RENUNCIA a todo y sé
menos que nada.
Esta lluvia, primera
del otoño,
te hace ver que la nada
ya está en ti.
Que esto no te impida
apreciar la belleza
de un mundo que no es.
José Corredor-Matheos, en Sin ruido, 2013.
miércoles, 23 de octubre de 2013
domingo, 13 de octubre de 2013
sábado, 5 de octubre de 2013
clausuras
'Años y años buscando decir mejor y ahora apenas importa si la página
está peor o mejor escrita. Ahora lo que cuenta, lo que se ve, es cómo
será el intrigante final de la novela y muy poco la calidad de sus
líneas. Las líneas que algunos de nosotros trazábamos con los cinco
sentidos, ahora solo poseen el sentido de raíles para viajar por la
trama y a cuanta mayor velocidad mejor. La perfección de la escritura es
una antigualla lentificadora que solo compartimos los viejos veteranos.
Pero además, si se muestra una evidente perfección en una obra de arte
es señal de que no se está al día. Excepto en algunos productos
audiovisuales de alta velocidad de paso, lo otro, las ofertas para la
contemplación y delectación, ha perdido el tren, por despacioso.
Toda meditación, toda reflexión, todo pensamiento suelen parecer demasiado largos y morosos. Frente a la meditación la intuición, frente a la reflexión la acción, frente al pensamiento el movimiento. Pero no voy a empeorar las cosas lamentando mucho estos cambios. Los cambios cambios son. Y toda evolución, se dice, es para mejor. O sea que estábamos en lo peor y gracias a Dios ya no servimos prácticamente para nada.'
Vicente Verdú, Escritores gravemente heridos, EL PAÍS, 5 de octubre de 2013
Toda meditación, toda reflexión, todo pensamiento suelen parecer demasiado largos y morosos. Frente a la meditación la intuición, frente a la reflexión la acción, frente al pensamiento el movimiento. Pero no voy a empeorar las cosas lamentando mucho estos cambios. Los cambios cambios son. Y toda evolución, se dice, es para mejor. O sea que estábamos en lo peor y gracias a Dios ya no servimos prácticamente para nada.'
Vicente Verdú, Escritores gravemente heridos, EL PAÍS, 5 de octubre de 2013
jueves, 3 de octubre de 2013
trabajo
Ha ido hasta Japón para jactarse -él, sí, el ignorante insulso impávido de la enorme rosa- de cómo se han reducido los salarios en España desde que él (hace como que) gobierna*. Un hito, se dice satisfecho, en el camino que tiene como meta no solo la derrota sino la humillación pública y el escarnio de los sindicatos, reducidos el trabajo y los trabajadores a mera y sola mercancía. Y mercancía barata.
Es el designio, preciso y sin ambigüedad, de este mandado. Poner de rodillas a las clases trabajadoras, las que no tienen más capital que su (fuerza de) trabajo, las que tienen en el trabajo su dignidad más esencial, su humanidad.
¿Ha sabido alguna vez el hombre plasma de la sonrisa boba que el trabajo -bien es verdad que el no alienado- es fundamento de la democracia, elemento emancipador, fuente creadora de ciudadanía y de derechos?
Él, como los suyos -y, ¡ay!, no pocos de los nuestros- solo ven en el trabajo mercancía que mejor si se compra barata, un coste en las cuentas, un elemento, una pieza, una máquina, un apéndice en el proceso de producción. Han ¿olvidado? que el trabajo produce y crea el mundo, acrece y cambia la realidad, crea conciencia que transita del yo al nosotros, hace sociedad y, junto al lenguaje, hace al hombre hombre (inclúyase aquí la mitad del cielo, mujeres y trabajadoras)
El trabajo que no quieren como fuente de emancipación y libertad sino precario, flexible, privado (que es, a la vez que contrario de público, lo que ha sido privado de elementos que lo constituyen), reducido a un asunto particular entre el trabajador que se ofrece (y vende) y el comprador que ya no quieren que se conozca como lo que es (patrono, de padrone: amo o dueño) y lo llaman por eso emprendedor. Como en ese vértigo hacia atrás que llamábamos franquismo donde el lenguaje de la dictadura había hecho desaparecer de la realidad oficial a los trabajadores, reemplazados todos en aquel imaginario estúpido y sanguinario por fieles productores desfilando en el Bernabéu al paso alegre de la paz.
Ignora el ignorante que el trabajo es elemento fundante de la democracia. Que si aquel se debilita, la democracia mengua y es menos.
Lo que no dicen las crónicas es si también le han puesto precio a la democracia**. Porque de riesgos entienden lo justo: tal vez no más allá de los puntos básicos que alcanza en los mercados hoy la prima.
* También para decir que 'los temores sobre Fukushima son infundados', sin que hasta el momento sepamos si incluyó baño en esas aguas de nuevos Palomares.
** Este del que hablamos tiene contado que a él la democracia le pilló estudiando. Casi una sorpresa.
Es el designio, preciso y sin ambigüedad, de este mandado. Poner de rodillas a las clases trabajadoras, las que no tienen más capital que su (fuerza de) trabajo, las que tienen en el trabajo su dignidad más esencial, su humanidad.
¿Ha sabido alguna vez el hombre plasma de la sonrisa boba que el trabajo -bien es verdad que el no alienado- es fundamento de la democracia, elemento emancipador, fuente creadora de ciudadanía y de derechos?
Él, como los suyos -y, ¡ay!, no pocos de los nuestros- solo ven en el trabajo mercancía que mejor si se compra barata, un coste en las cuentas, un elemento, una pieza, una máquina, un apéndice en el proceso de producción. Han ¿olvidado? que el trabajo produce y crea el mundo, acrece y cambia la realidad, crea conciencia que transita del yo al nosotros, hace sociedad y, junto al lenguaje, hace al hombre hombre (inclúyase aquí la mitad del cielo, mujeres y trabajadoras)
El trabajo que no quieren como fuente de emancipación y libertad sino precario, flexible, privado (que es, a la vez que contrario de público, lo que ha sido privado de elementos que lo constituyen), reducido a un asunto particular entre el trabajador que se ofrece (y vende) y el comprador que ya no quieren que se conozca como lo que es (patrono, de padrone: amo o dueño) y lo llaman por eso emprendedor. Como en ese vértigo hacia atrás que llamábamos franquismo donde el lenguaje de la dictadura había hecho desaparecer de la realidad oficial a los trabajadores, reemplazados todos en aquel imaginario estúpido y sanguinario por fieles productores desfilando en el Bernabéu al paso alegre de la paz.
Ignora el ignorante que el trabajo es elemento fundante de la democracia. Que si aquel se debilita, la democracia mengua y es menos.
Lo que no dicen las crónicas es si también le han puesto precio a la democracia**. Porque de riesgos entienden lo justo: tal vez no más allá de los puntos básicos que alcanza en los mercados hoy la prima.
* También para decir que 'los temores sobre Fukushima son infundados', sin que hasta el momento sepamos si incluyó baño en esas aguas de nuevos Palomares.
** Este del que hablamos tiene contado que a él la democracia le pilló estudiando. Casi una sorpresa.
lunes, 30 de septiembre de 2013
colores
De vez en cuando sueño.
O, mejor decirlo así,
a veces
tengo un sueño.
Sueño
con limones rojos unos días
con sandías azules algunas madrugadas
qué más da
si lo que importa no es el qué
sino el color.
El color en que te sueño.
Son peces otros días
y ríos
los que corren por mis sueños
y el reguero de la huerta con mi abuelo
su frescor recién alzado el día
y un barquito de caña navegando
hacia el remanso de tus ojos.
Sueños de agua clara con un velero verde
y cielo azul:
del fresquito azul de la mañana.
Te sueño a ti también
sueño contigo
de a veces, y a menudo
al atardecer cuando la tórtola calla
paciente tú y pronta
muda inquieta hendida
lunar y sola.
Y nos reímos sin pudor
y sin recato celebramos lo profundo y carmesí
de tu suspiro.
miércoles, 11 de septiembre de 2013
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