enrique, talcualillo, lo escribía hace unas semanas. Y estoy totalmente de acuerdo con él.
Lo que no sé es si parecida reflexión habrá encontrado algún hueco entre las del Comité federal del PSOE que se está celebrando hoy.
lunes, 3 de septiembre de 2012
emilín
Recolocando vida y recuerdos, el encuentro con retazos del pasado que me reafirman en que la memoria es esencialmente reposo que se reaviva con lo que que deja huella, sobre todo con lo que permanece escrito. Dos textos. Uno, que queda sólo para mi, escrito en un posit al que le falta un trocito (y con él, el nombre de la persona -tan querida- que lo escribió). El otro, que aquí transcribo para que no se pierda definitivamente, impreso en un viejo cartel que las muchas idas y venidas han terminado por arruinar del todo.
El cartel anunciaba una exposición -dibujos, pinturas y volúmenes- de Emilio Zaldívar en el Museo Fray Juan Cobo de Alcázar de San Juan. La exposición, que ya no recuerdo si formaba parte de la programación de la Feria, arrancaba el 3 de septiembre. En el año de 1983.
Emilio apareció, blanco de lino, un mediodía de otoño. Y hemos paseado juntos desde entonces -él con su baúl de luz y de palabras siempre a cuestas- robándole a París en abril su luz escasa, o encogidos de futura añoranza -'el corazón brillándonos en los ojos´- por la canción de una tarde fronteriza, o muertos de celos y de envidia por Enardo al calor de junio...
Y luego, Emilio, sempiterno narciso, heráclito menudo -Emilín-, atrapa el color y esculpe los paseos en tela, aunque, a buen seguro, inacabados. Y hay que perdonarle su osadía, que refleja en la inocente seriedad de sus mil caras (personajes sin cuerpo, máscaras con vida) y en la rotunda timidez de sus figuras.
Y le queremos por eso, por desbordar su asombro en la quebradiza geometría de sus formas últimas, geometría que nunca sabrá ser racionalista, y por la mixtura del cuadro con el hombre, y por esa madurez suya entreverada de humor y simpatía. Por haber sabido rebosar desde sí mismo ese caudal de amor sereno que se remansa en lienzo sin que acierte a borrar del todo una pequeña, inquietante, punzada de tristeza.
El cartel anunciaba una exposición -dibujos, pinturas y volúmenes- de Emilio Zaldívar en el Museo Fray Juan Cobo de Alcázar de San Juan. La exposición, que ya no recuerdo si formaba parte de la programación de la Feria, arrancaba el 3 de septiembre. En el año de 1983.
Y luego, Emilio, sempiterno narciso, heráclito menudo -Emilín-, atrapa el color y esculpe los paseos en tela, aunque, a buen seguro, inacabados. Y hay que perdonarle su osadía, que refleja en la inocente seriedad de sus mil caras (personajes sin cuerpo, máscaras con vida) y en la rotunda timidez de sus figuras.
Y le queremos por eso, por desbordar su asombro en la quebradiza geometría de sus formas últimas, geometría que nunca sabrá ser racionalista, y por la mixtura del cuadro con el hombre, y por esa madurez suya entreverada de humor y simpatía. Por haber sabido rebosar desde sí mismo ese caudal de amor sereno que se remansa en lienzo sin que acierte a borrar del todo una pequeña, inquietante, punzada de tristeza.
martes, 14 de agosto de 2012
ausencia
Versos libres (para
Amanda)
Ni papel donde escribirte
he tenido en estos días
ni la paz necesaria que por fin me has regalado
niña de mi alma, dulce Amanda.
he tenido en estos días
ni la paz necesaria que por fin me has regalado
niña de mi alma, dulce Amanda.
Llegó la muerte y fue en domingo.
Llegó sin anunciarse, y era el mediodía.
Para robar tu tiempo al tiempo vino,
para negarte la vida,
mas no
pudo
apagar en la luz apacible de tus ojos
el brillo naciente de un amor enamorado.
el brillo naciente de un amor enamorado.
Era domingo y mediodía.
Y
no logró
oscurecer el sol sedoso de tu pelo
de lluvia y mayo derramado en aquel suelo.
Vino la muerte y no tuvo tus ojos.
Almendra, canela y avellana
Vino la muerte y no tuvo tus ojos.
Almendra, canela y avellana
tus dulces ojos grandes tan iguales
caramelo y vainilla,
y el mundo entero en ellos y el mañana
y el mundo entero en ellos y el mañana
y tú, niña querida
que naciste de un mar sembrado de claveles,
saudade de los ecos de aquel fado.
Huérfana del tiempo te han dejado.
Y a nosotros un presente sin la estela de tus sueños,
Y a nosotros un presente sin la estela de tus sueños,
sin el tímido decir de tus amores
sin el latir de la pasión de tus deseos.
sin el latir de la pasión de tus deseos.
No sonarán ya las severas sonatas de tu chelo,
y no podré darte los besos -¡tantos!- que te debo.
Que te quiso el destino eternamente joven
Que te quiso el destino eternamente joven
y te ha negado el azar la vida que soñamos.
Dormías, amor mío.
En tu boca
esa sonrisa
que perdona los pecados del mundo y ahuyenta los miedos de
tus niños,
maestra generosa, corazón abierto y entregado.
Descansabas, mi bien, de tus fatigas
roto tu corazón de tanto amor como nos diste.
Tu dulce os quiero
mucho vivirá ya para siempre entre nosotros,
alivio de esta pena grande y honda
y sin fin,
dolor inabarcable y desconsuelo.
No deberían ser tristes las mañanas de domingo,
ni quedarse sin beber a la tarde el vino bueno de tu
mano.
Pero no pudieron ese día, Amanda hermosa,
regresarte a la vida mis hermanos.
Y al conjuro callado de tu nombre acudieron a cientos los
amigos
y allí tú paz y ternura
sonrisa eterna y ancha
obraste una vez más el milagro del encuentro y el abrazo.
obraste una vez más el milagro del encuentro y el abrazo.
Y fue un lunes lunar el tiempo fugaz de los adioses.
Levántate un momento ahora.
Levántate un momento ahora.
Levántate, niña, y mira,
que aquí están tus compañeros.
Y las madres de tus chicos. Y la verde marea de amor y de
esperanza.
Que te necesitan, dicen,
que quieren seguir mirando al frente confiados
y tener a su lado la alegría de tus labios
para seguir aprendiendo contigo los secretos del afecto y de la vida.
Que te necesitan, dicen,
que quieren seguir mirando al frente confiados
y tener a su lado la alegría de tus labios
para seguir aprendiendo contigo los secretos del afecto y de la vida.
Te dejamos ir al declinar del día.
Y allí, serena, la
blanca luna enorme
sobre la quieta luz de los molinos
y el rojo caer de un sol majestuoso
que señala el camino de vuelta a los amigos.
Con Paulita volvimos a la casa que cuidaste
después de llorar de ti con los más tuyos,
después de llorar por ti con tus abuelos.
Nos esperaban tristes al llegar los gatos de la calle,
ellos también definitivamente solos.
Duerme ahora, niña mía. Descansa en paz
y duerme.
Duerme ahora, niña mía. Descansa en paz
y duerme.
No temas por tus sueños suspendidos,
señora y dueña de tu tiempo intacto entero.
Y espera tranquila a que Paloma y yo
juntos los dos
vayamos
a darte el mucho amor que te guardamos
y a pedirte que nos cuides, amor, por muchos años.
Te recuerdo, Amanda. Libre
como tu nombre.
y a pedirte que nos cuides, amor, por muchos años.
Te recuerdo, Amanda. Libre
como tu nombre.
Y te quiero.
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